¿Qué supondría ser padre?

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La verdad es que antes del tsunami nunca me había planteado seriamente la idea de ser padre. Estaba tan centrado en disfrutar intensamente del día a día que ni se me pasaba por la cabeza. Bien, pues de eso hace ya diez años. Es curioso que empieces a pensar en la paternidad después que te suceda algo así. Y que lo tengas que hacer con unos condicionantes añadidos con los que antes no contabas. ¿Por qué ahora? Esta sociedad lo vende como el único y siguiente paso hacia tu felicidad, puede ser el factor de la edad el que provoque que me diga a mí mismo que si me lo planteo ha de ser ahora o simplemente será porqué tengo ganas de lanzarme a vivir una nueva experiencia.

Dicen que ser padre te cambia la vida, que cambian tus prioridades. Eso al menos es lo que me llega de los padres de mi entorno. Siempre se ha dicho que ser madre o padre no es una tarea fácil, la pregunta que me hago es: ¿cuánto más se complica teniendo una discapacidad?.

Durante estos últimos años se ha ido produciendo una lucha interna cada vez que este tema ha aflorado en mi cabeza, ganaban más las voces negativas. Esas que me formulaban preguntas que parecían aterradoras. ¿Cómo vas a tener un hijo si no le podrás coger en brazos? ¿Cómo te las apañarías para cambiarle el pañal, bañarle o vestirle? ¿Cómo saldrías corriendo detrás suyo? ¿Cómo se lo vas a contar cuando crezca y note algo diferente en ti? Etc. He pasado por épocas de llegar a infravalorarme y cuestionarme tanto a mí mismo que posiblemente he estado descartando algo que me apetecía vivir. Me parece que esas voces no se van a callar y siempre van a estar ahí.

Al fin y al cabo, no son más que los miedos a los que me sigo enfrentando cada día. Miedos a no poder desempeñar ciertas actividades o sentirme vulnerable. Son ese tipo de mensajes que estoy aprendiendo a ignorar. Pero supongo que estos monstruos se hacen mucho más grandes porque el plantearte ser padre son palabras mayores. Es una gran responsabilidad. Si se diese el caso, ya no importarían los obstáculos y no habría más opción que hacerlo bien. ¿Pero qué es hacerlo bien? Cada persona lo afrontará a su manera, esto depende de mil circunstancias. Si das todo lo que tienes, ¿qué puede salir mal? Y entonces me pregunto si mis miedos son realmente tan distintos a los de los demás.

Lo fácil sería plantearlo desde los múltiples inconvenientes añadidos y acabar descartándolo, pero quiero hacerlo de una forma diferente y poner por delante todo lo bueno que me traería esta nueva etapa en mi vida. Si quiero ser honesto conmigo y con todo el camino que llevo recorrido, lo tengo que enfocar desde la normalidad y no desde la discapacidad.

Es en estos momentos cuando te cuestionas acerca de la paternidad que, inevitablemente, haces un recorrido visualizando la figura de los padres que he ido conociendo. Empezando por el mío que tanto me ha aportado. Alguien tan distinto a mí que me llenó de cariño pero que no dejaba de ponerme las pilas cada vez que hacía falta. Y en paralelo el papel más comprensivo que jugaba mi abuelo. ¿Hubiera cambiado algo si ellos hubieran tenido algún tipo de discapacidad? La verdad es que estoy seguro de que no.

Y entonces cuando tenía quince años llegó un bebé a casa que llenó aún más si cabe nuestras vidas. Mi hermana pequeña fue un subidón para toda la familia. Esos años pude experimentar muy de cerca lo que representa cuidar de un bebé y también lo puedo tener como referencia.

Otro momento muy significativo de mi vida está también vinculado con la llegada al mundo de otro niño. Fue cuando me propusieron ser padrino, a los años de pasar el tsunami. En el momento que te dicen que te escogen a ti para jugar el rol de padre si a ellos les pasará algo me llenó de emoción. ¿Qué habrían visto en mi?

