¡Levántate y vive! lectura imprescindible

Hoy 7 de noviembre se presenta el libro de Carmen Bastida Marco / Jorge Bastida Sala  y que así describe a la perfección uno de sus autores:

Hubo una vez, hace ya más de diez años, una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme, que vieron en las personas afectadas de enfermedades invalidantes y crónicas un filón de rendimiento literario dirigido al morboso interés reinante por escarbar en las vidas y desgracias ajenas y me pidieron que escribiera este libro. Dos años después, decidí escribirlo por mi cuenta y riesgo. Se trataba de las reflexiones que teníamos mi entonces terapeuta y yo después de dialogar con afectados, familiares de afectados, médicos… Pero se rompió el guión… Mi terapeuta marchó muy lejos y yo me caí muy cerca. Una vez levantado moralmente, redirigí el guión hacia una segunda parte de recopilación de artículos, especialmente de mi hija (también afectada) que conforman un blog que compartimos y que se denomina: Sonrisas forever (www.sonrisasforever.es). Y de la unión de mi experiencia y la inteligencia emocional de mi hija, nació: Levántate y vive.

 

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Carta de despedida

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Esta semana, navegando entre las carpetas de mi escritorio, he encontrado este escrito. De esos que guardas y que ni te acordabas que tenías. Me ha hecho ilusión encontrarlo. Al leerlo de nuevo, me ha vuelto a hacer reflexionar una vez más. Quizás con los años haya cobrado más sentido, si cabe, por eso quiero compartirlo con vosotros.

Se trata de este poema, que en su día se hizo viral con el título “Carta de despedida de Gabriel García Márquez”. Pero el verdadero autor del mismo es el ventrílocuo mexicano Johnny Welch, quien lo recitaba como el poema de La Marioneta en sus espectáculos a través de uno de sus muñecos (el Mofles). Lo podéis encontrar como parte de su libro Lo que me ha enseñado la vida.

La verdad que, independientemente de su origen, la carta resulta ser una recopilación de afirmaciones de una persona al borde de la muerte que nos ayuda a valorar el tesoro que poseemos los que no nos encontramos en esa situación, sean cuales sean nuestras características o nuestras capacidades. Más allá de las creencias religiosas de cada uno, el contenido de este texto es de los hay que guardar para volver a leer en repetidas ocasiones, pero sobretodo para ser capaces de aplicarlo en nuestro día a día.

Sergio Elucam

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¿De que medios disponemos para controlar el mal humor?

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Hoy quería hablaros del mal humor, algo que nos toca muy de cerca a todos en nuestro día a día. Ya sea porqué llegamos a este estado en ocasiones o porque lo sufrimos por parte de los que nos rodean.

De forma frecuente en mi etapa de enfermedad, pero sobre todo en los años posteriores, los momentos en los que tenía que gestionar el mal humor se multiplicaron. Es verdad que lo llevaba por dentro, pero en muchas ocasiones mi irritabilidad se hacía presente. Estás enfadado con el mundo. ¿Cómo no vas a estar cabreado? Y es que aún estaba inmerso en una etapa de hundimiento anímico, de empezar a ser consciente de lo que se te venía encima y de no valerte por ti mismo. Tienes la sensación de querer estar solo y que te dejen un poco en paz. Por delante me quedaba mucho tiempo de rehabilitación en todos los sentidos y no fue para volver a ser el que era. Creo de verdad que desde ese punto de partida nació algo diferente en mí. Me ha costado mis años aprender a gestionar esas emociones y a día de hoy sigo lidiando con todas ellas, que eso siempre quede claro. Pero considero que tengo herramientas para afrontarlas de forma distinta y que como resultado, consigo no llegar a estar de mal humor.

Para controlar y activar los resortes para combatir y no llegar al mal humor no viene mal darse cuenta de que es lo que lo origina o los síntomas que lo acompañan. Si me fijo en la coctelera de sensaciones que me llevan a estar de mal humor, podría encontrar situaciones de ansiedad, cuando me pongo nervioso, cuando estoy triste o de bajón o cuando tengo miedo ante algo desconocido. Se pueden dar varias a la vez. No se me ocurren más ahora mismo. Todas estas situaciones a las que me enfrento en mi vida cotidiana me provocan cansancio, desgaste e irritabilidad.

