¿Que esconde el misterio de la vida?

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UN PADRE, UN HIJO Y EL GRAN VIAJE DE LA VIDA

Esta vez es una película “El fin es mi principio” la que me ha hecho reflexionar y he querido compartir con vosotros lo que me ha transmitido. Por encima de todo me quedo con sus profundos mensajes y la cercanía y el calor humano de los personajes.

La historia gira en torno a Tiziano Terzani. Un hombre extraordinario que renunció a sus orígenes humildes de una familia florentina y pasó más de 30 años como corresponsal de prensa por todo el mundo y en especial en Asia, cubriendo las principales guerras y revoluciones del siglo XX. Fue periodista, escritor y, por encima de todo, un buscador de lo que se esconde en el misterio de la vida.

Cuando le diagnosticaron un cáncer se fue a vivir en soledad al Himalaya, un retiro que le marcó profundamente y le preparó para afrontar su último viaje: el de la muerte. Para pasar sus últimos días, volvió a su pequeña casa en la Toscana junto a su mujer para “abandonar su cuerpo”, que es cómo los hindúes conciben la muerte y cómo a él le gustaba describirlo. En aquellos últimos meses reclama la presencia de su hijo para narrarle partes de su vida que no le había contado. De ese reencuentro salieron multitud de conversaciones profundas e intensas entre un hombre viejo y sabio que sabe que se acerca su fin y uno joven e inquieto. Unos días donde por fin se quitaron todas las máscaras para hablar cara a cara de lo qué es la vida, el mundo y la muerte. De la grabación de aquellas conversaciones se publicó su último libro: “El fin es mi principio”, del que se hizo también esta película.

Como os he dicho, de esta película se pueden extraer infinitos temas sobre los que debatir y comentar. A mí en particular ha habido varios que me han hecho reflexionar.

En primer lugar el ver a un hombre que debido a la fase terminal de su enfermedad sufre dolores intensos y gran incomodidad, todos estamos rodeados de casos parecidos a éste. Me llama la atención que a pesar de estos condicionantes físicos, el protagonista es capaz de seguir riéndose con su mujer y su hijo y disfrutando de todo lo que le rodea, del maravilloso paisaje de la Toscana, del sonido de los pájaros… hasta el último momento. Ese es el punto diferencial, conseguir disfrutar aun en los momentos mas difíciles. Y no necesariamente se sufre en las fases terminales, hay gente que convive con el sufrimiento cada día y por muy diferentes motivos.

Y es que, durante estos años he tenido la suerte de coincidir con gente que aún estando mucho peor que yo conseguían ver el lado positivo de la vida. Gente que sufre por dolores crónicos muy intensos o porque su cuerpo está mucho más paralizado que el mío. Cuántas veces me habré preguntado cómo eran capaces de sobrellevarlo, cómo afrontaban el levantarse por las mañanas y llegar al centro de rehabilitación con la mejor cara y haciendo bromas. Esta gente sí que me daba lecciones cada día.

Muchos creen que tiene que ver con el poder de la mente. Yo lo resumiría en la importancia de tener la cabeza sana, aunque el cuerpo no te responda cómo quieres.

Otro aspecto que me ha llamado la atención es cómo Tiziano se propone cerrar su ciclo de vida de forma adecuada. Simplemente quiere despedirse y hacer balance. Y lo quiere hacer dejándole un legado a su hijo. El legado de su intensa vida, repasando cada una de las vivencias que han formado parte de ese proceso. Esa forma de gestionar su final implica también un nuevo comienzo para él. Y considero que es una manera muy sana de afrontar este momento. A mí me gustaría hacerlo así. Lo veo cómo un ejercicio recomendable a realizar con mis padres. El poder reunirnos en un lugar lo más aislado posible sólo con la compañía de la naturaleza para tener la oportunidad de repasar sus vidas. Sólo padres e hijos, un entorno tranquilo y tiempo, mucho tiempo para hablar. Que me contaran lo que quisieran. Tener momentos de silencios en los que las miradas hablaran. Destapar esas cajas llenas de recuerdos. Su infancia, sus padres, cómo se conocieron, su vida en común, su profesión, la llegada de sus hijos, mil temas. Evidentemente emanarían reproches en ambas direcciones, como sucede en la película. Pues que salgan. Hay muchas cosas que no siempre son como nos gustarían y hemos tenido que aceptar. Forman parte del camino.

En mi caso particular seguro que uno de los temas candentes sería cómo han vivido realmente lo que me ha pasado, cómo ha afectado mi enfermedad en sus vidas y todo lo que se ha desencadenado a posteriori. Obviamente sé que ha sido uno de los episodios que desearían no haber vivido. Pero aquí seguro también pondríamos en valor cómo hemos conseguido salir de esta juntos y cómo he sido capaz de rehacer mi vida.

A veces creo que no llegamos a conocer bien a nuestros padres. Seguro que desconocemos muchos episodios de sus vidas que les han marcado y que nos pueden hacer entender muchas cosas. Ese es para mí el verdadero legado que nos dejan. El que entiendo que Tiziano le quiso dejar a su hijo Folco.

Aunque sé que mañana volveré a mi monotonía, otro de los aspectos significativos de esta película es el cómo coger las riendas de nuestra vida. Conseguir dejar de ser espectador y colocarte al mando de tu existencia. Tiziano lo resume como la trampa de ahí afuera de la que todos somos ratones. Intenta hacer ver a su hijo que, aunque nos parezca que gocemos de una libertad sin límites, nunca hemos tenido tan poco margen de acción cómo ahora. Ya no existe la libertad de ser quien realmente se es. Para no caer en esa trampa varias son las recetas que me llevo y que ya veré cómo pongo en práctica y cuando.

La primera es que hay que revelarse. Esa es la revolución pacífica a la que el protagonista no deja de hacer referencia y en la que ha creído siempre. Después de vivir varias revoluciones con triunfo del comunismo, ha sido testigo de la cantidad de sacrificios y todo para llegar a nefastos resultados para la sociedad. Todo sigue girando en torno al dinero como en todas partes. Mientras el hombre se deje de guiar por intereses personales, nada cambiará. Por eso se decidió a creer en la única revolución que le aporta algo, la de uno mismo. La de ser lo que uno quiera, vivir una vida propia que solo te pertenezca a ti. Una vida en la que te reconozcas.

Y la siguiente es la de exprimir la vida al máximo que no te quede nada por intentar, probar o arriesgar. El hecho que haya vivido su vida con tanta intensidad le lleva a tener una visión de la muerte cómo parte de la vida. Ya no le tiene miedo porqué es prácticamente lo único nuevo que le queda por afrontar. Así se considera realmente preparado para cuando llegue.

La película nos insta a vivir el ahora y disfrutar de cada pequeño instante. La vida sucede en este momento y es entonces cuando uno tiene que saber disfrutar de ella. El pasado es simplemente un recuerdo, ya no existe. Son sus recuerdos acumulados, ordenados y falseados. En el ahora, en cambio, no se falsea nada.