En estos últimos años, lo que me ha tocado más de cerca ha sido el goteo incesante de bebés que han llegado a los hogares de las parejas que me rodean. Cada vez te fijas más en todos los detalles y la forma de actuar de los padres. Me intento imaginar en esas situaciones ¿Cómo sería yo jugando ese papel?

Quizás tenga dificultades para hacer ciertas cosas que ‘tradicionalmente’ hacen otros padres sin pensar. Quiero creer que, como en tantos otros aspectos, con paciencia, imaginación y ayuda de mi pareja me iría adaptando y llegaría el momento en que podría con todo lo que viniese.

Para mi representaría un nuevo gran salto al vacío. Representaría aprender más que nunca. Seguro que me encontraría con cosas que no esperaba. Seguro que la vida se reduciría a instantes de los que disfrutar. Con certeza, todo superaría mis expectativas. Y es que seguramente ser padre implica mucho más que tener un hijo, es algo que te transforma como persona y define un nuevo punto de partida.

Lo que tengo claro es que ahora si me doy la licencia de imaginar con ilusión cómo encajaría este cambio en mi vida. Sin duda sería positivo.

Aquí os dejo un video que demuestra que todos los miedos, incertidumbres e indecisiones tienen que desaparecer cuando hay alguien que te necesita.

 

¡Levántate y vive! lectura imprescindible

Hoy 7 de noviembre se presenta el libro de Carmen Bastida Marco / Jorge Bastida Sala  y que así describe a la perfección uno de sus autores:

Hubo una vez, hace ya más de diez años, una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme, que vieron en las personas afectadas de enfermedades invalidantes y crónicas un filón de rendimiento literario dirigido al morboso interés reinante por escarbar en las vidas y desgracias ajenas y me pidieron que escribiera este libro. Dos años después, decidí escribirlo por mi cuenta y riesgo. Se trataba de las reflexiones que teníamos mi entonces terapeuta y yo después de dialogar con afectados, familiares de afectados, médicos… Pero se rompió el guión… Mi terapeuta marchó muy lejos y yo me caí muy cerca. Una vez levantado moralmente, redirigí el guión hacia una segunda parte de recopilación de artículos, especialmente de mi hija (también afectada) que conforman un blog que compartimos y que se denomina: Sonrisas forever (www.sonrisasforever.es). Y de la unión de mi experiencia y la inteligencia emocional de mi hija, nació: Levántate y vive.

 

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“Mi vida cambió”, disfruta del reportaje completo de la revista LECTURAS

Si el pasado mes de agosto no pudiste conseguir un ejemplar de la revista LECTURAS, en la que cuento lo que me pasó y cómo cambió mi vida, aquí os dejo el reportaje completo.

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Cómo enfrentarse a un viaje en solitario

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He sido un apasionado de los viajes toda la vida. Visitar otros países y conocer otras culturas siempre me ha fascinado. El hecho de haber vivido en el extranjero y haber viajado bastante me ha brindado la oportunidad de conocer a mucha gente y tener la suerte de hacer grandes amistades que a día de hoy aún conservo como oro en paño.

Una de estas amistades para toda la vida se cruzó en mi camino hace muchos años en el entorno laboral y no fue en un viaje precisamente. En Barcelona, la empresa para la que estaba trabajando estaba inmersa en procesos de traspaso de varios departamentos a otras sedes de Europa del Este y Asia. Por este motivo se desplazaron a Barcelona un grupo de empleados de la India durante unos meses.

Y un día antes de lo programado, allí estaba ese chico tan diferente al resto de ese grupo. Tan extrovertido, tan imaginativo, con puntos de un humor genial, tan adaptado desde el primer momento a la cultura española. Se veía a la legua que era especial. En poquísimo tiempo ya chapurreaba castellano para que el acercamiento fuera aún mayor. Allí estaba mi amigo de Bangalore, Vikram. Cuánto nos divertimos con él. El hecho de pasar muchas horas juntos dentro y fuera de la oficina hizo que se forjara una gran amistad en muy poco tiempo.