Partiendo de la base que cada uno tiene derecho a estar de mal humor en determinados momentos, faltaría más, y que cada uno afronta su día como le viene en gana, personalmente creo que estar frecuentemente de mal humor es poco sano. Que de verdad conlleva consecuencias sobre tu cuerpo y mente que debemos evitar. Por otra parte, el que estés de mal humor, por lo general, va a crear un clima de malestar a tu alrededor. Puede llevar al deterioro de nuestras relaciones, tanto las afectivas, como las sociales y laborales. Y hasta hacer o decir cosas de las que después nos arrepentiremos. ¡Qué necesidad! ¿Verdaderamente somos tan masoquistas? No sólo tú eres el que está de mal humor, sino que otras personas a tu alrededor se van a ver influenciadas por ese estado de ánimo tóxico.

¿Realmente el estarlo es una elección personal? ¿Tenemos medios para controlarlo? Mi respuesta es un SI cómo una casa. Y os quiero hablar de lo que a mí me funciona o me suele funcionar, esto no es una ciencia exacta.

Evidentemente cuando te diviertes, difícilmente vas a estar de mal humor. Entonces blanco y en botella. Haz cosas con las que disfrutes. Que fácil se dice, ¿verdad? Pero obviamente durante todo el santo día no vamos a estar realizando actividades placenteras. Desde que nos levantamos por la mañana se dan muchas que no lo son. Y aquí es donde, en el centro de todo y como en tantos otros aspectos de la vida, sin duda está la actitud. Y tienes que hacerte a ti mismo la pregunta, ¿realmente quiero estar de mal humor? Y es que enfrentarse al día con una sonrisa es una elección personal. Las circunstancias que te rodean y que pueden llegar a irritarte no las puedes controlar y van a estar siempre ahí, algunos días serán unas y otros días otras, “cómo va a ser tu día lo decides tú(Miriam Fernández, 2018).

Es un poco un juego de palabras, pero para combatir al mal humor, nada mejor que ponerle más humor. Y ésta, sin duda, ha sido otra de mis claves y los que han estado cerca lo saben. Para afrontar un sinfín de momentos complicados, no han hecho falta palabras de aliento sino una buena carcajada después de una mirada cómplice. Y es que de nada sirve agravar la situación con el mal humor. Lo mejor es recurrir al sentido del humor y a la energía positiva que te invade, es como si te transportara a otro estado. A menudo, las mismas cosas que te causan disgusto, tienen su lado gracioso, depende cómo y de dónde las mires. De verdad. Llévalas al lado más ridículo hasta que no puedas evitar reirte y te destenses. Siempre hay expresiones divertidas que te arrancan una sonrisa y cambian tu humor por lo que significan o quien las ha dicho y en qué momento. Yo las utilizo de soporte y me las repito cuando veo que llega el ofuscamiento.

Es importante darse cuenta de cuáles son las situaciones que causan el mal humor o que nos molesten (en todos los ámbitos) y tratar de encontrar una solución o distracción antes que la ira se apodere de ti. Si veo que en ese momento con lo que sea entro en bucle y empiezo a sentir esos síntomas que inevitablemente me van a llevar a un calentón, intento por todos los medios dejar lo que hago lo antes posible y cambiar rápido de escenario. Aunque solo sea por un rato. Eso me ayuda a restablecer mi estado de ánimo.

Yo no soy de ir al choque y crear conflictos. Por lo general tiendo a evitar la confrontación. Así trato de evitar muchas situaciones tensas que me pueden enervar. Quizás en este sentido, tengo uno de mis puntos de mejora. Evitar menos y acostumbrarme más a gestionar los momentos conflictivos donde sabes que hay conflicto de intereses. Seguro que será saludable si tiendo más a enfrentarme y manejar ese tipo de situaciones.

Es fundamental estar en un estado de equilibrio y dedicarte tu tiempo. Para mí era el deporte, y el hecho de no haberlo practicado, seguro que me ha generado mal estar interior que no me ha ayudado. Ese mal humor seguro se lo trasladas a gente que te rodea que no tiene la culpa. No sé si es peor eso o no sacarlo y guardártelo para que te escueza dentro.

Aunque en esta mi nueva etapa debería ponerme las pilas y realizar más actividades (estoy en ello) sí que me reservo mi tiempo para hacer cosas que me gustan y que me ayudan a desconectar. Simplemente con pasar un rato con la gente con la que me siento cómodo o salir a dar un paseo para mi es de gran utilidad. También me encanta ver fútbol en la TV, ya sea en un bar viviendo el ambiente o en casa con un cuenco de palomitas. Es algo muy simplón, lo sé. Es mi momento para evadirme. Veo a mucha gente que me rodea que realizan muchas actividades. Meditación, baile, la cocina, hacer deporte, etc. todas ellas seguro que les hacen reencontrar el equilibrio. O que se envuelven de su vida familiar, seguro que no hay nada cómo dedicarte a tus hijos para que se te curen todos los males.