Inevitablemente he vuelto a replantearme por qué me sigue costando tanto disfrutar del presente y si verdaderamente estoy cogiendo las riendas de mi vida. Parece como si siguiera poniendo el piloto automático cada mañana y los días siguieran pasando. Empiezo a tener bastante clara la visión de lo que quiero que sea mi vida y ya es hora que ponga los medios para conseguirlo.

Me tomo la licencia de cerrar este post con el final de la carta de despedida que dejó Tiziano a su familia, “gracias y espero que os riáis”.

Sergio Elucam

 

“Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia” entrevista a Carlos Owono.

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Estoy en una época en que parece que gente de mi pasado vuelve y lo estoy disfrutando. Ya tuve el placer de entrevistar a mi amigo Simón y en esta ocasión se trata de otro compañero de la EGB.

A través de una red social, hace un tiempo se empezó a crear un grupo de antiguos alumnos del colegio. Empiezas a intentar reconocer a la gente después de tantos años. Un montón de recuerdos de esa época que vuelven. Te preguntas que habrá sido de sus vidas.

El animador del cotarro no podía ser otro que el Charly. Si, aquel golfillo sin vergüenza que se dedicaba a todo menos estudiar. Menuda pieza de museo. Mi sorpresa fue cuando al cabo de un tiempo colgó un mensaje diciendo que esa noche iba a estar en un conocido programa de televisión. ¿Cómo? ¿El Charly en la tele? Se le veía de fondo. Lo reconocí enseguida porqué tiene la misma cara de pillo de siempre. Estaba coordinando el show televisivo Nitro Circus que consiste literalmente en llevar el motociclismo freestyle hasta límites insospechados. En esta ocasión se trataba del famoso Travis Pastrana realizando uno de sus saltos imposibles.

En una conversación reciente me comentó brevemente su periplo por el extranjero partiendo de cero y afrontando muchas dificultades. Y entonces te das cuenta que detrás de aquel chico travieso y rebelde, hay una historia de superación. Es por eso que le pedí el favor que accediera a responder a nuestro formato de entrevista.

Para mí es un fiel reflejo de gente al cuadrado que afronta la vida con valentía y lucha por no dejar de superarse para conseguir sus sueños. Alguien que, cómo muchísima gente, ha tenido que marcharse de España para labrarse su futuro.

Gracias Charly por la entrevista y por tu generosidad al abrirte y contar tu historia. Seguro que tus palabras van a contagiar de ánimo a mucha gente.

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Cuéntanos un poco acerca de ti, ¿Quién es Carlos Owono?

Una pregunta tan simple y tan difícil de contestar! En el plano, por así decirlo más físico, soy un niño de barrio de 40 años recién cumplidos que acaba de ser padre y que trabaja en algo que le encanta. He tenido la suerte de viajar mucho y también de vivir en varios países, algo que me ha enriquecido infinitamente a nivel personal. Aunque tengo estudios universitarios, todo lo que me ha servido para la vida lo he aprendido fuera de cualquier recinto, en otras palabras, en la calle. En el plano espiritual… una persona que lucha cada día por ser mejor, un mejor hijo, hermano, amigo, marido, en resumen, una mejor persona.

Dicho lo cual, siempre he pensado que la mejor manera para saber sobre uno mismo es preguntarle a la gente de su entorno. Así que esta respuesta queda incompleta a falta de reunir a unas cuantas decenas de personas y que ellas nos expliquen un poquito más acerca de mi.

En tu vida ¿De qué estás más orgulloso? ¿Te arrepientes de algo?

Lo resumiría en dos ‘atrevimientos’. El primero fue el atreverme a dar el paso de ir a vivir a Inglaterra cuando solo tenía 19 años y 160€ (25,000 pesetas) en la cuenta/bolsillo. El contexto era muy diferente al de ahora, decidir irse a otro país, significaba desaparecer. En aquella época, aunque ya se empezaba a oír hablar de internet, no mucha gente lo utilizaba, y obviamente tampoco el email, por lo que solo pude seguir en contacto con un par de amigos con los que me escribía una carta al mes y con mi familia, con la cual hablaba cada dos semanas desde una cabina a la que ellos me llamaban (dato curioso, en Inglaterra puedes llamar a las cabinas). Mi idea era ir a Inglaterra a pasar un verano, unos 3 meses, para aprender inglés y volver ‘corriendo’ para casa, pero esos 3 meses se convirtieron en 7 años. En ese tiempo hice una carrera doble – Economía internacional y Filología Alemana -, un Master y un año de Erasmus en Alemania.

Otro momento clave en mi vida del que también me siento muy orgulloso, es el haber encontrado la fuerza y voluntad de dejarlo todo (un buen trabajo, pareja, piso en el centro de BCN, etc) cuando ya tenía 31 años, e irme a vivir 2 años fuera. En este tiempo viví un año en Paris, 6 meses en Roma y 6 meses en Salvador de Bahía, donde di clases de inglés y castellano en una favela de la ciudad. Estos dos años de ‘reset’ los aproveché para aprender francés, italiano y portugués.

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¿Arrepentirme de algo…? Sí y no. Por un lado, sí, me arrepiento de cosas casi a diario. Cosas, no muy graves obviamente. Por otro lado, no, pues creo que todo lo bueno o malo que hacemos y/o experimentamos nos sirve para crecer como personas.

El momento negativo más impactante en tu vida ha sido….

¿Qué pasó? ¿Cómo te marcó?

Quizás mi respuesta sea algo inusual pero no recuerdo ningún momento negativo. Al menos no en el sentido de que dicho momento haya tenido un impacto en mi vida. Sí que es verdad que he tenido miles de experiencias, llamémosle, no muy positivas, pero realmente no me viene nada a la cabeza que me haya marcado por su negatividad.

Cómo has superado esa adversidad que te ha puesto la vida? ¿Qué papel han jugado los que te rodean?

Los años fuera han sido tan enriquecedores como duros, sobre todo el primero. Un 7 de julio estaba en Barcelona, disfrutando del sol, el verano, mi familia y mis amigos y un 8 de julio aterrizaba en un país gris, frío, donde no conocía a nadie y lo peor de todo, no hablaba la lengua. Hay un dicho inglés que me gusta mucho y que en cierto modo siempre he aplicado a mi vida, when the going gets tough the tough get going, que viene a decir algo así como, cuando las cosas se ponen duras, los duros le plantan cara. Y supongo que siguiendo esa filosofía fui capaz de conseguir un trabajo de pinche de cocina, que a día de hoy aún no sé como pude conservar, pues durante los 3 primeros meses nunca supe lo que me pedían o querían que hiciera (mucho lenguaje de signos!), aprendí inglés a marchas forzadas y sin habérmelo planteado, desperté una mañana en una universidad inglesa listo para empezar una carrera que me tendría ‘atado’ a Inglaterra por unos añitos más.