Era mi segundo año en Madrid cuando recibí su invitación de boda. Que alguien te invite a su boda por lo general te hace ilusión. Pero cuando es alguien al que no ves desde hace mucho tiempo y que se acuerde de ti para un momento tan importante en su vida, es emocionante.

Era un poco una locura. Pero la vida está para hacer este tipo de cosas. Significaba una gran oportunidad que no podía dejar escapar. Cuantas veces en mi vida iba a tener la posibilidad de asistir a una boda en la India. Esta proposición indecente parecía llegarme en el momento perfecto. En ese instante de empezar a sentirte con las fuerzas necesarias y no poder rechazarlo. Sabía que no me dejaría indiferente y que los esfuerzos me iban a recompensar. No imaginé que me iba a ofrecer tanto a cambio. Iba a ser un viaje necesario y regenerador en todos los sentidos.

Me permitió romper mi rutina que es tan necesario. Además, no tenía plan de vacaciones para ese año. Pero claro, no pensareis que iría a la India sólo para la boda. Tenía que sacar aún más partido a ese viaje. Y aprovechando que en la India no había estado nunca, me plantee unos días de pequeño recorrido antes de la boda. El plan era recorrer y conocer el máximo del Sur de la India y acabar en ese pueblecito perdido de la mano de dios en Bangalore donde se celebraba el evento. Para sacar el máximo partido había contratado conductor para las primeras etapas. Las siguientes y largas rutas entre cada parada las hice en trenes nocturnos. El punto de partida fue Chennai, recorrí la costa de Tamil Nadu hasta Mahaballipuram, seguir el viaje hasta Pondicherry, antigua colonia francesa. Dejé atrás el océano índico hasta llegar a Tanjore. Supuso un cambio de escenario de tierras más áridas a la plena jungla. Habiendo cruzado todo el sur de la India, llegué a Cochín. Ese era el punto de encuentro con otra ex compañera de trabajo en aquella época y amiga también de Vikram. Juntos hicimos un trayecto por los backwaters haciendo noche en una barcaza arrocera. Y posteriormente sin escalas directos en tren a las fascinantes playas de Goa. De ahí volamos hasta Bangalore donde se celebraba la boda.

Hasta ahí llegaba el viaje planificado con la agencia de Madrid. A partir de entonces, Vikram nos lo había organizado para pasar noche en Bangalore capital y nos indicó como llegar al centro de la región. Y es que las ceremonias (si, las ceremonias, porque las inacabables bodas en la India duran varios días) eran en los pueblos natales de Vikram y su mujer que estaban en la provincia de Bangalore, a 4 horas por carretera de la capital.

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Suponía hacer gran parte del viaje sólo. A un país muy lejano y que a priori, te puede producir inseguridad por muchos motivos. Eso en ningún momento me tiró para atrás sino todo lo contrario. Viajar sólo tiene sus ventajas y las quería exprimir. Siempre que he viajado sólo he aprendido mucho. Todo es más intenso y más constructivo. Era una ocasión para conocerme más a mí mismo en ese momento. Para ver en qué punto seguían mis miedos y para al mismo tiempo sorprenderme. Ese paréntesis te da un espacio para reflexionar sobre tu vida desde otra perspectiva distinta. Y lo más importante me iba a exigir porque no iba a tener a ningún intermediario. No iba a tener otra que lanzarme a interactuar si quería cualquier cosa. Un reto en toda regla.

Recuerdo verme en aquella habitación de hotel de Chennai mirando por la ventana a la inmensidad y el caos de la gran ciudad, y decirme ¡vamos allá!

No es mi intención en este post hacer ni de guía turístico ni narrar la cantidad de maravillas que me encontré a lo largo del viaje. Más que nada porqué se convertiría en inacabable y podríamos estarnos hasta las mil. Y supongo que en este blog se espera más el cómo afronté la infinidad de dificultades que se ponían por delante. Y la verdad que por encima de todo estaba lo mucho que intentaba disfrutar del viaje. Dedicaba mucho tiempo a sentir, a oler, a escuchar, explorar, a empaparme del ambiente y de lo que la gente me transmitía. Me paraba y observaba a la gente imaginando cómo era el ritmo de vida allí. Dentro de lo posible me planteé vivir cada etapa sin prisas, sacando partido de cada paseo, de cada momento, de cada parada, de todo lo que me ofrecían aquellos lugares. Soy una persona de memoria fotográfica y el carrete que conservo de la India en mi cabeza es interminable. Eso pasó por encima de todos los momentos de agobio que requerían más esfuerzo.

