Aprender a cerrar etapas para avanzar

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Después de casi dos semanas de aclimatación a la nueva rutina, se puede decir que inicio mi nueva vida a velocidad de crucero. Los días iniciales de mudanza invadidos por cajas y con la casa patas arriba por fin son historia. Menos mal que ésto se hace de forma ocasional porque ha acabado siendo agotador. Dejarme unas primeras palabras para agradecer a los que tengo cerca por su ayuda. Mi madre en Madrid para empaquetar todo de forma brillante y aquí en Valencia, Marta y su familia se han pegado literalmente panzadas a desembalar, colocar, montar y limpiar. Yo he echado, nunca mejor dicho, “una mano” en todo lo que he podido.

Ahora sí puedo decir, que estoy instalado del todo en mi nueva ciudad.

Han sido unas semanas muy intensas, no sólo por el lío de la mudanza y el cambio de escenario en mi vida, sino que anímicamente, he tenido que gestionar de la mejor manera el cierre de un ciclo de 7 años en Madrid. Pasados los días, puedo describir mejor los sentimientos encontrados. Se ciñe bastante a eso que llaman una dulce pena. Tristeza por lo que dejas con una mezcla de ilusión y expectación por lo que llega. Por muy bueno y deseado que sea el cambio, he vivido aferrado a mi vida en Madrid y a la gente que me ha acompañado. He tenido muchos días para ir haciéndome a la idea de que me tenía que ir desenganchando de todo y por mucho que lo he intentado controlar, ha habido momentos tristes. Posiblemente hayan sido necesarios y hayan cumplido su papel. Favoreciendo a la reflexión y la introspección. Dentro de estos sentimientos de tristeza se juntaban los de nostalgia por acordarte de buenos momentos, pero también los desagradables al recordar fases de hundimiento y soledad. Seguramente en ese punto es donde me he dado cuenta de lo superado y de lo fortalecido que he salido para seguir adelante y responder a todo lo que esté por venir. Se podría decir que la tristeza hizo su trabajo.

La verdad es que disfruté mucho de mis últimos días en Madrid. Llegué a ese punto de apreciar esa misma realidad que conforma tu rutina de forma distinta. Me dediqué a contemplar todo lo que me rodeaba sin estar inmerso en la monotonía para darme cuenta conscientemente de lo que dejaba atrás.

En muchos momentos ha sido difícil manejar todas las emociones y no derrumbarse, sobre todo en las despedidas. Esta vez se trataba de cerrar una gran etapa de mi vida en muchos sentidos. Una etapa clave que me ha ayudado a impulsarme. Una etapa que me ha marcado y siempre me va a acompañar y va a incidir en lo que soy de cara al futuro. Pero por muy bueno que haya sido y por mucho que me haya reportado, es un ciclo que tenía que cerrar de alguna manera. Considero que solo así podía comenzar de una forma óptima esta nueva etapa.

Quise cerrar este ciclo volviendo al punto donde empezó todo. No es la primera vez que lo hago así. Es mi manera de despedirme y hacer balance construyendo en mi cabeza un momento de memoria rápido sobre lo vivido. Entregué las llaves del piso y de camino al metro para ir a Atocha, me acerqué al lugar donde llegué de Barcelona en enero de 2012. A la calle Padre Jesús Ordóñez con López de Hoyos. Allí pasé mis primeros meses en la capital. Durante ese corto trayecto a pie, me dio para repasar, de forma rápida, el comienzo y los momentos más relevantes que conformaron mis años en Madrid. En un instante se te pasan por la cabeza cantidad de vivencias positivas y también complicadas. ¿Qué he aprendido y qué me falta aprender?. Todo lo que me ha aportado en mi crecimiento y en la superación de mis limitaciones. Esa fue la mejor manera de decir adiós.

Pero el motivo no solo era ese, también quise aprovechar para despedirme de alguien especial. En la portería de al lado de mi antiguo piso, como si nada hubiera cambiado, sigue trabajando aquella simpática mujer que conocí casi al llegar y con la que he seguido manteniendo relación todos estos años. Siempre nos hemos tenido mucho cariño que se ha conservado a pesar de no vernos muy a menudo. Ella era la última persona de la que me iba a despedir. En esa conversación llena de recuerdos empecé a notar la dificultad para gestionar los sentimientos que te vienen de golpe. La puntilla vino cuando me dijo lo que había mejorado durante estos años y que me deseaba lo mejor en mi nueva vida. En ese instante no lo pude evitar y me desmoroné. Me puse a llorar como un niño. Seguramente me hacía falta por todo lo que había estado aguantándome durante días. Entiendo que era lo que le faltaba a todo ese proceso de aceptación, de dejar ir. No quise alargarlo más y entre lágrimas, cogí mi maleta y emprendí el mismo trayecto repetido durante los últimos años.

Quiero seguir ligado de alguna forma a Madrid y por supuesto seguir en contacto con mucha gente, pero mi primera tarea es dejar ir de forma consciente durante un tiempo para encarar de pleno todos los sentimientos y la incertidumbre que me provoca mi nueva realidad. Quiero que este comienzo sea mi foco de atención y no quiero perderme ni un instante.

Tengo que reconocer que cerrar este ciclo me hacía falta y ha sido vital para mi salud mental. Y no solo porque seguir con el ritmo de vida que llevaba de viajes, “soledad” y monotonía, mucho tiempo más, seguro que hubiera sido perjudicial. Se había convertido en algo imprescindible porqué mi presente ya no avanzaba. De alguna forma me había estancado y era necesario este cambio para dar pasos adelante tanto en lo personal como en lo profesional. Este cierre de ciclo lo enfoco como una gran oportunidad para poner en práctica lo aprendido hasta el momento, para evolucionar en los logros y seguir puliendo lo que aún está en bruto.

Me siento en calma y con muchas ganas de disfrutar de cada momento que me brinde el camino, gracias a todos los que seguís cada publicación del blog, dar pasos sintiendo que estáis ahí es el mejor apoyo para hacer un largo recorrido.