Los años de universidad tampoco fueron un camino de rosas. Gracias a una beca pude pagar la matrícula y asignaturas, pero los gastos del día a día, incluida la estancia, me los tuve que pagar yo de mi bolsillo y, como todos sabemos, Inglaterra no es un país precisamente barato. Eso significaba trabajar casi todas las tardes de la semana en un teatro como camarero y todos los fines de semana en una empresa de catering. Eso sí, el lugar de trabajo no podía ser mejor, al menos para un futbolero empedernido como yo. Trabajaba en una empresa de catering que tenía la concesión de todos los campos de futbol de Londres, entre ellos el del Arsenal (mi equipo favorito inglés), Chelsea, Tottenham y el mítico Wembley, el antiguo! Los recuerdo como años en los que no paré ni un segundo, no hubo día en que no tuviera que estudiar, trabajar o verme obligado a salir de fiesta 😉

El como he superado las adversidades, se podría resumir en que lo he hecho con una gran constancia, una fuerza de voluntad inquebrantable y con el convencimiento de que al final del camino hay una gran recompensa.

Ni que decir tiene que, aunque en la distancia, la familia siempre está ahí y te ayudan de la mejor forma que saben y/o pueden, pero lo que más me ha ayudado en los años que he estado fuera, es la gente que estaba en una situación similar a la mía y con la que he forjado una amistad muy especial. Esa ha sido la gente que mejor ha entendido por lo que estaba pasando, esa profunda soledad, esa nostálgia de casa y de los tuyos. Y esa gente son los que en esos momentos, se acaban convirtiendo en los ‘tuyos’.

Te sigue afectando a día de hoy? ¿Cómo?

Ya estoy de vuelta en casa, Barcelona, así que puedo decir con una gran sonrisa en los labios que la prueba de haber pasado años lejos de mi ciudad, familia y amigos ya está superada.

Qué crees que les hace falta a muchas personas para encarar la vida con más optimismo? ¿Qué consejo nos darías?

Hace falta conocerse mejor, controlar las expectativas, ser feliz con lo que se tiene y sobre todo ser conscientes y disfrutar del ahora. Como todo, esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero hay que intentarlo. Algo que me ha ayudado mucho es la meditación. Empecé a practicar meditación hace un par de años y la verdad es que me siento mucho mejor conmigo mismo, lo que a su vez me hace sentirme mejor con todo lo que me rodea. Y cuando se cumplen las dos premisas anteriores, todo y todos a tu alrededor se contagian de esa positividad y buen rollo. Hay una frase de Marcel Proust que ilustra muy bien esto que acabo de explicar – Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.

Te has sentido alguna vez discriminado? ¿Cómo reaccionaste?

Ya que soy mulato (mi padre es de Guinea Ecuatorial y mi madre de Salamanca), la respuesta podría parecer obvia y más aún habiendo crecido en una España recién salida de una dictadura. Pero, por suerte, nunca me he sentido discriminado por mi raza, ni en España ni en ninguno de los otros países en los que he vivido. Tampoco he sentido ningún otro tipo discriminación, ya sea por mi nacionalidad, forma de pensar o valores.

Qué te hubiera gustado hacer y sabes que ya no podrás?

Te doy una respuesta fácil y frívola… jugador de Barça! Jaja.

Y una respuesta más meditada… tenía una lista muy simple de cosas que quería hacer en la vida y que poco a poco he ido consiguiendo. Las cosas que siempre quise hacer son; tener carnet de moto y una moto de gran cilindrada, hecho, aprender a surfear la nieve – Snowboard, hecho, ser padre, hecho y la que más me está costando, pero ya llevo tres años dedicándole muchas horas, tocar el piano. Esta última, creí que nunca la conseguiría, pero quien lo iba a decir, ahora hasta puedo tocar alguna que otra nota escrita por el maestro Bach.

Qué te genera ansiedad? ¿Cómo lo afrontas?

Por suerte no hay nada concreto que me genere ansiedad. Supongo que mi manera de ser, tranquilo y pragmático ayudan mucho.

Cómo valoras a la sociedad en la que vivimos? ¿Qué nos falta para que la consideres mejor?

Considero que como sociedad somos mucho mejores y estamos más avanzados de lo que creemos. Hay gente muy crítica, que dejándose llevar por ciertos hechos puntuales de la actualidad, dicen que vamos a peor, que estamos dormidos, etc. Yo creo que si miramos la historia de una forma analítica, nos daremos cuenta de que nunca hemos tenido una sociedad tan crítica, consciente y responsable. Eso no quiere decir que quede muchísimo por mejorar, de hecho siempre quedará algo por mejorar, pues no creo que una sociedad pueda llegar a la perfección (sería aburrido!). Lo bueno es que la evolución, aunque muchos se empeñen en ir contra ella, siempre nos lleva hacía adelante. Soy de los que piensa que hoy estamos mejor que ayer y mañana estaremos mejor que hoy.

Entre otras cosas, lo que creo que le falta a esta sociedad para ser mejor es la empatía. Tendríamos que hacer más a menudo el ejercicio de ponernos en la piel del otro, dicho de otra manera, ponernos sus zapatos y caminar con ellos. Las cosas son y las cosas pasan, no son necesariamente ni buenas ni malas, simplemente hay diferentes maneras de verlas.

Si supieras que mañana es tu último día de vida, ¿Qué harías? ¿Cómo lo pasarías?

Me levantaría muy pronto, sobre las 5 de la mañana. Dedicaría unos minutos a agradecerle a la vida el haberme dado un asiento de primera clase en este viaje. Saldría a la calle e iría a los bunkers del Carmelo a ver amanecer, a ver salir el sol por última vez sobre Barcelona. Luego volvería a bajar a casa, despertaría a mi mujer y a mi hijo y nos iríamos a desayunar unos Eggs Benedict y unos Pancakes en Ciutat Bella. Después aprovecharía para ir a dar un paseo por la Barceloneta y la playa. Llegada la hora de la comida reuniría a todos mis amigos y familia en Gracia, mi barrio de siempre. Comeríamos y departiríamos hasta bien entrada la tarde. Seguidamente, me gustaría que todos fuéramos a pasear por las calles del barrio parando en alguna que otra terracita de las bonitas plazas de Gracia (seguro que me encontraría a Simon Bianco en la terraza del Canigó). Para acabar el día, le preguntaría a mi mujer si cenamos en casa o fuera (seguramente me diría fuera), al volver a casa me sentaría en el sofá con ella para recordar nuestros mejores momentos (nos conocemos desde los 14 años, así que tenemos unos cuantos), daría no menos de 100 mil besos a mi hijo, le arrullaría hasta que se durmiera y finalmente me iría con mi él y mi mujer a la cama, donde me quedaría dormido abrazado a los dos.

 

Un libro, una película, un sitio, un plato, alguien a quien admiras? Un momento perfecto y con quien compartirlo?

Libro…Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Es el libro que marcó la frontera entre leer por obligación y leer por placer.

Película…Der bewegte Mann. No diría que es mi película favorita pero sí como una película que tuvo un gran impacto en mi. Gracias a ésta descubrí el cine europeo y en versión original. Desde ese día he sido un asiduo a los cines Verdi y rara vez he vuelto a ver una película doblada. Y aunque nunca lo había pensado hasta ahora, tengo la sensación que despertó mi curiosidad por otras culturas y lenguas.