Dicho esto, no voy a obviar la cantidad de obstáculos, impedimentos y apuros por los que pasé. Lo cierto es que la primera parte del viaje fue la más cómoda entre comillas. Me refiero a que todos los transportes y alojamientos estaban contratados y no me tenía que preocupar de nada en ese aspecto. Pero si en todo el resto. Y dentro de ese resto, no sabría por dónde empezar a contar las innumerables dificultades a las que me enfrenté. Sabía muy bien que por mucho que planificara, los imprevistos no dejarían de aparecer.

Si en esa primera parte del viaje no visité más de veinte templos, no visité ninguno. Para entrar en los templos hay que hacerlo descalzo. Recuerdo el suplicio que significaba quitarme el calzado y la férula sin ni siquiera sitio para sentarme en muchas ocasiones. El bullicio de la gente lo hacía aún más incómodo. El moverme por dentro de cada templo sin la ayuda de la férula y sin calzado tampoco fue fácil, mucho menos apañármelas para subir y bajar aquellas escaleras. Recuerdo muchos de aquellos momentos como realmente incómodos. Podía haberme quedado fuera pero no había viajado hasta la India para quedarme a las puertas y no poder disfrutarlos desde dentro.

Por muchas precauciones que mantengas con la comida y beber agua embotellada, tienes todos los números de pillar la famosa diarrea del viajero. Y te suelen durar varios días y el viaje no paraba. En más de una ocasión fue complicado encontrar sitios decentes y medianamente higiénicos para hacer frente a sus consecuencias. Creedme que la agilidad y la movilidad de tu cuerpo te da un plus en este sentido. Hasta ahí puedo leer que no pretendo resultar escatológico.

Cuando te adentras en pueblos pequeños, alejados de las grandes ciudades, las condiciones y la higiene brillan por su ausencia. Estuve en habitaciones donde daba gracias de llevar una funda para cubrir lo que se podía llamar colchón y donde los baños eran literalmente un grifo de agua fría con un cubo. Os hacéis una idea de cómo puede apañármelas para ducharme con una mano, ahora lo pienso y ni yo me lo explico. Recuerdo en algún momento reírme de mí mismo en alguna de aquellas situaciones que acabaron resultando realmente cómicas.

El encaramarse a las literas elevadas de los trenes de esas supuestas primeras clases, el cargar con la maleta en determinados trayectos largos de autobuses llenos hasta bandera, el no poder sentarte en el suelo con facilidad para comer…Y así una multitud de escollos que ya de por sí suponen un inconveniente para todo el mundo. Para mí siempre lo eran un poco más. Al final te quedas con el viaje en su conjunto en el que las dificultades a las que te enfrentas y superas forman parte del mismo.

La ceremonia fue el broche de oro. Fue un privilegio estar presente en un evento tan tradicional alejado de rutas turísticas programadas. No nos queríamos perder ningún detalle. Desde el colorido de los vestidos a cada una de las tradiciones tan diferentes a las nuestras. Fueron varios días seguidos de presentaciones de la pareja en sociedad en sus localidades natales. El mezclarme con la familia y amigos hace que lo vivas de forma aún más cercana. Que te expliquen todo desde dentro no tiene precio. No nos dejaron solos ni un instante. Recuerdo llegar a la casa del novio después de la primera gran ceremonia. La sensación extraña de sentir que en ningún momento me miraban raro. Todo era gentilidad y tener la sensación de que se desviven por ti. Eres su invitado en mayúsculas.