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos necesitamos energía positiva para seguir adelante, esta son mis claves para conseguirla.

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A lo largo de estos años posteriores al tsunami, de asumir la discapacidad y en todas y cada una de las diferentes etapas de avance, ha sido fundamental el poseer la energía que me ha facilitado impulsar todos los cambios que he ido dando. Ha habido muchos momentos en los que he querido cambiar mi vida, mejorarla, sacarle un mayor partido y alcanzar mi máximo potencial pero no he podido. No he tenido fuerzas ni para empezar o lo he intentado una y otra vez, pero he acabado abandonando. Me sentía motivado y no entendía por qué no encontraba la energía suficiente para llevarlo a cabo. Hasta que entendí que esa energía debe partir de mi fuerza de voluntad. Prácticamente todo lo que he avanzado se ha fraguado a base de esa fuerza de voluntad. Es la que realmente me ayuda a superarme y no tirar la toalla. El encontrar esta energía en cada momento ha sido un aspecto clave para mí. Ya sea en momentos duros en los que me he tenido que levantar y volver a empezar o cuando me he enfrentado a un reto.

Para situarme con niveles altos de energía he tenido que provocar cambios en mí. He tenido que reconstruirme y lo he hecho a base de habituarme a ser distinto en algunos aspectos. El mismo Sergio de siempre que se ha desarrollado para cimentar una nueva base sobre la que volver a generarse ilusiones. Una base que se ha formado a partir de una serie de hábitos que ya forman parte de mí y que funcionan como resortes para recuperar la energía.

Y es aquí cuando hago un ejercicio de preguntarme, ¿qué factores han cambiado en mi para atraer más energía?

El principal ha sido la plena aceptación. Esto ha supuesto el dejar de anclarme en el pasado. Evidentemente los recuerdos de todo tipo están ahí presentes y mi memoria fotográfica los visualiza como si fuese ayer. No sería justo si solo me marcaran los años de tsunami, cuando mi infancia, adolescencia y posteriores fueron tan felices. Incluso hasta de los años de tsunami, rescato muchas cosas positivas. Son en parte los que también me han hecho evolucionar y crecer. Pero desde hace unos años siento que me centro cada vez más en el presente y en vivir cada momento disfrutando con lo que hay. Ya no desgasto mi energía combatiendo contra lo que soy y en el momento en el que me encuentro. Esto hace que lo afronte todo sin lastres y con más fuerza.

Otro factor muy importante es el de ser más honesto conmigo mismo. Esa cualidad que tanto había practicado en mis relaciones con los demás, pero no había ejercitado conmigo. Además, mi vida se vio truncada un día y me vi inmerso en un pozo. Esa mala experiencia me generó más baja autoestima, malestar y miedos que camuflé con una sonrisa como si lo llevara como si nada. Uno lo afronta como le sale en ese momento. No estaba siendo honesto conmigo mismo y lo he pagado durante años a posteriori. Ahora eso ha cambiado. Actúo según lo que creo y me escucho más a mí a la hora de mover ficha en mi vida. Reconozco las cosas como son y los diálogos conmigo mismo son más sinceros. Esto me da equilibrio y eso inevitablemente desde fuera se debe de notar.

Dedico más tiempo a conocerme. Son ratos de reflexión acerca de mí. No implica necesariamente hacer ejercicios de meditación. Sólo se trata de entender que todo lo que hago trae consecuencias en mi vida. Sobre todo, en cómo reacciono a lo que va sucediendo en el exterior. De siempre, el hablar de mi mismo me causaba demasiado rubor. Nunca me ha gustado escarbar en mi interior. No he querido conocerme a fondo durante muchos años. Pero cada vez identifico más mis emociones y permito que fluyan. Así puedo identificarlas y gestionarlas mejor. Esto me aporta muchos detalles acerca de mí. Nunca todo es como querría y reconozco sigo teniendo ciertas “malas energías” dentro como tristezas o rabias. Lo importante es aprender a expulsarlas y crear espacio para la energía positiva. Me está ayudando a ser más consciente de mi presente, a verlo todo más claro y lograr tranquilidad para encontrar solución a los problemas que antes parecían no tenerlos o afrontar de forma más calmada todos los retos que se presentan.

Y a medida que eso se ha ido produciendo, mi relación con los demás está siendo más plena desde una posición de confianza y seguridad. Ahora este factor que odiaba se está convirtiendo en el punto de partida para conseguir mis metas. Esto me hace ser más responsable de lo que me pasa y no centrar las culpas en los demás. No busco tantas justificaciones fuera. Yo decido más lo que me pasa y me doy cuenta que tengo que ponerme las pilas.

Hay gente que me dice que transmito energía positiva y supongo que eso les hace sentirse a gusto a mi lado. Algunas de las cosas que he aprendido, ya lo he mencionado en más de un post y no me importa repetirme, es cómo lo afronto todo, lo decido yo. En cierto modo, me he intentado convertir en un imán de energía positiva simplemente con predisposición. Trato de generar positividad allí donde voy y en todo lo que hago. Suena muy fácil en palabras, pero esto ha requerido crear un hábito, un entrenamiento. Se trata de acostumbrar a mi cuerpo a proyectar mi energía al exterior. A mí me ha empezado a ir todo mejor desde que trato de transmitir positivismo a los demás.

No demonizo tanto mis errores y tiendo a arriesgarme más. He asumido que la vida va de que las cosas salgan muchas veces mal, de muchos intentos fallidos hasta que se consigue algo. He cambiado mi enfoque y ahora lo veo todo con más perspectiva, reconociendo lo bueno incluso en situaciones adversas. Por eso estoy yendo con más fuerza a por lo que me apasiona, mis metas, mis sueños. No los voy a perder nunca de vista. Eso me da la energía para seguir y es la que debo transmitir.

Valoro mucho más a los demás y tengo menos prejuicios. Soy más agradecido con todo lo que me rodea, hasta con las cosas más pequeñas e insignificantes.