Sitio… La cima de una montaña en un soleado día de Febrero, con la tabla de Snow en mi pies, listo para el descenso.

Plato… Tapas varias, ensaladilla rusa, croquetas, patatas bravas, etc…

Alguien a quien admiro… de mi entorno, a dos personas, a mi mujer por su fuerza y a mi amigo Florenci por su tenacidad. Y de una manera más genérica a muchos de los entrevistados de La Contra de La Vanguardia, gente con historias encomiables.

Momento perfecto… viernes tarde en un bar con los amigos, charlando de cómo ha ido la semana y recordando las mismas historias de siempre.

 

 

¿Somos capaces de reaccionar en las situaciones mas críticas?

exponerse

Este fin de semana tenía pensado publicar un post acerca de un maravilloso libro que me han recomendado. Todo lo que transmite merece mucho la pena y no quiero dejar de compartirlo con vosotros. Pero lo voy a dejar para la semana que viene. Y es que este blog es un blog vivo que se nutre en cada instante de momentos y sensaciones y precisamente ayer viví una experiencia que considero os tengo que contar.

Tiene que ver con el recurrente tema de mi imagen. Si, otra vez a la carga. Con el espejo muy dominado, últimamente incluso me estoy acostumbrado a dejar que me hagan fotos y eso lo estaba llevando razonablemente bien. Pero es que esta vez ha sido un paso más, aparecer en un vídeo. Una “encerrona inesperada” que trataba de dar cercanía a los lectores del blog. Algo a lo que no estoy acostumbrado y que me ha sacado drásticamente de mi zona de confort.

Hacía tiempo que no me veía en un video. Y es que en un vídeo crees que puedes palpar la realidad de forma más exacta. Y eso a mí me acojona. Ayer fue un día duro para mí por este motivo. Y no tiene nada que ver con las pocas tablas que tiene uno delante del objetivo, que también influye y en cierto modo, con el paso de las horas eres incluso capaz de ir soltándote, cosa que hace que la grabación vaya quedando algo más decente. Qué vergüenza. Sabía que el verme no me iba a gustar, las sensaciones han ido más allá y me han afectado más de lo que esperaba. Al verme, automáticamente me he preguntado si realmente se me ve así desde fuera. Que bajón. No me ha gustado lo que he visto y no he sido capaz de digerirlo bien. Uno se va generando la mejor imagen posible en su cabeza y este golpe de realidad me la ha desmontado en un momento.

El malestar y la angustia se han instalado durante más tiempo de lo que lo venían haciendo últimamente. Por un momento crees que las puedes controlar, pero esta vez me ha superado. Durante todo el día, he estado un punto más distante de lo normal intentando recolocarme después de este golpe. Te asaltan las dudas de todo el trabajo de aceptación que has hecho durante estos años.

Lo peor fue que me lo fui quedando dentro y no lo compartí. Por la noche todo eso explotó. Estaba acelerado, no me podía concentrar en nada, los músculos de mi cuerpo estaban tensos, con respiración acelerada y me empecé a encontrar mal de verdad. Parecía un ataque de ansiedad. ¿Cómo puede ser qué me pase ésto a estas alturas de la película? Hacía tiempo que no me sentía así. Necesitaba salir a dar una vuelta y que me diera el aire. Buscaba una forma de huir. Eso sería sin duda lo que hubiera hecho si hubiera estado sólo. No se cómo me habría ido, ni si hubiera conseguido calmarme. Posiblemente sí, pero eludiendo los motivos reales que me habían llevado a esa situación y no aceptándolo. Pero no, tuve la suerte de tener a alguien cerca. Alguien que te obliga a parar, a calmarte, que te habla y te hace ver las cosas de forma distinta a las que te empecinas en creer, a rebobinar y pensar en todo lo que has avanzado en estos años y en todo el camino recorrido, a darle valor a las cosas que realmente importan. También consigue que te distraigas hablándote de otras cosas o haciéndote reír.

El hecho de no estar sólo para mí ha sido clave esta vez. Gracias a esta persona al cuadrado que ha estado a mi lado.

Dicen que la ansiedad en dosis normales te ayuda a moldearte en tu vida cotidiana. Después de la agitación, reflexiono y llego incluso a considerar que el enfrentarme a esto me ha venido hasta bien. Me ha hecho ser consciente de que esto me puede seguir pasando pero que tendré mecanismos para controlarlo mejor.

Quizás el ponerme delante de una cámara sea un ejercicio que debería hacer más habitualmente, exponernos a nuestro miedos es luchar contra ellos y en la mayoría de casos es vencerlos.

Gracias al cámara S. G. por su paciencia, empatía y apoyo.

Sergio Elucam

¿Por qué nos da miedo estar solos?

soledad

A una buena oportunidad laboral deseada y buscada, se sumaba el cambio de ciudad. Suponía empezar una nueva etapa sólo en Madrid. En el fondo sabía que era lo que necesitaba en ese momento de mi vida y no lo dudé. A muchos les parecía arriesgado, incluso a mis propios padres en un primer momento, pero me veía con fuerzas y tenía que intentarlo. Sabía que significaría enfrentarte a una cantidad de pequeños retos, obstáculos, incomodidades y demás que en ese momento ni me imaginaba. Muchos de ellos, no son distintos a los que afronta la gente cuando empieza de nuevo en otro lugar lejos de lo que ha sido su casa. Ya había pasado en mi vida por momentos así cuando por un tiempo había vivido fuera, pero esta vez tenía un componente añadido. De algún modo significaba dar un salto al vacío y apañármelas por mí mismo en un entorno nuevo con mi discapacidad a cuestas.

Mi madre me acompaño los primeros días en Madrid para buscar piso y ayudar a que me instalase. Que no haría la santa de mi madre. Cuando ella cogió el tren de vuelta, es cuando realmente me di cuenta de que mi nueva aventura empezaba de verdad. La verdadera sensación de soledad empezó en ese momento.

Acepté la soledad como vino. Es más, la busqué. Necesitaba ver que podía. Mi nueva vida con mi mitad sin que aún fuera al cuadrado comenzó. No sé qué fue más duro si esos primeros momentos de manejarte prácticamente con una mano o disponerme a encajar las interacciones con los demás en todos los ámbitos en mi nuevo estado.

Saludar siempre con la izquierda de forma forzada y ver el rostro cambiante de la persona, no poder aplaudir, no ser capaz de cortarte un filete en un restaurante, ir al supermercado y no poder meter la compra en bolsas, no poderte poner unos pantalones en un probador porque no hay una silla que te habilite, bajar por unas escaleras con una maleta porqué se han estropeado las mecánicas o el ascensor, ¿sigo? No hace falta. Un sinfín de inconvenientes que que no te planteas hasta que no los vives.