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Como en todos los sitios lo que los hace especiales son las personas. Y la India no iba a ser menos. Seguro que hay todo tipo de gente. Más en un país en que muchas zonas viven del turismo y al extranjero lo ven cómo fuente de ingresos. O por su conocido carácter rudo. Pero quiero basarme en mis sensaciones. Yo me encontré con gente encantadora. No sé si es porqué tuve suerte, porqué en muchos tramos del viaje te alejas de los núcleos más turísticos y te adentras en remotos pueblos o porque ya conoces a alguien y su familia y amigos te arropan. Gente muy afable, que te ayuda con tu viaje y que comparte sin esperar nada a cambio.

Y en este sentido se produjeron varios episodios que me marcaron y con los que me quedo. En más de una ocasión, que recuerde en este momento, un turista local de otra región de la India en el bar de un hotel, un guía en Cochín y otra persona asaltándome por las calles de Bangalore. Al ver mis dificultades de movilidad, se pararon para recomendarme tratamientos de medicina tradicional local, más conocida como Ayurveda. De cada uno de ellos me llevé apuntado en un papel el nombre de un centro, de un especialista o de un método propuesto para mi caso. Al rato te paras a pensar y dices, cómo es posible que gente que no te conoce de nada se preocupe así de mí y te intente ayudar. Es para reflexionar.

Están esos tópicos que dicen que “la India no deja a nadie indiferente” o que “a la India la amas o la odias”. Supongo que las opiniones pueden ser mil debido a los diferentes condicionantes del viaje. Solo puedo decir que a mí me fascinó quizás porqué fui a dejarme sorprender. Ese viaje significó el demostrarme a mí mismo que podía volver a viajar por mi cuenta. Había recuperado una de mis pasiones. Creo que siempre le deberé algo a la India.

“Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia” entrevista a Carlos Owono.

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Estoy en una época en que parece que gente de mi pasado vuelve y lo estoy disfrutando. Ya tuve el placer de entrevistar a mi amigo Simón y en esta ocasión se trata de otro compañero de la EGB.

A través de una red social, hace un tiempo se empezó a crear un grupo de antiguos alumnos del colegio. Empiezas a intentar reconocer a la gente después de tantos años. Un montón de recuerdos de esa época que vuelven. Te preguntas que habrá sido de sus vidas.

El animador del cotarro no podía ser otro que el Charly. Si, aquel golfillo sin vergüenza que se dedicaba a todo menos estudiar. Menuda pieza de museo. Mi sorpresa fue cuando al cabo de un tiempo colgó un mensaje diciendo que esa noche iba a estar en un conocido programa de televisión. ¿Cómo? ¿El Charly en la tele? Se le veía de fondo. Lo reconocí enseguida porqué tiene la misma cara de pillo de siempre. Estaba coordinando el show televisivo Nitro Circus que consiste literalmente en llevar el motociclismo freestyle hasta límites insospechados. En esta ocasión se trataba del famoso Travis Pastrana realizando uno de sus saltos imposibles.

En una conversación reciente me comentó brevemente su periplo por el extranjero partiendo de cero y afrontando muchas dificultades. Y entonces te das cuenta que detrás de aquel chico travieso y rebelde, hay una historia de superación. Es por eso que le pedí el favor que accediera a responder a nuestro formato de entrevista.

Para mí es un fiel reflejo de gente al cuadrado que afronta la vida con valentía y lucha por no dejar de superarse para conseguir sus sueños. Alguien que, cómo muchísima gente, ha tenido que marcharse de España para labrarse su futuro.

Gracias Charly por la entrevista y por tu generosidad al abrirte y contar tu historia. Seguro que tus palabras van a contagiar de ánimo a mucha gente.

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Cuéntanos un poco acerca de ti, ¿Quién es Carlos Owono?

Una pregunta tan simple y tan difícil de contestar! En el plano, por así decirlo más físico, soy un niño de barrio de 40 años recién cumplidos que acaba de ser padre y que trabaja en algo que le encanta. He tenido la suerte de viajar mucho y también de vivir en varios países, algo que me ha enriquecido infinitamente a nivel personal. Aunque tengo estudios universitarios, todo lo que me ha servido para la vida lo he aprendido fuera de cualquier recinto, en otras palabras, en la calle. En el plano espiritual… una persona que lucha cada día por ser mejor, un mejor hijo, hermano, amigo, marido, en resumen, una mejor persona.