Otro aspecto básico para mí, es mantener un grado de tranquilidad y amabilidad durante el día, me ayuda a mejorar las relaciones con las personas que me rodean. Me facilita el no llegar a situaciones que me pueden provocar mal humor. Cuando las cosas se salen de este estado, se empiezan a torcer.

Particularmente creo que juego con una ventaja y reconozco que estoy dejando de sacarle partido porque la monotonía te acaba invadiendo. Es la de haber visto de cerca que todo esto cambia en un segundo. Muchas veces este factor te hace cambiar el enfoque y relativizas la cantidad de problemas banales que desencadenan en mal humor. Me doy cuenta de que no merece la pena llegar hasta este punto. No se consigue nada.

Os animo a tomaros unos minutos para analizar y poder cambiar vuestro estado de ánimo, la meta es alejarse del innecesario mal humor. Porque, en definitiva, es una elección personal.

La increíble sensación de atreverte a dar un paso

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Sería repetirme si os digo que la práctica del deporte siempre formó parte de mi vida y cuanto lo echo de menos. No es mi intención porque de hecho ya escribí un post al respecto. ->Link al post. Tan sólo unas pinceladas para volvernos a poner en situación. Sigue siendo una de mis pasiones. Era casi una necesidad vital que me aportaba mucho porque, aparte de hacerme disfrutar, conseguía que desconectara y lo utilizara como una herramienta para liberar muchas tensiones. La enfermedad me hizo dejarlo. En los años siguientes no me he atrevido a lanzarme a practicar ningún deporte que no sea ir en soledad al gimnasio. Mucha culpa la tiene ese largo proceso de aceptación que ha hecho que no lo haya querido realizar de forma adaptada. Quiero creer que he tenido paciencia y me he dado el tiempo para volver a estar listo.

Lo cierto es que a día de hoy consigo no dilapidarme a mí mismo por no practicar ningún deporte, excepto en un gimnasio acompañado de una elíptica. Digamos que lo llevo razonablemente bien. Pero no puedo negar que la necesidad sigue estando ahí muy latente.

En el post de hoy quiero contaros un paso más. Recientemente me he atrevido a vestirme de corto y no ha sido para ir a la aburrida monotonía del gimnasio sino a entrar en una pista después de tantos años. Si, a probar como me desenvolvía con el pádel. Un deporte que había practicado puntualmente, pero con el que no estoy muy familiarizado la verdad. Supongo que mi base de tenis de toda la vida hace que mantenga la pegada, aunque ahora tenga que ser con la izquierda. Como en los últimos atrevimientos, fue en un ambiente muy controlado y con la persona de mayor confianza enfrente. Un simple peloteo en el que me lanzaba bolas fáciles para ver cómo me hacía a la raqueta, al golpe, a los movimientos, etc. Y a sus ojos no lo hice tan mal. En algunos momentos tuvo que decirme que me relajara y es que el espíritu competitivo se ve que si lo conservo intacto. Me cuesta entender el deporte de forma completamente amistosa. Que le voy a hacer.

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Ese rato fue de esos que se te pasa volando. No pudimos estar más porque se puso a llover a cántaros y volvimos a casa empapados. Enseguida nos pusimos a pensar en puntos de mejora. Los hay y muchos. La manera de poner la raqueta. Como con la práctica podría agilizar más mis movimientos hacia la derecha. Todo forma parte de esa nube en la que me subí y de la que no me quería bajar.

Para mi resultó ser otro subidón. Otro cúmulo de buenas sensaciones por volver a jugar. Y la más importante es el ser consciente de que algo ha cambiado en la forma de afrontar lo que viene. Estando mucho más dispuesto a probar y con menos miedos.

Me ha hecho recuperar la ilusión de nuevo por la práctica de un deporte. Es una sensación de ilusión conectada sólo a emociones positivas. De las que me hacen sentir bien, sentirme pleno y motivado, cargado de energía. Estoy seguro que mi mirada cambió cuando entré en esa pista. Cualquiera que me conozca se habría dado cuenta. La sensación más placentera es ver cómo volvía a manejar la raqueta por mi cuenta ante ese momento de exigencia. La de volver a sentir que formas parte del juego por ti mismo. Sientes realmente que el deporte, en cierta manera, te aleja de la discapacidad.