La cabeza te puede jugar muy malas pasadas. Recuerdo un episodio en el que, noté unas pequeñas molestias en mi hombro izquierdo, mi paranoia me llegó a hacer pensar que me empezaba a pasar lo mismo en mi lado izquierdo. Estaba tan angustiado que ese mismo fin de semana mis padres me dijeron que fuera a Barcelona para que estuviera acompañado y me distrajese. Mis miedos seguían muy latentes y en parte, van a seguir estando ahí.

Ha sido un proceso de años llenos de estancamientos, desánimos, melancolías de tiempos pasados, desalientos, tristezas y caídas que han hecho que no fuera un proceso fácil y ni mucho menos lineal. Afortunadamente en la mayoría de los casos intentas no venirte abajo y eso es lo que te hace crecer. En muchas fases he necesitado reconocer que yo sólo no podía y no he tenido más remedio que pedir ayuda. He sido bastante reacio a admitir que me hacía falta que me echaran un cable. Ahora mirando atrás, quizás debería haberme dejado ayudar más. Habituarme a poner mis problemas más a menudo encima de la mesa y no tratar siempre de pasarlos por alto.

Esa etapa en soledad tuvo también su parte positiva. Por qué se relaciona siempre la soledad cómo algo triste. Es un buen momento para estar con uno mismo y hacer lo que te apetezca sin dar explicaciones. Madrid me ha dado la oportunidad de conocerme mejor. Hoy cuando veo gente comiendo sola en un restaurante, me veo a mí en la misma situación. Ir a comer a un restaurante sólo, puede ser que se dé la circunstancia, pero no suele ser lo normal. Me quedo mirándolos y trato de imaginar que les ha llevado a ese momento de soledad. Suelo fijarme a menudo y observar las historias de vida de la gente.

No me plantee de entrada conocer gente. Y eso fue un error. Estaba mucho más enfrascado en que mi día a día se pareciera a algo que se considerara “normal” y no se notaran mis taras. Luego cuesta mucho más reengancharte a la vida en sociedad. La soledad excesiva no es buena. Somos animales sociales y nuestra gasolina es interactuar con los demás. Todo es más gratificante si lo puedes compartir. Por eso, un pequeño esfuerzo para quedar con gente y romper esos momentos en lo que más deseas es estar sólo tienen mucho más valor del que podamos imaginar. Sin darte cuenta son las piedrecitas que vas poniendo para asentar tus nuevos cimientos. Y solo los puedes poner tú.

En esa primera etapa, las relaciones eran bastante “superficiales”. No me refiero a relaciones de postureo o falsedad. Si no que interactúas, pero sin profundizar, sin intención de abrirte en exceso. Y era yo el que primero ponía una barrera. Ese excesivo miedo al rechazo me bloqueó demasiado e impidió que me abriese a los demás.

Sergio Elucam

 

Cuando estamos equivocados y necesitamos que nos abran los ojos

revés

Han pasado diez años y tengo la certeza de que sigue profundamente equivocado. Estoy segura de que piensa que le he hecho favores y le he ayudado mucho. No es así. Es justo al revés.

Las personas que le acompañaron en su día a día durante la enfermedad son justas merecedoras de explicar cómo lo vivieron, cómo lidiaron con la incertidumbre y cómo batallaron con la sombra de sus miedos.

A mí eso no me corresponde. Y no me corresponde no porque no quisiera formar parte de ese nuevo día a día, sino porque él necesitó aislarse de la mayoría de sus amistades. Durante más tiempo del que me habría gustado él puso distancia y yo no tuve otra que respetar su modo de hacerlo, aunque me habría gustado estar más cerca para lo que fuera. Así que yo sólo diré que me costó mucho encontrar el equilibrio entre la prudencia de dejarle su espacio manteniéndome temporalmente alejada de él y la necesidad de hacerle entender que yo quería seguir formando parte de su vida.

Recuerdo a la perfección y con un cariño especial el día que por fin pude visitarlo después de mucho tiempo. Tengo que confesar que estaba más nerviosa que él, pero creo que conseguí transmitirle que pese al tiempo, pese a los cambios y pese a todo, para mí él seguía siendo la persona que conocí: ese compañero de estudios con el que había compartido muchas horas, conversaciones, bromas, ilusiones, etc.

Me di cuenta de que todo llegaría. Poco a poco, a su ritmo, que no al mío. Pero llegaría conforme él se fuese sintiendo seguro. Y así fue. Poco a poco volver a quedar se convirtió de nuevo en lo normal. Y con ello todo lo que había echado de menos: volver a meterme con él, a reírnos, a tener complicidad… Y con el tiempo las cosas se aposentaron y de manera natural volvieron a su sitio. Y de nuevo cosas que antes hacíamos sin darle importancia se convirtieron casi en grandes momentos que he disfrutado muchísimo. Cosas tan simples como los míticos bocatas de jamón que nos gusta desayunar, sobre todo cuando invita él….

Echando la vista atrás, no estoy segura si lo  poquito que he podido contribuir a aportar momentos de alegría o hacerle la vida más fácil lo he hecho de la mejor manera posible. Lo que sí sé es que lo he hecho con el mayor cariño y la mayor ilusión.

De lo que sí estoy plenamente convencida es de lo muy equivocado que sigue estando cuando piensa que yo le he ayudado. Para nada. Es justo al revés. Yo con él he tenido pequeños, simples e insignificantes gestos que no me costaban absolutamente ningún esfuerzo. Abrir una lata. Ponerle el cinturón del coche. Cerrarle la puerta. Nada. Todo eso no es absolutamente nada. Lo que sí que es, y mucho, es lo que él, pese a sus dificultades y limitaciones, se  ha esforzado para estar en mi vida y participar de los momentos importantes con la gran discreción que le caracteriza y sin ni una sola vez hacer alarde de los esfuerzos que hacía en pos de nuestra amistad. Recorrer con una paciencia infinita calle arriba y calle abajo para comprar zapatos de novia. Pasar todo un día fuera con más de cuatro horas de autocar para estar en mi boda, venir al extranjero a pasar unos días  y ver mi nueva vida, ayudarme a bañar al bebé en uno de sus primeros baños. Como veis, está totalmente equivocado. Soy yo la que estoy profundamente agradecida y me siento muy afortunada de tener un amigo como él.

Un detalle que aún le hace más grande es que jamás, en ningún momento, he percibido en él ni un solo resquicio de envidia hacia los que seguimos con nuestra vida mientras él lidiaba con una enfermedad que paró sus ilusiones. Jamás le he intuido autolamentarse. Y eso lo hace aún más admirable.

Han pasado más de doce años desde que nos conocimos y sigo viendo a la gran persona, humilde, discreta, trabajadora que conocí. Pero mejor. Si se mirara con mis ojos vería una persona muy madura, muy hecha a sí misma, mucho más capaz que antes y un gran ejemplo a seguir. Así que yo me siento afortunada de tenerle cerca e insisto: es justo al revés. Soy yo la que estoy en deuda con él y agradecida de poder formar parte de su vida. Como antes. Como antes de que me empezara a dar lecciones de vida.

 

Por muchos desayunos, risas y confidencias juntos. Estoy segura de que nuestra amistad superará cualquier barrera que podamos encontrar!!!!