Otro aspecto ineludible es el de la condición física. Para mí que he practicado deporte durante muchos años, el no poder realizarlo al mismo nivel me ha afectado. Aquí reconozco que puedo y debería hacer más porque haría aumentar mis niveles de energía. A día de hoy, las sesiones con el fisio y mis puntuales visitas al gimnasio simplemente hacen que me mantenga con los mínimos necesarios. El mantenerme bien físicamente y tener constancia en mi rehabilitación me ha ayudado mucho a afrontar todo de una manera más enérgica.

Uno de mis hábitos favoritos es reírme. Ni en los momentos más duros o que pueden llevar a enfado, he tratado siempre que no se me borre mi sonrisa. Reír es mi activo vital para ser una persona más positiva que ha hecho que mis relaciones interpersonales sean más llevaderas. He aprendido a reírme de casi todo, de mí mismo principalmente. Cuesta tan poco sonreír y eso crea el ambiente propicio para encararlo todo de otra manera. Una sonrisa hace que se quiten las corazas y se genere la situación más distendida en la que, sin quererlo, somos menos reacios a hacer cosas. La energía empieza a fluir. Me estoy habituando a estar de buen rollo y no lo voy a cambiar porqué esa actitud positiva repercute en mi estado de ánimo. Y es que me es muy difícil estar de mala leche sonriendo.

Mis niveles de energía están condicionando cada vez más todas las áreas de mi vida. Son los que me ha posibilitado avanzar de forma continuada y dejar de estar apático y desganado. Es por eso que, para mantener mi estado energético alto, además de rodearme de personas positivas, no dejo de trabajar a nivel interno.

Cómo dar el primer paso hacia lo que de verdad te apasiona

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No debí aprender la lección de que todo se puede esfumar en un instante después del tsunami. Cuando fui capaz de volver a la normalidad, proseguí con mi vida de forma monótona y sin pasión. Te levantas, vas al trabajo, pasas el día de jornada laboral, regresas a casa para ver la televisión algunas horas, te vas a la cama y repites esta rutina cada día. Este hábito solo se ve alterado por un mínimo de vida social y el gimnasio. Podría haber seguido tranquilamente con ese ritmo durante mucho tiempo y no niego que sigan habiendo días así, pero llegó el momento en el que no me era suficiente.

En estos últimos años esa tendencia ha cambiado. Yo estoy cambiando. En algún momento hubo un punto de inflexión. No sé deciros el momento exacto en el que se produjo porque ha sido más bien una evolución que ya no la para nadie. Creo que la solución ha estado en empezar a vivir la vida con pasión. Sin duda el factor clave llegó en el momento que empecé a estar al lado de alguien maravilloso que pone mucha pasión en todo lo que hace y la transmite a los demás. A mí no deja de ponerme las pilas. Cuando estoy con ella disfruto mucho más intensamente de lo que hago, creo que esto de la pasión se contagia.

En un post anterior ya os comenté que dentro de mis objetivos de este año está el empezar a encarar mi vida hacía lo que tenga sentido. Y es tan “sencillo” como conseguir que mis pasiones se sitúen en el centro de mi vida. Me ha costado lo mío meditar y pasar a la acción. Nunca he sido demasiado rápido en este sentido. Le doy muchas vueltas a todo y pierdo mucho tiempo valorando pros y contras en vez de lanzarme de cabeza sin pensar.

Y es que dedico la mayor parte de las horas del día a mi trabajo. Doy lo mejor de mí. Hay muchas cosas de las que hago que no se me dan mal y que no me desagradan. Pero afirmar que me apasiona lo que hago ya son palabras mayores. Dentro de lo que yo considero como vivir una vida apasionada está el dedicarte profesionalmente a lo que ames y te auto realice. Por eso siento que parte de mis metas personales han de estar alineadas con las profesionales. De lo contrario es difícil llegar a un equilibrio y sentirme plenamente realizado. Seguro, muchos estáis pensando, que quizás el hacer esta reflexión a estas alturas llegue tarde. Son incontables las veces que me he preguntado ¿qué pasaría si me dedicara a algo que me llenara y diera más sentido a mi día a día?.

Mucha gente no sabe cuál es su verdadera pasión. No siempre es fácil tenerlo claro y tampoco es nada malo. A veces es la vida la que te guía hacía algo que, sin saberlo de antemano, se convierte en lo que amas. A otros, no nos ha pasado lo mismo. Lo hemos tenido bastante claro de siempre, pero hemos seguido nuestra vida rígida dejándonos arrastrar por las obligaciones diarias. Mientras nuestra verdadera pasión ha ido por otro camino paralelo con el que nunca nos vamos a cruzar a no ser que pongamos remedio. Nos vamos cargando de creencias que nos limitan y nos desconectan de nuestra esencia más natural y espontánea. No nos hemos atrevido a apostar ni arriesgar de verdad por nuestra pasión. Algunos hemos intentado empezar el proceso de dedicarte a lo que te gusta de forma recurrente, pero con muchas dudas y sin creer en nosotros mismos, lo que hace que al final el proceso se complique y sea más factible darnos por vencidos.

A mí no me ha resultado complicado encontrar mi pasión. No me ha hecho falta eso que aconsejan los manuales de darte un tiempo de reflexión para indagar en tu interior y verificar qué es lo que te hace vibrar. Y sé que no me estoy confundiendo con lo que me entretiene o se me dé bien. Evidentemente os estoy hablando del fútbol. Es sin duda mi pasión. Y la forma de sentirla es mía, única e irrepetible. Los que me conocen bien lo saben.

