Por favor, dime ven

espinosa

Me recomendaron el libro SI TU ME DICES VEN LO DEJO TODO…PERO DIME VEN para el blog. Estaba seguro de que no me decepcionaría y nos podría aportar muchas cosas interesantes. Y lo cierto es que ha superado todas mis expectativas. Gracias Alberto Santos, te aprecio un montón.

Este libro con título de bolero es una de las primeras novelas de Albert Espinosa dentro de su dilatada carrera cómo autor teatral, guionista, escritor y director de cine y televisión. Se dio a conocer al gran público por la serie Pulseras Rojas. Siempre me gusta indagar un poco acerca del autor una vez que me he leído su libro. Y en el caso de Albert, me ha servido para entender mucho mejor su identificación con el personaje. Albert sobrevivió a tres cánceres, perdió una pierna y en esta novela vuelca todo lo que ha ido recogiendo en su mochila vital. De hecho, muchas de las vivencias proceden de los hospitales en los que pasó largas temporadas. Recopilando ideas para el título del libro, empezó barajando una frase que le dijo una persona de ochenta años que conoció en el hospital, Amar siempre se conjuga en Pasado. Según él, se quiere a alguien en presente y se ama cuando la has perdido. Pero finalmente se inclinó por un regalo de una señora de noventa años con la que se cruzó en la panadería. La vida de esta mujer hubiera cambiado mucho según ella, si la gente le hubiera dicho ven, si le hubieran dicho lo que sentían.

Es un libro que se lee de un tirón. Simplemente los títulos de sus capítulos ya te hacen reflexionar. El contenido es breve, pero al mismo tiempo, muy intenso.

Dani, el protagonista, con una infancia complicada por haber nacido diferente y por la pérdida de sus padres, acabó encontrando refugio en su profesión, buscar niños desaparecidos. Recién abandonado por su pareja y sin rumbo, recibe la llamada de teléfono de un padre que, desesperado, le pide ayuda. Precisamente ese último caso le lleva a Capri, la ciudad donde él se perdió y se encontró. Un lugar especial en el que aflorarán recuerdos de su niñez y de los dos personajes que marcaron su vida: el señor Martin y George. Estas dos perlas han existido en la vida de Albert y se recrea poniéndolas en el camino de Dani. Personajes entrañables que le enseñan infinidad de cosas a Dani y le dan consejos de vida para ser feliz. El reencuentro con el pasado llevará a Dani a reflexionar sobre su vida, sobre la historia de amor con su pareja y sobre las cosas que realmente importan. Le hace darse cuenta de la necesidad de dar pasos hacia adelante con valentía.

La verdad es que, en muchos momentos, yo también me he visto identificado con el protagonista. Creo que todo el mundo se podría ver reflejado en Dani en alguna ocasión. Quién no se ha encontrado perdido alguna vez y con la necesidad de parar el mundo durante un tiempo. Parar el mundo, significa decidir conscientemente que vas a salir a él para mejorarte y mejorarlo. Luego el mundo te premia porqué el universo conspira a favor de los que lo mueven. Pero cómo George le enseña a Dani, no se puede parar el mundo sólo, hace falta la energía de una persona más. Siempre que te pierdes, encuentras a alguien. O no es verdad que alguna vez hemos parado el mundo y lo hemos compartido con alguien. Son personas que se cruzan en tu vida y le dan sentido.

Me veo reflejado en el personaje por su curiosidad y manera de indagar acerca de las personas que no conoce. Vamos que estoy hecho un cotilla en toda regla. Soy de los que disfruta sentándose en un banco de una terminal de aeropuerto viendo la gente pasar y fabulando acerca de sus vidas.

Tiene una exagerada fijación en lo que simbolizan determinados los objetos. Hasta el punto de considerarlos con vida. Algo qué te da vida, está vivo. Lo que para Dani representa un faro, un maniquí o unos anillos, para nosotros pueden ser muchos otros objetos. Mis objetos también me suelen tele transportar al pasado. Y esto es exagerado cuando paso unos días en la casa familiar del pueblo. Tantos objetos cargados de recuerdos y que te hacen recordar tanto de lo vivido entre esas paredes. Una de las frases que más me ha gustado es en la que afirma que “lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso”.

Algo que considero una gran verdad, “Si dominas tu cuerpo, quizá dejarás de huir”. En mi caso lo interpreto no sólo cómo dominar o conocer mi cuerpo, sino cómo aceptarlo. Perder de una vez ese miedo a verme y que me pueda hacer daño. Creo que estoy en el camino. Cuando lo consiga por completo, si consideraré que dejaré de huir. El fin de semana pasado me volví a sentir pequeño, cómo si mucho de lo que he avanzado no fuera cierto. Espero sea sólo una sensación y que este blog siga teniendo sentido.