Marta Estéban

¿Sabes lo que transmites con tu mirada?

miradas

Es increíble el poder que posee una simple mirada. En un instante te puede provocar una sensación de aceptación o rechazo. La gente ante algo que le resulta poco común o que no entiende reacciona de manera distinta.

Quizás ésto que estoy diciendo pueda dar a entender que vivimos en una sociedad poco avanzada y poco acostumbrada a convivir con la discapacidad o simpletente con lo que es diferente, yo sigo sintiendo miradas analíticas a mi diferencia física. Y me planteo, cómo lo llevaría si fuera aún más evidente. En mi caso, muchas veces llega a pasar desapercibido a primera vista, es al fijarse con más detalle cuando notan algo distinto de lo habitual. Te miran raro porqué tu cuerpo no se mueve bien o no pueden apartar la mirada de tu mano que como de costumbre no se abre.

Te genera una sensación incómoda con la que tienes que aprender a convivir y a la que necesitas adaptarte. Es como si con tan sólo una mirada se te encasillara y marcan una diferencia. En muchos casos es muy sutil pero se siente. He intentado tratar de interpretar esas miradas y es complicadísimo.

La gente que te conoce de cerca quiero entender que lo asume desde el primer momento y al convivir contigo, se acostumbra. Este grupo te mira como lo hacía antes y te hacen sentir como si fueras el mismo de siempre. Hay otro grupo que son los que tratan contigo de forma menos cercana, aunque pueda ser a diario, los hay que siempre te miran a la cara y no se fijan en nada más. Lo bueno es que al mismo tiempo son plenamente conscientes de que en algún momento te pueden echar un cable porqué saben que tienes alguna dificultad con determinadas cosas. Hay otros, que, aunque te vean muy a menudo, noto que se siguen sintiendo impactados por algo y no pueden evitar mirarte la mano fijamente. A uno le gustaría que fueran menos pero tampoco se puede evitar. Seguro que no lo hacen con mala intención, pero la sensación que te dejan es que algo en ti no es normal. Y, por último, está la gente que no te conoce de nada y te ven por primera vez. Las miradas y actitudes también son de todo tipo. Puede ocurrir que de entrada no se den cuenta, pero a medida que perciben que no muevo bien el brazo ni la mano, es cuando se desencadenan las miradas. Si me paro a pensar qué les estará pasando por la cabeza a cada una de las personas con las que interactúo, me volvería loco.

¿La gente puede aprender a mirar y no juzgar? Eso es prácticamente imposible porqué como seres humanos necesitamos encasillar lo desconocido, luego ya lo vamos asimilando y la mayor parte de las veces tomándolo como algo normal. ¿Cómo se debería mirar a alguien que notas que tiene algo diferente? La verdad es que creo que no existen pautas, cada uno reacciona como le sale, muchas veces la diferencia la marca la educación.

Me gustaría destacar la diferencia entre las miradas de los niños y las de los adultos. Es conmovedor ver cómo los más pequeños te miran sin ninguna carga social y sin referencias de lo que se sale o no de la normalidad. Les da verdaderamente igual y te hacen sentir cómodo.

Conclusión, ¿de verdad tenemos que estar a expensas de cómo se nos mira? Si lo analizamos,es más problema del que recibe las miradas. ¿No será entonces que la clave está en sentirse bien con uno mismo?

Yo he estado mucho peor fisicamente, con muchas mas dificultades de movilidad y he pasado por fases de mi vida en las que solo quería esconderme. Hoy, con todo lo que he avanzado tanto física como psíquicamente, aunque pueda parecer absurdo, de vez en cuando sigo sintiendo la necesidad de que no se me note, de pasar desapercibido. ¿Alguna vez llegamos a aceptarnos del todo? Cuando somos jovenes porque todos queremos ser aceptados por el grupo e intentamos ser iguales a los demás, cuando crecemos un poco mas porque queremos tener nuestra propia personalidad y no parecernos a nadie y cuando envejecemos porque no nos adaptamos a los cambios por los que todos tendremos que pasar.

Trabajar la aceptación es una asignatura pendiente en la que hay que esforzarse toda la vida.

Sergio Elucam

¿Cómo recuperamos la ilusión en los momentos difíciles?

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La práctica del deporte y en especial el fútbol estuvo presente durante toda mi infancia, no me despegaba de mi balón, de forma más sería y continuada en mi adolescencia y como hobby en adelante. Puedo decir que ha sido una de mis pasiones, a la que a la fuerza tuve que renunciar cuando me puse enfermo. Durante estos años, mi manera de afrontarlo ha sido mirar hacia otro lado. La solución fácil y a su vez mas dolorosa. Me he limitado a ver el deporte en la televisión, a través de una pantalla. Voy al gimnasio para mantenerme en forma, pero me aburre soberanamente. A mí lo que me va es competir en equipo.

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En el plano psicológico he trabajado cómo convivir con la pérdida de este y muchos otros temas, pero para nada quiere decir que no sigan apareciendo pensamientos y llegando mensajes que te manda tu cerebro. Ya no duran demasiado, se cómo manejarlos y consigo volverme a recolocar. ¿Cómo lo consigo? Ya lo tengo bastante automatizado. Entiendo que, con el tiempo, hay mucho de aceptación y también de ser capaz de detener esos pensamientos negativos que solo aportan ansiedad y malestar para que no vayan a más. Por lo general ya tengo reconocido el pensamiento cuando va llegando y o bien trato de suplantarlo por un recuerdo agradable de ese mismo tema o me pongo enseguida con otra cosa que no tenga nada que ver.

Es algo que no vale la pena que te plantees ni le des vueltas, porqué nunca nada va ser igual. Podrá ser de muchas otras maneras. ¿no es cierto que los jugadores amateurs, llegado a un punto ya ni se plantean llegar a jugar en primera división? Sería el deseo de muchos, pero con los años, lo interiorizan porqué ven que no es posible. Pues es parecido, pero a otro nivel.

No me he lanzado nunca a intentar de nuevo la práctica del deporte con discapacidad. Con el paso del tiempo te vas atreviendo y planteando la posibilidad de seguir disfrutando de una de tus pasiones desde otro punto de vista. ¿Por qué no? de entrenador o ayudante…

En pocos días se han producido dos acontecimientos que vuelven a remover esos sentimientos relacionados con el deporte.

El pasado fin de semana tuve el placer de asistir a un partido de basket en el colegio de la hija de mi prima. La verdad es que no esperaba volver a disfrutar tanto siguiendo un partido de niños en directo. Yo no soy de vivir el deporte de forma pasiva. ¡Me alteré, grité, animé… me lo pasé pipa! No lo puedo controlar, enseguida me sulfuro, vamos que casi me como al árbitro en un momento de exaltación.

Es como si hubiera despertado el gusanillo de algo que no te estabas planteando, que habías dejado de lado. Te vuelves a ilusionar por el deporte desde otra perspectiva. Aunque podrías, sabes que ya no vas a poder practicarlo de la misma manera y te planteas como volver al mundo del deporte. Todas estas sensaciones hacen que piense en la posibilidad de entrenar a un grupo de niños y poder transmitirles todo lo que viví en mi etapa deportiva, aparte de muchas cosas más que les sirvan para enfocar su vida.