Sin ir más lejos, un ejemplo. Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a un partido de la tercera división catalana donde el Santfeliuenc consiguió un meritorio empate contra el Llagostera. Al acceder a las instalaciones ya notaba cómo me llegaban una inmensidad de sensaciones de mis años de fútbol. Es como cuando sientes que vuelves a un lugar al que perteneces. En el que te sientes a gusto. La práctica del fútbol es algo que el tsunami si se llevó. Pero no me arrebató el seguir sintiendo la pasión por este deporte. Todos estos años lo he compensado viendo mucho fútbol como espectador. Hace tiempo que dejé de estar anclado por la nostalgia de no poder practicarlo. Mi abuelo decía que siempre se sentiría joven cuando viera un balón y tuviera ganas de chutarlo. A mí, esas ganas no se me han ido y creo que nunca se irán, simplemente he aprendido a llevarlo.

Ahí estaba ese frío sábado por la tarde disfrutando como un niño. Gritando, animando, concentrado para analizar el juego y corregir tácticamente lo que no me cuadraba. Qué necesidad de vivir de forma tan intensa y con ese despliegue de energía, ¿verdad? No lo puedo evitar. Mi hermana y mi padre veían como el rostro se me iluminaba y dejaba de hacerles caso. Me absorbe el juego de tal manera que no existe nada más. Es como si entraras en un estado en que tu mente fluye y todo toma sentido entre todas las variables que componen el juego. Me despreocupo y los problemas que se me van planteando me parecen apasionantes desafíos a los que me enfrento con gusto. No creo que haya dudas de que ésta es mi gran pasión.

Por un momento me imagino qué representaría incluir el fútbol de nuevo en mi vida. Significaría volver a disfrutar saboreando cada momento como si fuera el último. Sé que  podría alcanzar una plenitud interior que me permitiría desarrollar todo mi potencial. En ese escenario es donde reconocería mis miedos que aún resuenan diciéndome que la discapacidad me limita, me enfrentaría a ellos y no permitiría que me sobrepasasen ni por un instante. Sé que solo en ese estado conseguiría tomar el control de mi vida. Y es que cuando me apasiono por algo, casi sin pensarlo adquiero una infinidad de herramientas para lograr lo que se me ponga por delante. Soy consciente de que siempre encontraré motivos para enojarme, estar triste o darme por vencido y que llegaré a pensar que esto que inicio no llevará a ninguna parte. En esos momentos, requerirán que me obligue a sacar la mejor actitud y a afrontar todo con la mejor de mis sonrisas.

Lo siguiente que tengo que plantearme es a dónde quiero llegar en ese terreno de forma profesional. En realidad, tampoco estaría tan alejado si intentara aplicar mi perfil de analista en este campo del deporte. Sería una forma de llegar a formar parte de un equipo técnico.

Siguiendo mi línea de cambio ya me he puesto manos a la obra, recientemente he empezado a cursar un Master de Dirección Metodológica, Análisis y Scouting en Futbol. Que subidón me da sólo al escribirlo. ¡Lo que voy a disfrutar! No sé hasta dónde me llevará esto. Por ahora seguirá siendo un hobbie que ocupará mi tiempo libre pero que quiero que vaya ganando fuerza y a lo que deseo algún día poder dedicarme profesionalmente. En paralelo y en función de mi tiempo, también quiero sacarme el título de entrenador que lo complementará todo.

Dicen que pasión y éxito son dos ingredientes inseparables, vamos a ver si es verdad. Espero que esto sea el combustible que mantenga mi energía para no dejar de dar pasos y no tirar la toalla a la primera de cambio. Soy consciente de que me lo tengo que tomar muy en serio para ser cada vez mejor en este ámbito y que todo esto va a demandar mucho tiempo que intentaré sacar de donde sea.

Es ahora cuando quiero darme otra oportunidad. Es ahora cuando estoy recuperando mi actitud más soñadora que conecta con aquel niño al que su abuelo le inculcó los valores de este deporte. Voy a apartar todas las limitaciones mentales que me he auto impuesto y no ser conformista. ¿Por qué tengo que poner límites a mis sueños? Para mantener esta inercia tendré que ser tenaz y apostar realmente por ello cuando llegue el momento. Lo que si tengo claro es que voy a empezar a invertir mi tiempo y energías en lo que realmente me reporte.

El blog me está enseñando que pocas cosas son tan estimulantes como compartir con los demás. Hoy os descubro mi verdadera mi pasión.

¿Cómo seguir adelante cuando solo quieres rendirte?

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¿De dónde sacar fuerzas cuando parecen estar agotadas?, ¿Que hago cuando estoy de bajón? 

¿No os pasa que en determinadas ocasiones llegáis a no encontrarle el sentido a mucho de lo que hacéis y queréis tirar la toalla? A mí sí y bastante a menudo.

En su momento conseguí que mi discapacidad no fuera el centro de todo. Es algo a lo que le he dado normalidad y apenas me condiciona. Intento empezar el día con la actitud adecuada y la mejor de mis sonrisas. Hago un esfuerzo por adaptarme a las circunstancias y asumo que muchas de las que me rodean no se pueden cambiar. Creo que pongo todo mi empeño en responder a lo que me enfrento en mi día a día sacando muchas veces fuerzas de no sé dónde para seguir adelante. Sin embargo, no dejan de llegar momentos en que siento que esas fuerzas parecen desaparecer y las ilusiones se apagan. Parece como si hubiese perdido el rumbo y una ola de desgana muy desagradable se adueña de mí. Qué casualidad que siempre me pasa en momentos en los que me encuentro solo y sin energía, es en esas ocasiones en las que motivarme se me hace complicado. Lo llamaría una sensación de tristeza cotidiana. En esas situaciones en las que necesito un impulso,me pregunto ¿qué es lo que me hace recobrar las fuerzas?

El primer factor fundamental para mí lo compone la gente. El tener a alguien cerca con quien compartir esos momentos de desaliento, en los que te repita que no quiere que te rindas y te anima a seguir, es esencial. Y yo tengo suerte en este sentido. Sin ser la persona más social del mundo, tengo gente a mi alrededor que me da ese aliento tan necesario de vez en cuando. Siento que de verdad le importo a mucha gente.