Y creo que mucha parte de esa ilusión la está generando esta nueva ventana de posibilidades que se me abre. Es increíble como simplemente atreviéndome a dar un paso y probar, se han desencadenado en cascada todo un flujo de sensaciones de querer más y más. Si algo me ha quedado claro es que tengo que ser yo el que de los pasos para generarme estas ilusiones.

A día de hoy desconozco cuál será mi nivel en las diferentes modalidades de pádel adaptado. Tengo que investigar más acerca de clubs deportivos y escuelas que contemplen este deporte de forma adaptada.

Será necesario que persevere y no abandone en el empeño y, sobre todo, que siga pasando a la acción. Quizás me dé por ir probando otros deportes, quién sabe. Lo que si que de verdad espero es que me sirva de pauta para no rendirme y darme aliento para conseguir mis objetivos.

Al mismo tiempo, la práctica de un nuevo deporte considero que me puede resultar beneficioso en muchos otros aspectos de mi vida. De entrada me va a exigir disciplina. Me va a ayudar a mantener la constancia, el esfuerzo, la dedicación y el orden que me hagan ver que en muchos aspectos vuelvo a ser yo el que conduce mi vida.

Ese componente mental de competición sin duda me ha ayudado mucho a lo largo de estos años. Han hecho falta grandes dosis de concentración, sacrificio y tolerancia a la frustración para enfrentarme a cada reto diario. Y cuando digo reto, no os lo imaginéis solo en el plano físico, esforzándome con los fisios o en el gimnasio, me refiero a las cosas más banales y rutinarias. Por eso los factores psicológicos que rodean el deporte siguen siendo muy importantes para mí. En cierta medida compito cada día contra mi mismo, contra esos ¨NO¨ internos que no van a dejar de estar ahí y no dejaré de tener mis desafíos rutinarios que superar.

Me va a hacer darme cuenta que, a base de entrenamiento, puedo mejorar en ciertas habilidades que ni me había planteado desde hace tiempo. Esto ha de significar más dosis de estímulo y afán de superación para no renunciar y plantearme alcanzar otros muchos objetivos personales.

Obviamente, y no creo que haga falta resaltarlo, el lanzarme a practicar otro deporte no dejará de ofrecerme ventajas físicas. Mis músculos estarán más fuertes, mejoraré en equilibrio, flexibilidad y tendré mejor coordinación de movimientos. Y seguro que me aporta ese plus de energía en mi día a día. Además, me ayudará a obligarme a ocupar mi tiempo libre con otro tipo de actividad que me haga salir de la rutina. No va a haber mejor medicamento para romper con la monotonía.

Esta ventana que se me abre con el deporte también puede ser beneficiosa en lo social. El simple hecho de jugar con y contra otros ya hace que tengas que interactuar con gente. De estas relaciones pueden salir interacciones sociales muy constructivas que me sigan haciendo crecer. Posiblemente me facilite el acceso a nuevos grupos con los que pueda compartir buenos momentos y aprender mucho.

En relación al tema del post de hoy, desde mimitadalcuadrado tenemos el gusto de compartir la historia de Enzo Amadei. Este chico chileno con hemiparesia desde pequeño a causa de un tumor cerebral que no ha dejado de superarse hasta alcanzar su sueño en el tenis. Empezó a reclutar gente y creó un torneo llamado TAP World Tour (Tenís Adaptado de Pié) para que gente de todo el mundo pudieran participar. Hoy cuenta con más de cuarenta países inscritos. Enzo, eres un verdadero ejemplo de superación.

Conoce en este link la historia de Enzo Amadei: https://www.youtube.com/watch?v=Tfe8TsEwU2A

“Mi vida cambió”, disfruta del reportaje completo de la revista LECTURAS

Si el pasado mes de agosto no pudiste conseguir un ejemplar de la revista LECTURAS, en la que cuento lo que me pasó y cómo cambió mi vida, aquí os dejo el reportaje completo.

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Cómo enfrentarse a un viaje en solitario

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He sido un apasionado de los viajes toda la vida. Visitar otros países y conocer otras culturas siempre me ha fascinado. El hecho de haber vivido en el extranjero y haber viajado bastante me ha brindado la oportunidad de conocer a mucha gente y tener la suerte de hacer grandes amistades que a día de hoy aún conservo como oro en paño.

Una de estas amistades para toda la vida se cruzó en mi camino hace muchos años en el entorno laboral y no fue en un viaje precisamente. En Barcelona, la empresa para la que estaba trabajando estaba inmersa en procesos de traspaso de varios departamentos a otras sedes de Europa del Este y Asia. Por este motivo se desplazaron a Barcelona un grupo de empleados de la India durante unos meses.