Ayer fui a ver la película “Campeones”, del director Javier Fesser y protagonizada por Javier Gutiérrez. Narra la historia de un entrenador de baloncesto con muy mala leche que atraviesa por una mala racha tanto en lo profesional como en lo personal. Por culpa de una infracción de tráfico, se ve obligado a realizar servicios a la comunidad entrenando a un equipo de barrio con discapacidad. Una película que te despierta tu lado más humano mientras, de una forma muy natural y cercana, aborda el tema de la convivencia con personas con discapacidad intelectual. El desconocimiento inicial, los prejuicios y las etiquetas que en general tenemos todos. Las historias que tienen detrás cada una de esas personas y cómo es su día a día. La sencillez a la hora de enfrentarse a la vida que tiene ese colectivo y que no entienden cómo nos la llegamos a complicar los demás. Este grupo de personas diferentes encuentran en el deporte y el compañerismo un motivo de ilusión que les saca de su rutina.

La oportunidad del protagonista de compartir vivencias con ellos, le enriquece y hace que se replantee su vida de otra manera. Te hace ver que estas personas, de tontas no tienen un pelo y se dan cuenta de todo lo que les rodea y son capaces de vivir una vida mas centrada en las cosas que de verdad importan. Y, sobre todo, el afrontar todo con mucho humor. Salí cargado de buen rollo y emocionado por la empatía que desarrollé en menos de dos horas con gente que no conocía.

Quiero volver al deporte, estoy ilusionado y no hay mejor aliciente que hacer las cosas con ilusión, ahora que lo tengo claro voy a luchar por conseguirlo.

Sergio Elucam

 

“Nuestra mente está detrás de toda nuestra experiencia” entrevista a Simón Fernández Bianco

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Simón, mi amigo desde la infancia. Durante años inseparables, nos hemos vuelto a reencontrar. Siempre ha sido alguien especial. Es una de las personas con más calidad humana que he conocido. Muy extrovertido y generoso. De una mentalidad abierta fuera de lo normal. Desde su convicción ha sabido romper moldes para dedicarse a su pasión, la filosofía budista.

Por circunstancias de la vida no hemos mantenido un contacto seguido durante años, pero los dos sabíamos que siempre íbamos a estar ahí el uno para el otro. Por eso he decidido entrevistarle, creo que no todos los días uno tiene la suerte de compartir tiempo con personas e historias al cuadrado, así que espero que disfrutéis de ella y de todas las que, poco a poco, irán ilustrando esta sección.

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Nacido en Barcelona el 28 de agosto de 1978.

Profesion: Psicologo clínico, Psicoterapeuta, Profesor de Meditación y Psicologia budista, traductor de libros budistas.

Estudios: Formado en Meditación, Filosofia y Psicologia budista desde 1994. Monje budista de 2002 a 2007. Masters Program of advanced buddhist philosophical studies del istituto Lama tzongkhapa. Licenciado en Psicologia por la Universitat Oberta de Catalunya.

Quien es Simon Bianco?

En realidad esta pregunta es muy difícil de responder realmente. Tal vez debido a que he dedicado casi enteramente toda mi vida al estudio de la mente desde diferentes perspectivas no puedo evitar cuando oigo una pregunta cómo esta que me evoque un sinfín de ideas, de cómo responderla. Ya que el yo, si se analiza en profundidad, no existe realmente más allá de unos datos subjetivos que se puedan seleccionar para definirlo. En ese caso, voy a intentar definirme siempre seleccionando aspectos muy subjetivos que considero relevantes de mi persona ya que en esencia no somos más que aquello que pensamos que somos. En este sentido pienso que a lo largo de mi vida soy de aquellas personas que ha primado el conocimiento interior antes que el exterior, todo con sus consecuencias para bien y para mal. Hijo de argentinos con ascendencia catalana, andaluza e italiana, nacido en Barcelona entre en contacto con el Budismo Tibetano cuando tenía 16 años a raíz de la visita de SS el Dalai Lama a Barcelona en el año 94. Desde entonces me fascino y me metí de lleno en ello hasta este mismo día. Empecé a estudiar budismo en Barcelona de la mano de diferentes Lamas y profesores de Budismo y viajé a India por primera vez en el 98 a pasar una temporada en un monasterio tibetano, Ganden Shartse. Fue una gran experiencia. A partir de entonces me propuse estudiar budismo de una forma más seria e irme a vivir a la India para estudiar de la mano de grandes Maestros. Deje la carrera de Psicología y mi propio análisis que llevaba años haciendo con mi psicoanalista y me fui a vivir a la India a un monasterio-universidad de la escuela del Dalai Lama llamado Sera Dje. En el 2002 con 24 años me hice monje budista y por consejo de mi maestro Lama Zopa Rimpoché viví un tiempo en un monasterio para occidentales en Francia y posteriormente en Sera Dje. Durante 7 años estuve estudiando y formándome en Budismo principalmente en India y también en Francia e Italia, donde finalmente hice un Master de Filosofía budista. En Italia, decidí colgar mis hábitos de monje, y decidí volver a llevar una vida laica y occidental que considere más adecuada a mi cultura y circunstancias para continuar practicando todo aquello que había aprendido.

Posteriormente volví a mi ciudad natal, Barcelona, y acabé la carrera de Psicología que había dejado de lado y me dedique desde entonces a enseñar meditación, psicología y filosofía budista en diferentes sitios en Barcelona, donde actualmente enseño en el Centro Dharmadhatu, y a trabajar como psicólogo clínico y psicoterapeuta, primero en la Clínica Kur Klinikum en Barcelona y actualmente en mi Consulta privada, donde aplico una terapia propia que combina psicología occidental y budista.

En tu vida de que estas más orgulloso? Te arrepientes de algo?

Estoy muy orgulloso de haber intentado al menos de forma profesional buscar la felicidad dentro de mí, en la mente, que es donde siempre he creído que estaba. Pero me arrepiento enormemente de no haber encontrado tal vez un equilibrio antes de esta última fase de mi vida donde lo he podido encontrar. Fue muy duro cuando volví a vivir en Barcelona después de tantos años fuera dedicándome a encontrar la felicidad dentro de mí a través de la meditación. En un sentido me sentía con más herramientas para ser feliz que mis amigos que habían seguido su vida aquí. Pero por otro, ellos estaban más avanzados que yo materialmente y afiliativamente. Tenían sus trabajos, sus carreras, sus masters, su dinero, su casa, su pareja y sus amigos. En cambio yo era una especie de alien, no tenía trabajo, no tenía novia y ni siquiera sabía cómo ligar. Me quedaba mucho que aprender del mundo exterior. Cosas que eran necesarias y que a la vez deseaba para mi vida. Me causó mucho sufrimiento verme atrás respecto a la gente de mi edad y verme también muy incomprendido por ellos y por la sociedad en general. Afortunadamente conseguí al cabo de los años desarrollarme en ambas cosas. Todavía hoy hay aspectos que me cuestan de la sociedad donde vivo y mi corazón está dividido entre Asia y Occidente.