En los últimos años mi mayor mérito ha sido cultivar una relación de pareja que me ha llevado a rodearme de un entorno en el que me encuentro muy a gusto. Por ahora tengo que seguir gestionándolo en la distancia con muchos más momentos en soledad de los que desearía, pero, aun así, merece la pena. Y no solo con mi pareja y su entorno, este blog sin ir más lejos me está haciendo abrirme al mundo y socializar muchísimo más. El compartir mi vida con tanta gente hace que todo cobre más sentido y el enfoque ante todo sea distinto. Escribir este blog está consiguiendo que potencie mis habilidades sociales, mantener de alguna manera un compromiso con los lectores publicando periódicamente contenidos y sobretodo leyendo los comentarios y las cartas que me llegan hacen que aprenda mucho de los demás y que sea imposible abandonar un proyecto que tantísimas cosas buenas está aportando a mi vida. Así que mimitadalcuadrado es una excusa perfecta para no decaer.

Es importante para mi también focalizarme en mis proyectos y objetivos personales. Estos consiguen generarme una gran dosis de energía. He de reconocer que mi vida en este momento me es insuficiente. Y esto es en parte positivo porqué me hace imaginar los escenarios mejorables y dar pasos en esa dirección. Pero al mismo tiempo estoy viviendo una vida imaginándome viviendo otra y eso me produce frustración. Me imagino a mí mismo dentro de unos años en la misma situación que tengo ahora y hace que se dispare mi ansiedad. Soy consciente de que está en mi mano cambiar lo que no me gusta y de que tengo que pasar a la acción en el presente para que se produzcan los deseados cambios. De ahí nace gran parte de mi motivación. Tengo que dejar de plantear muchos aspectos de mi vida de forma reactiva limitándome a conformarme y verlas venir.

Otro aspecto clave para no decaer es tratar de no forzar mi cuerpo. Tengo comprobado que no puedo actuar sin energía y por eso sé que en un estado de agotamiento para mi es muy difícil plantearme retos y conseguir superarme. En el momento en que noto cansancio soy consciente de que mi rendimiento no es el mismo y veo mi capacidad para tomar decisiones y mi fuerza de voluntad muy mermadas. Por eso, cuando llego a ese punto se que lo mejor que puedo hacer es parar y tomarme un respiro, para descansar o realizar otra actividad distinta para desconectar o mejor dicho para “reconectar”. Al enfrentarme a los retos con energías renovadas, todo se encara de otra manera.

En otras ocasiones me limito a recordar los momentos de mi pasado en los que me he sentido de la misma manera y cómo he conseguido superarlos. Son momentos en los que me he angustiado y ha sido difícil tener un solo pensamiento positivo. Pero siempre he conseguido superar esas situaciones de una forma u otra, ¿por qué ahora no voy a conseguirlo de nuevo?

Y un claro ejemplo es este blog. Cuando escribes un blog hay muchos momentos en los que  cuesta verle el sentido a tanto esfuerzo, ocasiones en las que no te vienen ideas para el contenido, en las que te preguntas si a alguien le servirá de algo lo que cuento y no puedo evitar desanimarme, en esos momentos lo más fácil sería dejarlo. Pero entonces llega cualquier hecho puntual, un detalle que no esperaba, alguien que no conoces te para y te dice que le gusta mucho lo que publicas, que sigue todos tus post y que te anima a seguir, y eso lo cambia todo de forma radical en un instante. Entonces es cuando me planteo ¿Cómo es que mis fuerzas se habían consumido, así como si nada? No será que la monotonía y la rutina me hacen poner el piloto automático y no me deja girar la cabeza para verlo todo desde otra perspectiva, mirar a tras y ver todo el camino recorrido. Entonces me doy cuenta de que tengo mucha más resistencia de la que creía.

Y todos estos factores son los que consiguen darme el impulso que necesito para recobrar mis fuerzas de nuevo. Para sentir que hay menos obstáculos o problemas de los que aveces creemos ver, y que los podemos afrontar y salir victoriosos. Para ello hay que levantarse cada día y no rendirse. Nuestro objetivo es encontrar día a día la manera de seguir adelante.

Sergio Elucam

¿Qué supondría ser padre?

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La verdad es que antes del tsunami nunca me había planteado seriamente la idea de ser padre. Estaba tan centrado en disfrutar intensamente del día a día que ni se me pasaba por la cabeza. Bien, pues de eso hace ya diez años. Es curioso que empieces a pensar en la paternidad después que te suceda algo así. Y que lo tengas que hacer con unos condicionantes añadidos con los que antes no contabas. ¿Por qué ahora? Esta sociedad lo vende como el único y siguiente paso hacia tu felicidad, puede ser el factor de la edad el que provoque que me diga a mí mismo que si me lo planteo ha de ser ahora o simplemente será porqué tengo ganas de lanzarme a vivir una nueva experiencia.

Dicen que ser padre te cambia la vida, que cambian tus prioridades. Eso al menos es lo que me llega de los padres de mi entorno. Siempre se ha dicho que ser madre o padre no es una tarea fácil, la pregunta que me hago es: ¿cuánto más se complica teniendo una discapacidad?.

Durante estos últimos años se ha ido produciendo una lucha interna cada vez que este tema ha aflorado en mi cabeza, ganaban más las voces negativas. Esas que me formulaban preguntas que parecían aterradoras. ¿Cómo vas a tener un hijo si no le podrás coger en brazos? ¿Cómo te las apañarías para cambiarle el pañal, bañarle o vestirle? ¿Cómo saldrías corriendo detrás suyo? ¿Cómo se lo vas a contar cuando crezca y note algo diferente en ti? Etc. He pasado por épocas de llegar a infravalorarme y cuestionarme tanto a mí mismo que posiblemente he estado descartando algo que me apetecía vivir. Me parece que esas voces no se van a callar y siempre van a estar ahí.