Lo que ha aprendido Dani a lo largo de su vida es que “Olvidarse de reír, es un olvido imperdonable a cualquier edad. Un pecado mortal en la infancia”. Si hay algo que de verdad me ha ayudado a afrontar los momentos complicados todos estos años, ha sido sonreír. Buscar cualquier resquicio divertido para evadirme de la cruda realidad. El afrontarlos con buena actitud si es una opción personal, pero todo es más fácil si te rodeas de gente al cuadrado. En este punto tengo que volver a agradecer a la gente que ha estado conmigo durante estos años y a los que siguen estando por darme la oportunidad de seguir riéndonos.

Podría estar comentando y comentado y daría para varios post. Seguro que rescato a menudo instantes de este libro. No quiero hacer spoiler, de verdad os animo a leerlo. ¡Y me decís que tal!

Albert Espinosa consigue hacernos reflexionar sobre qué es verdaderamente la felicidad y el valor de las personas que pasan por nuestra vida, que a veces nos resulta tan corriente, que no somos conscientes del tremendo valor que tienen. Recalca la importancia de ser diferente en este mundo y cómo hay que enfrentarse a los demonios internos.

¿Somos capaces de reaccionar en las situaciones mas críticas?

exponerse

Este fin de semana tenía pensado publicar un post acerca de un maravilloso libro que me han recomendado. Todo lo que transmite merece mucho la pena y no quiero dejar de compartirlo con vosotros. Pero lo voy a dejar para la semana que viene. Y es que este blog es un blog vivo que se nutre en cada instante de momentos y sensaciones y precisamente ayer viví una experiencia que considero os tengo que contar.

Tiene que ver con el recurrente tema de mi imagen. Si, otra vez a la carga. Con el espejo muy dominado, últimamente incluso me estoy acostumbrado a dejar que me hagan fotos y eso lo estaba llevando razonablemente bien. Pero es que esta vez ha sido un paso más, aparecer en un vídeo. Una “encerrona inesperada” que trataba de dar cercanía a los lectores del blog. Algo a lo que no estoy acostumbrado y que me ha sacado drásticamente de mi zona de confort.

Hacía tiempo que no me veía en un video. Y es que en un vídeo crees que puedes palpar la realidad de forma más exacta. Y eso a mí me acojona. Ayer fue un día duro para mí por este motivo. Y no tiene nada que ver con las pocas tablas que tiene uno delante del objetivo, que también influye y en cierto modo, con el paso de las horas eres incluso capaz de ir soltándote, cosa que hace que la grabación vaya quedando algo más decente. Qué vergüenza. Sabía que el verme no me iba a gustar, las sensaciones han ido más allá y me han afectado más de lo que esperaba. Al verme, automáticamente me he preguntado si realmente se me ve así desde fuera. Que bajón. No me ha gustado lo que he visto y no he sido capaz de digerirlo bien. Uno se va generando la mejor imagen posible en su cabeza y este golpe de realidad me la ha desmontado en un momento.

El malestar y la angustia se han instalado durante más tiempo de lo que lo venían haciendo últimamente. Por un momento crees que las puedes controlar, pero esta vez me ha superado. Durante todo el día, he estado un punto más distante de lo normal intentando recolocarme después de este golpe. Te asaltan las dudas de todo el trabajo de aceptación que has hecho durante estos años.

Lo peor fue que me lo fui quedando dentro y no lo compartí. Por la noche todo eso explotó. Estaba acelerado, no me podía concentrar en nada, los músculos de mi cuerpo estaban tensos, con respiración acelerada y me empecé a encontrar mal de verdad. Parecía un ataque de ansiedad. ¿Cómo puede ser qué me pase ésto a estas alturas de la película? Hacía tiempo que no me sentía así. Necesitaba salir a dar una vuelta y que me diera el aire. Buscaba una forma de huir. Eso sería sin duda lo que hubiera hecho si hubiera estado sólo. No se cómo me habría ido, ni si hubiera conseguido calmarme. Posiblemente sí, pero eludiendo los motivos reales que me habían llevado a esa situación y no aceptándolo. Pero no, tuve la suerte de tener a alguien cerca. Alguien que te obliga a parar, a calmarte, que te habla y te hace ver las cosas de forma distinta a las que te empecinas en creer, a rebobinar y pensar en todo lo que has avanzado en estos años y en todo el camino recorrido, a darle valor a las cosas que realmente importan. También consigue que te distraigas hablándote de otras cosas o haciéndote reír.

El hecho de no estar sólo para mí ha sido clave esta vez. Gracias a esta persona al cuadrado que ha estado a mi lado.

Dicen que la ansiedad en dosis normales te ayuda a moldearte en tu vida cotidiana. Después de la agitación, reflexiono y llego incluso a considerar que el enfrentarme a esto me ha venido hasta bien. Me ha hecho ser consciente de que esto me puede seguir pasando pero que tendré mecanismos para controlarlo mejor.

Quizás el ponerme delante de una cámara sea un ejercicio que debería hacer más habitualmente, exponernos a nuestro miedos es luchar contra ellos y en la mayoría de casos es vencerlos.

Gracias al cámara S. G. por su paciencia, empatía y apoyo.

Sergio Elucam