Dicho lo cual, siempre he pensado que la mejor manera para saber sobre uno mismo es preguntarle a la gente de su entorno. Así que esta respuesta queda incompleta a falta de reunir a unas cuantas decenas de personas y que ellas nos expliquen un poquito más acerca de mi.

En tu vida ¿De qué estás más orgulloso? ¿Te arrepientes de algo?

Lo resumiría en dos ‘atrevimientos’. El primero fue el atreverme a dar el paso de ir a vivir a Inglaterra cuando solo tenía 19 años y 160€ (25,000 pesetas) en la cuenta/bolsillo. El contexto era muy diferente al de ahora, decidir irse a otro país, significaba desaparecer. En aquella época, aunque ya se empezaba a oír hablar de internet, no mucha gente lo utilizaba, y obviamente tampoco el email, por lo que solo pude seguir en contacto con un par de amigos con los que me escribía una carta al mes y con mi familia, con la cual hablaba cada dos semanas desde una cabina a la que ellos me llamaban (dato curioso, en Inglaterra puedes llamar a las cabinas). Mi idea era ir a Inglaterra a pasar un verano, unos 3 meses, para aprender inglés y volver ‘corriendo’ para casa, pero esos 3 meses se convirtieron en 7 años. En ese tiempo hice una carrera doble – Economía internacional y Filología Alemana -, un Master y un año de Erasmus en Alemania.

Otro momento clave en mi vida del que también me siento muy orgulloso, es el haber encontrado la fuerza y voluntad de dejarlo todo (un buen trabajo, pareja, piso en el centro de BCN, etc) cuando ya tenía 31 años, e irme a vivir 2 años fuera. En este tiempo viví un año en Paris, 6 meses en Roma y 6 meses en Salvador de Bahía, donde di clases de inglés y castellano en una favela de la ciudad. Estos dos años de ‘reset’ los aproveché para aprender francés, italiano y portugués.

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¿Arrepentirme de algo…? Sí y no. Por un lado, sí, me arrepiento de cosas casi a diario. Cosas, no muy graves obviamente. Por otro lado, no, pues creo que todo lo bueno o malo que hacemos y/o experimentamos nos sirve para crecer como personas.

El momento negativo más impactante en tu vida ha sido….

¿Qué pasó? ¿Cómo te marcó?

Quizás mi respuesta sea algo inusual pero no recuerdo ningún momento negativo. Al menos no en el sentido de que dicho momento haya tenido un impacto en mi vida. Sí que es verdad que he tenido miles de experiencias, llamémosle, no muy positivas, pero realmente no me viene nada a la cabeza que me haya marcado por su negatividad.

Cómo has superado esa adversidad que te ha puesto la vida? ¿Qué papel han jugado los que te rodean?

Los años fuera han sido tan enriquecedores como duros, sobre todo el primero. Un 7 de julio estaba en Barcelona, disfrutando del sol, el verano, mi familia y mis amigos y un 8 de julio aterrizaba en un país gris, frío, donde no conocía a nadie y lo peor de todo, no hablaba la lengua. Hay un dicho inglés que me gusta mucho y que en cierto modo siempre he aplicado a mi vida, when the going gets tough the tough get going, que viene a decir algo así como, cuando las cosas se ponen duras, los duros le plantan cara. Y supongo que siguiendo esa filosofía fui capaz de conseguir un trabajo de pinche de cocina, que a día de hoy aún no sé como pude conservar, pues durante los 3 primeros meses nunca supe lo que me pedían o querían que hiciera (mucho lenguaje de signos!), aprendí inglés a marchas forzadas y sin habérmelo planteado, desperté una mañana en una universidad inglesa listo para empezar una carrera que me tendría ‘atado’ a Inglaterra por unos añitos más.