Al fin y al cabo, no son más que los miedos a los que me sigo enfrentando cada día. Miedos a no poder desempeñar ciertas actividades o sentirme vulnerable. Son ese tipo de mensajes que estoy aprendiendo a ignorar. Pero supongo que estos monstruos se hacen mucho más grandes porque el plantearte ser padre son palabras mayores. Es una gran responsabilidad. Si se diese el caso, ya no importarían los obstáculos y no habría más opción que hacerlo bien. ¿Pero qué es hacerlo bien? Cada persona lo afrontará a su manera, esto depende de mil circunstancias. Si das todo lo que tienes, ¿qué puede salir mal? Y entonces me pregunto si mis miedos son realmente tan distintos a los de los demás.

Lo fácil sería plantearlo desde los múltiples inconvenientes añadidos y acabar descartándolo, pero quiero hacerlo de una forma diferente y poner por delante todo lo bueno que me traería esta nueva etapa en mi vida. Si quiero ser honesto conmigo y con todo el camino que llevo recorrido, lo tengo que enfocar desde la normalidad y no desde la discapacidad.

Es en estos momentos cuando te cuestionas acerca de la paternidad que, inevitablemente, haces un recorrido visualizando la figura de los padres que he ido conociendo. Empezando por el mío que tanto me ha aportado. Alguien tan distinto a mí que me llenó de cariño pero que no dejaba de ponerme las pilas cada vez que hacía falta. Y en paralelo el papel más comprensivo que jugaba mi abuelo. ¿Hubiera cambiado algo si ellos hubieran tenido algún tipo de discapacidad? La verdad es que estoy seguro de que no.

Y entonces cuando tenía quince años llegó un bebé a casa que llenó aún más si cabe nuestras vidas. Mi hermana pequeña fue un subidón para toda la familia. Esos años pude experimentar muy de cerca lo que representa cuidar de un bebé y también lo puedo tener como referencia.

Otro momento muy significativo de mi vida está también vinculado con la llegada al mundo de otro niño. Fue cuando me propusieron ser padrino, a los años de pasar el tsunami. En el momento que te dicen que te escogen a ti para jugar el rol de padre si a ellos les pasará algo me llenó de emoción. ¿Qué habrían visto en mi?

En estos últimos años, lo que me ha tocado más de cerca ha sido el goteo incesante de bebés que han llegado a los hogares de las parejas que me rodean. Cada vez te fijas más en todos los detalles y la forma de actuar de los padres. Me intento imaginar en esas situaciones ¿Cómo sería yo jugando ese papel?

Quizás tenga dificultades para hacer ciertas cosas que ‘tradicionalmente’ hacen otros padres sin pensar. Quiero creer que, como en tantos otros aspectos, con paciencia, imaginación y ayuda de mi pareja me iría adaptando y llegaría el momento en que podría con todo lo que viniese.

Para mi representaría un nuevo gran salto al vacío. Representaría aprender más que nunca. Seguro que me encontraría con cosas que no esperaba. Seguro que la vida se reduciría a instantes de los que disfrutar. Con certeza, todo superaría mis expectativas. Y es que seguramente ser padre implica mucho más que tener un hijo, es algo que te transforma como persona y define un nuevo punto de partida.

Lo que tengo claro es que ahora si me doy la licencia de imaginar con ilusión cómo encajaría este cambio en mi vida. Sin duda sería positivo.

Aquí os dejo un video que demuestra que todos los miedos, incertidumbres e indecisiones tienen que desaparecer cuando hay alguien que te necesita.

 

¿De que medios disponemos para controlar el mal humor?

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Hoy quería hablaros del mal humor, algo que nos toca muy de cerca a todos en nuestro día a día. Ya sea porqué llegamos a este estado en ocasiones o porque lo sufrimos por parte de los que nos rodean.

De forma frecuente en mi etapa de enfermedad, pero sobre todo en los años posteriores, los momentos en los que tenía que gestionar el mal humor se multiplicaron. Es verdad que lo llevaba por dentro, pero en muchas ocasiones mi irritabilidad se hacía presente. Estás enfadado con el mundo. ¿Cómo no vas a estar cabreado? Y es que aún estaba inmerso en una etapa de hundimiento anímico, de empezar a ser consciente de lo que se te venía encima y de no valerte por ti mismo. Tienes la sensación de querer estar solo y que te dejen un poco en paz. Por delante me quedaba mucho tiempo de rehabilitación en todos los sentidos y no fue para volver a ser el que era. Creo de verdad que desde ese punto de partida nació algo diferente en mí. Me ha costado mis años aprender a gestionar esas emociones y a día de hoy sigo lidiando con todas ellas, que eso siempre quede claro. Pero considero que tengo herramientas para afrontarlas de forma distinta y que como resultado, consigo no llegar a estar de mal humor.

Para controlar y activar los resortes para combatir y no llegar al mal humor no viene mal darse cuenta de que es lo que lo origina o los síntomas que lo acompañan. Si me fijo en la coctelera de sensaciones que me llevan a estar de mal humor, podría encontrar situaciones de ansiedad, cuando me pongo nervioso, cuando estoy triste o de bajón o cuando tengo miedo ante algo desconocido. Se pueden dar varias a la vez. No se me ocurren más ahora mismo. Todas estas situaciones a las que me enfrento en mi vida cotidiana me provocan cansancio, desgaste e irritabilidad.

Partiendo de la base que cada uno tiene derecho a estar de mal humor en determinados momentos, faltaría más, y que cada uno afronta su día como le viene en gana, personalmente creo que estar frecuentemente de mal humor es poco sano. Que de verdad conlleva consecuencias sobre tu cuerpo y mente que debemos evitar. Por otra parte, el que estés de mal humor, por lo general, va a crear un clima de malestar a tu alrededor. Puede llevar al deterioro de nuestras relaciones, tanto las afectivas, como las sociales y laborales. Y hasta hacer o decir cosas de las que después nos arrepentiremos. ¡Qué necesidad! ¿Verdaderamente somos tan masoquistas? No sólo tú eres el que está de mal humor, sino que otras personas a tu alrededor se van a ver influenciadas por ese estado de ánimo tóxico.