El momento negativo más impactante en tu vida ha sido…

Diferentes momentos en mi vida han sido muy duros… Algunos relacionados con la salud, otros mal de amores.

Qué paso? Cómo te marco?

Cuando tenía 6 años de edad fui operado del corazón. Tenía Tetralogía de Fallop, y si quería tener una vida larga y saludable debía ser operado. Por suerte la operación fue un éxito y mi corazón está perfecto desde entonces. Pero le vi los ojos a la muerte. Desde entonces siempre la he tenido muy presente en mi vida, sé que vendrá a verme un día y que no sé cuándo será. En lugar de ser algo intelectual, que todos sabemos, se volvió algo vivencial. Es real, la muerte existe y vendrá. Por un lado ha sido difícil superar el miedo pero por otro no dejo de ver la vida como algo precioso.

Te sigue afectando a día de hoy? Cómo?

No. Ya no me da miedo la muerte como entonces.

Qué crees que les hace falta a muchas personas para encarar la vida con mas optimismo? que consejo nos darías?

Principalmente para mí, el mal endémico de esta sociedad moderna en la que vivimos, es la prácticamente total negación de la importancia de la vida interna del individuo. La búsqueda de la felicidad en lo externo meramente, en lo material y superficial. Todos queremos ser felices y nadie quiere sufrir. Cada día, cada hora, cada segundo, la mente innatamente busca estar bien y desea no sufrir. Si tu preguntas a alguien porque trabaja o porque tiene pareja, siempre te dará razones de evitación de sufrimientos y de consumación de felicidad y placer. Por ejemplo, es muy posible que te responda que no quiere vivir en la calle o no quiera estar solo, o que te responda que le gusta el trabajo (le da placer, motivación intrínseca) o que con el dinero se ira a las Bahamas que es lo que más le gusta (motivación extrínseca). Incluso físicamente cambiamos de postura durante el dia basados en el mismo principio. Cuando llevamos un rato de pie nos sentamos porque nos alivia el dolor de estar de pie, cuando nos levantamos por estar cansados de estar durmiendo o sentados, etc. Entonces si el sentido de la vida es la felicidad deberíamos analizar realmente donde está. Normalmente creemos que esta afuera de nosotros, en lo que el budismo llama los placeres mundanos o externos. Pero después de haber comido, viajado, haber hecho el amor, conciertos, deporte, y cien mil cosas mas todavía sufrimos. Todavía no somos felices. Si la felicidad estuviera afuera seria imposible ver a millonarios que tienen todo lo que se puede imaginar, yates, novias, piscinas, comida excelente cada día, fama etc. y que se acaban suicidando. ¿Cómo es posible que alguien teniendo externamente todo lo deseable se suicide? Para suicidarse hay que estar desesperado, hay que sufrir mucho, no? De qué te sirve comer langosta cada día si estas deprimido, si tienes ansiedad, si por dentro tu vida es un infierno? Por tanto, el agente principal del sufrimiento y la felicidad es la mente. Si la mente esta mal, todo lo demás da igual. Nada va a poder hacerte sentir bien. Por el contrario si la mente esta bien, esta feliz, esta llena de factores mentales y emociones causantes de felicidad interna, estás bien aunque lleves una vida muy sencilla materialmente. Yo he visto en india, pobres con una sonrisa en su cara, muy contentos, sin poseer nada mas que un taparrabos, y gente con mucho dinero y muy exitosa externamente profundamente deprimida y miserable. La mente es el fenómeno mas importante de conocer para nuestra vida, ya que es el Dios que decide si sufres o eres feliz, si vives en el infierno o en un paraíso. Los estados mentales además se proyectan en el exterior de tal manera que el estado de tu mente se convierte en el estado de las cosas que te rodean. Cuando estas triste la vida aparece triste a la mente, todo es oscuro, nada tiene sentido. Cuando la mente está contenta, incluso mirar el cielo es agradable. Nuestra mente esta detrás de toda nuestra experiencia.

Te has sentido alguna vez discriminado?

Si, una vez. Cuando viví como monje en el monasterio en el sur de Francia. Cogí un bus con el lama del monasterio para venir a Barcelona. De camino el autobús paro en Girona. Y resulta que llegamos tarde al autobús y el conductor nos insultó diciéndonos que éramos unos ‘hare khrisna’ asquerosos. Me dolió mucho y me sentí como un negro en Alabama. Comprendí el dolor que pueden sentir la gente cuando es discriminada por raza, sexo, país de origen o religión.

Qué te hubiera gustado hacer que ya no podrás?

Todos mis sueños están aún por cumplirse y no tengo ninguno que todavía no pueda lograr. Mi vida consiste en trabajar por ellos, ellos me mantienen con vida.

Qué te genera ansiedad? Cómo lo afrontas?

Hoy día nada me genera ansiedad. A veces cuando tarda mucho un camarero en traerme la comida me pongo un poco inquieto. Lo soluciono no volviendo al restaurante. O pidiendo a otro camarero.

Cómo valoras a la sociedad en la que vivimos? Qué nos falta para que la consideres mejor?

No puedo valorarla peor. Creo que es un error de principio a fin. Es una sociedad donde imperan dos filosofías que se retroalimentan: el materialismo y el materialismo espiritual. El materialismo, como filosofía de vida, buscar la felicidad y el sentido de la vida en lo externo, y en la posesión, la competición, la imagen, en definitiva en el aferramiento, en asir la realidad. Y el materialismo espiritual, la espiritualidad pervertida, convertida en un producto de mercado, que no se sale de lo anteriormente mencionado, sin ninguna profundidad, superficial, competitiva, como un negocio o algo de lo que fardar.

Nos falta educar en las causas auténticas internas de felicidad. En promulgarlas, estudiarlas y practicarlas a fondo. Construir una sociedad que lo premie, lo enseñe, lo valore, y lo trasmita. Una sociedad que se construya a su semejanza.

Si supieras que mañana es tu ultimo día de vida, qué harías? Cómo lo pasarías?

Despedirme de todos y meditar. Moriría meditando. Espero poder morir meditando.

Un libro…

Un libro… Mas alla del materialismo espiritual de Chogyam Trungpa. Una película… la vida es bella de Roberto Benigni. Un plato… unos buenos calçots con Romesco. Alguien a quien admiro… a mucha gente!! El Dalai Lama entre todos. No por ser el Maestro mas importante del Budismo tibetano… es la persona que he visto que mas beneficia al mundo. En todos los sentidos, crea harmonía entre las religiones, enseña el budismo por todo el mundo, ha creado un dialogo con la ciencia, trasmite amor, paz, sabiduría allá donde va. Y nunca descansa para hacer todo ello. No he visto a nadie mejor que él. Un momento perfecto… Con la mujer más especial que pueda haber sin duda.

Entrevista: Sergio Elucam