Los años de universidad tampoco fueron un camino de rosas. Gracias a una beca pude pagar la matrícula y asignaturas, pero los gastos del día a día, incluida la estancia, me los tuve que pagar yo de mi bolsillo y, como todos sabemos, Inglaterra no es un país precisamente barato. Eso significaba trabajar casi todas las tardes de la semana en un teatro como camarero y todos los fines de semana en una empresa de catering. Eso sí, el lugar de trabajo no podía ser mejor, al menos para un futbolero empedernido como yo. Trabajaba en una empresa de catering que tenía la concesión de todos los campos de futbol de Londres, entre ellos el del Arsenal (mi equipo favorito inglés), Chelsea, Tottenham y el mítico Wembley, el antiguo! Los recuerdo como años en los que no paré ni un segundo, no hubo día en que no tuviera que estudiar, trabajar o verme obligado a salir de fiesta 😉

El como he superado las adversidades, se podría resumir en que lo he hecho con una gran constancia, una fuerza de voluntad inquebrantable y con el convencimiento de que al final del camino hay una gran recompensa.

Ni que decir tiene que, aunque en la distancia, la familia siempre está ahí y te ayudan de la mejor forma que saben y/o pueden, pero lo que más me ha ayudado en los años que he estado fuera, es la gente que estaba en una situación similar a la mía y con la que he forjado una amistad muy especial. Esa ha sido la gente que mejor ha entendido por lo que estaba pasando, esa profunda soledad, esa nostálgia de casa y de los tuyos. Y esa gente son los que en esos momentos, se acaban convirtiendo en los ‘tuyos’.

Te sigue afectando a día de hoy? ¿Cómo?

Ya estoy de vuelta en casa, Barcelona, así que puedo decir con una gran sonrisa en los labios que la prueba de haber pasado años lejos de mi ciudad, familia y amigos ya está superada.

Qué crees que les hace falta a muchas personas para encarar la vida con más optimismo? ¿Qué consejo nos darías?

Hace falta conocerse mejor, controlar las expectativas, ser feliz con lo que se tiene y sobre todo ser conscientes y disfrutar del ahora. Como todo, esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero hay que intentarlo. Algo que me ha ayudado mucho es la meditación. Empecé a practicar meditación hace un par de años y la verdad es que me siento mucho mejor conmigo mismo, lo que a su vez me hace sentirme mejor con todo lo que me rodea. Y cuando se cumplen las dos premisas anteriores, todo y todos a tu alrededor se contagian de esa positividad y buen rollo. Hay una frase de Marcel Proust que ilustra muy bien esto que acabo de explicar – Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia.

Te has sentido alguna vez discriminado? ¿Cómo reaccionaste?

Ya que soy mulato (mi padre es de Guinea Ecuatorial y mi madre de Salamanca), la respuesta podría parecer obvia y más aún habiendo crecido en una España recién salida de una dictadura. Pero, por suerte, nunca me he sentido discriminado por mi raza, ni en España ni en ninguno de los otros países en los que he vivido. Tampoco he sentido ningún otro tipo discriminación, ya sea por mi nacionalidad, forma de pensar o valores.

Qué te hubiera gustado hacer y sabes que ya no podrás?

Te doy una respuesta fácil y frívola… jugador de Barça! Jaja.

Y una respuesta más meditada… tenía una lista muy simple de cosas que quería hacer en la vida y que poco a poco he ido consiguiendo. Las cosas que siempre quise hacer son; tener carnet de moto y una moto de gran cilindrada, hecho, aprender a surfear la nieve – Snowboard, hecho, ser padre, hecho y la que más me está costando, pero ya llevo tres años dedicándole muchas horas, tocar el piano. Esta última, creí que nunca la conseguiría, pero quien lo iba a decir, ahora hasta puedo tocar alguna que otra nota escrita por el maestro Bach.

Qué te genera ansiedad? ¿Cómo lo afrontas?

Por suerte no hay nada concreto que me genere ansiedad. Supongo que mi manera de ser, tranquilo y pragmático ayudan mucho.