¿Realmente el estarlo es una elección personal? ¿Tenemos medios para controlarlo? Mi respuesta es un SI cómo una casa. Y os quiero hablar de lo que a mí me funciona o me suele funcionar, esto no es una ciencia exacta.

Evidentemente cuando te diviertes, difícilmente vas a estar de mal humor. Entonces blanco y en botella. Haz cosas con las que disfrutes. Que fácil se dice, ¿verdad? Pero obviamente durante todo el santo día no vamos a estar realizando actividades placenteras. Desde que nos levantamos por la mañana se dan muchas que no lo son. Y aquí es donde, en el centro de todo y como en tantos otros aspectos de la vida, sin duda está la actitud. Y tienes que hacerte a ti mismo la pregunta, ¿realmente quiero estar de mal humor? Y es que enfrentarse al día con una sonrisa es una elección personal. Las circunstancias que te rodean y que pueden llegar a irritarte no las puedes controlar y van a estar siempre ahí, algunos días serán unas y otros días otras, “cómo va a ser tu día lo decides tú(Miriam Fernández, 2018).

Es un poco un juego de palabras, pero para combatir al mal humor, nada mejor que ponerle más humor. Y ésta, sin duda, ha sido otra de mis claves y los que han estado cerca lo saben. Para afrontar un sinfín de momentos complicados, no han hecho falta palabras de aliento sino una buena carcajada después de una mirada cómplice. Y es que de nada sirve agravar la situación con el mal humor. Lo mejor es recurrir al sentido del humor y a la energía positiva que te invade, es como si te transportara a otro estado. A menudo, las mismas cosas que te causan disgusto, tienen su lado gracioso, depende cómo y de dónde las mires. De verdad. Llévalas al lado más ridículo hasta que no puedas evitar reirte y te destenses. Siempre hay expresiones divertidas que te arrancan una sonrisa y cambian tu humor por lo que significan o quien las ha dicho y en qué momento. Yo las utilizo de soporte y me las repito cuando veo que llega el ofuscamiento.

Es importante darse cuenta de cuáles son las situaciones que causan el mal humor o que nos molesten (en todos los ámbitos) y tratar de encontrar una solución o distracción antes que la ira se apodere de ti. Si veo que en ese momento con lo que sea entro en bucle y empiezo a sentir esos síntomas que inevitablemente me van a llevar a un calentón, intento por todos los medios dejar lo que hago lo antes posible y cambiar rápido de escenario. Aunque solo sea por un rato. Eso me ayuda a restablecer mi estado de ánimo.

Yo no soy de ir al choque y crear conflictos. Por lo general tiendo a evitar la confrontación. Así trato de evitar muchas situaciones tensas que me pueden enervar. Quizás en este sentido, tengo uno de mis puntos de mejora. Evitar menos y acostumbrarme más a gestionar los momentos conflictivos donde sabes que hay conflicto de intereses. Seguro que será saludable si tiendo más a enfrentarme y manejar ese tipo de situaciones.

Es fundamental estar en un estado de equilibrio y dedicarte tu tiempo. Para mí era el deporte, y el hecho de no haberlo practicado, seguro que me ha generado mal estar interior que no me ha ayudado. Ese mal humor seguro se lo trasladas a gente que te rodea que no tiene la culpa. No sé si es peor eso o no sacarlo y guardártelo para que te escueza dentro.

Aunque en esta mi nueva etapa debería ponerme las pilas y realizar más actividades (estoy en ello) sí que me reservo mi tiempo para hacer cosas que me gustan y que me ayudan a desconectar. Simplemente con pasar un rato con la gente con la que me siento cómodo o salir a dar un paseo para mi es de gran utilidad. También me encanta ver fútbol en la TV, ya sea en un bar viviendo el ambiente o en casa con un cuenco de palomitas. Es algo muy simplón, lo sé. Es mi momento para evadirme. Veo a mucha gente que me rodea que realizan muchas actividades. Meditación, baile, la cocina, hacer deporte, etc. todas ellas seguro que les hacen reencontrar el equilibrio. O que se envuelven de su vida familiar, seguro que no hay nada cómo dedicarte a tus hijos para que se te curen todos los males.

Otro aspecto básico para mí, es mantener un grado de tranquilidad y amabilidad durante el día, me ayuda a mejorar las relaciones con las personas que me rodean. Me facilita el no llegar a situaciones que me pueden provocar mal humor. Cuando las cosas se salen de este estado, se empiezan a torcer.

Particularmente creo que juego con una ventaja y reconozco que estoy dejando de sacarle partido porque la monotonía te acaba invadiendo. Es la de haber visto de cerca que todo esto cambia en un segundo. Muchas veces este factor te hace cambiar el enfoque y relativizas la cantidad de problemas banales que desencadenan en mal humor. Me doy cuenta de que no merece la pena llegar hasta este punto. No se consigue nada.

Os animo a tomaros unos minutos para analizar y poder cambiar vuestro estado de ánimo, la meta es alejarse del innecesario mal humor. Porque, en definitiva, es una elección personal.

La increíble sensación de atreverte a dar un paso

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Sería repetirme si os digo que la práctica del deporte siempre formó parte de mi vida y cuanto lo echo de menos. No es mi intención porque de hecho ya escribí un post al respecto. ->Link al post. Tan sólo unas pinceladas para volvernos a poner en situación. Sigue siendo una de mis pasiones. Era casi una necesidad vital que me aportaba mucho porque, aparte de hacerme disfrutar, conseguía que desconectara y lo utilizara como una herramienta para liberar muchas tensiones. La enfermedad me hizo dejarlo. En los años siguientes no me he atrevido a lanzarme a practicar ningún deporte que no sea ir en soledad al gimnasio. Mucha culpa la tiene ese largo proceso de aceptación que ha hecho que no lo haya querido realizar de forma adaptada. Quiero creer que he tenido paciencia y me he dado el tiempo para volver a estar listo.

Lo cierto es que a día de hoy consigo no dilapidarme a mí mismo por no practicar ningún deporte, excepto en un gimnasio acompañado de una elíptica. Digamos que lo llevo razonablemente bien. Pero no puedo negar que la necesidad sigue estando ahí muy latente.

En el post de hoy quiero contaros un paso más. Recientemente me he atrevido a vestirme de corto y no ha sido para ir a la aburrida monotonía del gimnasio sino a entrar en una pista después de tantos años. Si, a probar como me desenvolvía con el pádel. Un deporte que había practicado puntualmente, pero con el que no estoy muy familiarizado la verdad. Supongo que mi base de tenis de toda la vida hace que mantenga la pegada, aunque ahora tenga que ser con la izquierda. Como en los últimos atrevimientos, fue en un ambiente muy controlado y con la persona de mayor confianza enfrente. Un simple peloteo en el que me lanzaba bolas fáciles para ver cómo me hacía a la raqueta, al golpe, a los movimientos, etc. Y a sus ojos no lo hice tan mal. En algunos momentos tuvo que decirme que me relajara y es que el espíritu competitivo se ve que si lo conservo intacto. Me cuesta entender el deporte de forma completamente amistosa. Que le voy a hacer.

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Ese rato fue de esos que se te pasa volando. No pudimos estar más porque se puso a llover a cántaros y volvimos a casa empapados. Enseguida nos pusimos a pensar en puntos de mejora. Los hay y muchos. La manera de poner la raqueta. Como con la práctica podría agilizar más mis movimientos hacia la derecha. Todo forma parte de esa nube en la que me subí y de la que no me quería bajar.

Para mi resultó ser otro subidón. Otro cúmulo de buenas sensaciones por volver a jugar. Y la más importante es el ser consciente de que algo ha cambiado en la forma de afrontar lo que viene. Estando mucho más dispuesto a probar y con menos miedos.

Me ha hecho recuperar la ilusión de nuevo por la práctica de un deporte. Es una sensación de ilusión conectada sólo a emociones positivas. De las que me hacen sentir bien, sentirme pleno y motivado, cargado de energía. Estoy seguro que mi mirada cambió cuando entré en esa pista. Cualquiera que me conozca se habría dado cuenta. La sensación más placentera es ver cómo volvía a manejar la raqueta por mi cuenta ante ese momento de exigencia. La de volver a sentir que formas parte del juego por ti mismo. Sientes realmente que el deporte, en cierta manera, te aleja de la discapacidad.

Y creo que mucha parte de esa ilusión la está generando esta nueva ventana de posibilidades que se me abre. Es increíble como simplemente atreviéndome a dar un paso y probar, se han desencadenado en cascada todo un flujo de sensaciones de querer más y más. Si algo me ha quedado claro es que tengo que ser yo el que de los pasos para generarme estas ilusiones.

A día de hoy desconozco cuál será mi nivel en las diferentes modalidades de pádel adaptado. Tengo que investigar más acerca de clubs deportivos y escuelas que contemplen este deporte de forma adaptada.

Será necesario que persevere y no abandone en el empeño y, sobre todo, que siga pasando a la acción. Quizás me dé por ir probando otros deportes, quién sabe. Lo que si que de verdad espero es que me sirva de pauta para no rendirme y darme aliento para conseguir mis objetivos.

Al mismo tiempo, la práctica de un nuevo deporte considero que me puede resultar beneficioso en muchos otros aspectos de mi vida. De entrada me va a exigir disciplina. Me va a ayudar a mantener la constancia, el esfuerzo, la dedicación y el orden que me hagan ver que en muchos aspectos vuelvo a ser yo el que conduce mi vida.

Ese componente mental de competición sin duda me ha ayudado mucho a lo largo de estos años. Han hecho falta grandes dosis de concentración, sacrificio y tolerancia a la frustración para enfrentarme a cada reto diario. Y cuando digo reto, no os lo imaginéis solo en el plano físico, esforzándome con los fisios o en el gimnasio, me refiero a las cosas más banales y rutinarias. Por eso los factores psicológicos que rodean el deporte siguen siendo muy importantes para mí. En cierta medida compito cada día contra mi mismo, contra esos ¨NO¨ internos que no van a dejar de estar ahí y no dejaré de tener mis desafíos rutinarios que superar.

Me va a hacer darme cuenta que, a base de entrenamiento, puedo mejorar en ciertas habilidades que ni me había planteado desde hace tiempo. Esto ha de significar más dosis de estímulo y afán de superación para no renunciar y plantearme alcanzar otros muchos objetivos personales.

Obviamente, y no creo que haga falta resaltarlo, el lanzarme a practicar otro deporte no dejará de ofrecerme ventajas físicas. Mis músculos estarán más fuertes, mejoraré en equilibrio, flexibilidad y tendré mejor coordinación de movimientos. Y seguro que me aporta ese plus de energía en mi día a día. Además, me ayudará a obligarme a ocupar mi tiempo libre con otro tipo de actividad que me haga salir de la rutina. No va a haber mejor medicamento para romper con la monotonía.

Esta ventana que se me abre con el deporte también puede ser beneficiosa en lo social. El simple hecho de jugar con y contra otros ya hace que tengas que interactuar con gente. De estas relaciones pueden salir interacciones sociales muy constructivas que me sigan haciendo crecer. Posiblemente me facilite el acceso a nuevos grupos con los que pueda compartir buenos momentos y aprender mucho.

En relación al tema del post de hoy, desde mimitadalcuadrado tenemos el gusto de compartir la historia de Enzo Amadei. Este chico chileno con hemiparesia desde pequeño a causa de un tumor cerebral que no ha dejado de superarse hasta alcanzar su sueño en el tenis. Empezó a reclutar gente y creó un torneo llamado TAP World Tour (Tenís Adaptado de Pié) para que gente de todo el mundo pudieran participar. Hoy cuenta con más de cuarenta países inscritos. Enzo, eres un verdadero ejemplo de superación.

Conoce en este link la historia de Enzo Amadei: https://www.youtube.com/watch?v=Tfe8TsEwU2A