Cómo valoras a la sociedad en la que vivimos? ¿Qué nos falta para que la consideres mejor?

Considero que como sociedad somos mucho mejores y estamos más avanzados de lo que creemos. Hay gente muy crítica, que dejándose llevar por ciertos hechos puntuales de la actualidad, dicen que vamos a peor, que estamos dormidos, etc. Yo creo que si miramos la historia de una forma analítica, nos daremos cuenta de que nunca hemos tenido una sociedad tan crítica, consciente y responsable. Eso no quiere decir que quede muchísimo por mejorar, de hecho siempre quedará algo por mejorar, pues no creo que una sociedad pueda llegar a la perfección (sería aburrido!). Lo bueno es que la evolución, aunque muchos se empeñen en ir contra ella, siempre nos lleva hacía adelante. Soy de los que piensa que hoy estamos mejor que ayer y mañana estaremos mejor que hoy.

Entre otras cosas, lo que creo que le falta a esta sociedad para ser mejor es la empatía. Tendríamos que hacer más a menudo el ejercicio de ponernos en la piel del otro, dicho de otra manera, ponernos sus zapatos y caminar con ellos. Las cosas son y las cosas pasan, no son necesariamente ni buenas ni malas, simplemente hay diferentes maneras de verlas.

Si supieras que mañana es tu último día de vida, ¿Qué harías? ¿Cómo lo pasarías?

Me levantaría muy pronto, sobre las 5 de la mañana. Dedicaría unos minutos a agradecerle a la vida el haberme dado un asiento de primera clase en este viaje. Saldría a la calle e iría a los bunkers del Carmelo a ver amanecer, a ver salir el sol por última vez sobre Barcelona. Luego volvería a bajar a casa, despertaría a mi mujer y a mi hijo y nos iríamos a desayunar unos Eggs Benedict y unos Pancakes en Ciutat Bella. Después aprovecharía para ir a dar un paseo por la Barceloneta y la playa. Llegada la hora de la comida reuniría a todos mis amigos y familia en Gracia, mi barrio de siempre. Comeríamos y departiríamos hasta bien entrada la tarde. Seguidamente, me gustaría que todos fuéramos a pasear por las calles del barrio parando en alguna que otra terracita de las bonitas plazas de Gracia (seguro que me encontraría a Simon Bianco en la terraza del Canigó). Para acabar el día, le preguntaría a mi mujer si cenamos en casa o fuera (seguramente me diría fuera), al volver a casa me sentaría en el sofá con ella para recordar nuestros mejores momentos (nos conocemos desde los 14 años, así que tenemos unos cuantos), daría no menos de 100 mil besos a mi hijo, le arrullaría hasta que se durmiera y finalmente me iría con mi él y mi mujer a la cama, donde me quedaría dormido abrazado a los dos.

 

Un libro, una película, un sitio, un plato, alguien a quien admiras? Un momento perfecto y con quien compartirlo?

Libro…Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Es el libro que marcó la frontera entre leer por obligación y leer por placer.

Película…Der bewegte Mann. No diría que es mi película favorita pero sí como una película que tuvo un gran impacto en mi. Gracias a ésta descubrí el cine europeo y en versión original. Desde ese día he sido un asiduo a los cines Verdi y rara vez he vuelto a ver una película doblada. Y aunque nunca lo había pensado hasta ahora, tengo la sensación que despertó mi curiosidad por otras culturas y lenguas.

Sitio… La cima de una montaña en un soleado día de Febrero, con la tabla de Snow en mi pies, listo para el descenso.

Plato… Tapas varias, ensaladilla rusa, croquetas, patatas bravas, etc…

Alguien a quien admiro… de mi entorno, a dos personas, a mi mujer por su fuerza y a mi amigo Florenci por su tenacidad. Y de una manera más genérica a muchos de los entrevistados de La Contra de La Vanguardia, gente con historias encomiables.

Momento perfecto… viernes tarde en un bar con los amigos, charlando de cómo ha ido la semana y recordando las mismas historias de siempre.