Y un día antes de lo programado, allí estaba ese chico tan diferente al resto de ese grupo. Tan extrovertido, tan imaginativo, con puntos de un humor genial, tan adaptado desde el primer momento a la cultura española. Se veía a la legua que era especial. En poquísimo tiempo ya chapurreaba castellano para que el acercamiento fuera aún mayor. Allí estaba mi amigo de Bangalore, Vikram. Cuánto nos divertimos con él. El hecho de pasar muchas horas juntos dentro y fuera de la oficina hizo que se forjara una gran amistad en muy poco tiempo.

Era mi segundo año en Madrid cuando recibí su invitación de boda. Que alguien te invite a su boda por lo general te hace ilusión. Pero cuando es alguien al que no ves desde hace mucho tiempo y que se acuerde de ti para un momento tan importante en su vida, es emocionante.

Era un poco una locura. Pero la vida está para hacer este tipo de cosas. Significaba una gran oportunidad que no podía dejar escapar. Cuantas veces en mi vida iba a tener la posibilidad de asistir a una boda en la India. Esta proposición indecente parecía llegarme en el momento perfecto. En ese instante de empezar a sentirte con las fuerzas necesarias y no poder rechazarlo. Sabía que no me dejaría indiferente y que los esfuerzos me iban a recompensar. No imaginé que me iba a ofrecer tanto a cambio. Iba a ser un viaje necesario y regenerador en todos los sentidos.

Me permitió romper mi rutina que es tan necesario. Además, no tenía plan de vacaciones para ese año. Pero claro, no pensareis que iría a la India sólo para la boda. Tenía que sacar aún más partido a ese viaje. Y aprovechando que en la India no había estado nunca, me plantee unos días de pequeño recorrido antes de la boda. El plan era recorrer y conocer el máximo del Sur de la India y acabar en ese pueblecito perdido de la mano de dios en Bangalore donde se celebraba el evento. Para sacar el máximo partido había contratado conductor para las primeras etapas. Las siguientes y largas rutas entre cada parada las hice en trenes nocturnos. El punto de partida fue Chennai, recorrí la costa de Tamil Nadu hasta Mahaballipuram, seguir el viaje hasta Pondicherry, antigua colonia francesa. Dejé atrás el océano índico hasta llegar a Tanjore. Supuso un cambio de escenario de tierras más áridas a la plena jungla. Habiendo cruzado todo el sur de la India, llegué a Cochín. Ese era el punto de encuentro con otra ex compañera de trabajo en aquella época y amiga también de Vikram. Juntos hicimos un trayecto por los backwaters haciendo noche en una barcaza arrocera. Y posteriormente sin escalas directos en tren a las fascinantes playas de Goa. De ahí volamos hasta Bangalore donde se celebraba la boda.

Hasta ahí llegaba el viaje planificado con la agencia de Madrid. A partir de entonces, Vikram nos lo había organizado para pasar noche en Bangalore capital y nos indicó como llegar al centro de la región. Y es que las ceremonias (si, las ceremonias, porque las inacabables bodas en la India duran varios días) eran en los pueblos natales de Vikram y su mujer que estaban en la provincia de Bangalore, a 4 horas por carretera de la capital.

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Suponía hacer gran parte del viaje sólo. A un país muy lejano y que a priori, te puede producir inseguridad por muchos motivos. Eso en ningún momento me tiró para atrás sino todo lo contrario. Viajar sólo tiene sus ventajas y las quería exprimir. Siempre que he viajado sólo he aprendido mucho. Todo es más intenso y más constructivo. Era una ocasión para conocerme más a mí mismo en ese momento. Para ver en qué punto seguían mis miedos y para al mismo tiempo sorprenderme. Ese paréntesis te da un espacio para reflexionar sobre tu vida desde otra perspectiva distinta. Y lo más importante me iba a exigir porque no iba a tener a ningún intermediario. No iba a tener otra que lanzarme a interactuar si quería cualquier cosa. Un reto en toda regla.

Recuerdo verme en aquella habitación de hotel de Chennai mirando por la ventana a la inmensidad y el caos de la gran ciudad, y decirme ¡vamos allá!

No es mi intención en este post hacer ni de guía turístico ni narrar la cantidad de maravillas que me encontré a lo largo del viaje. Más que nada porqué se convertiría en inacabable y podríamos estarnos hasta las mil. Y supongo que en este blog se espera más el cómo afronté la infinidad de dificultades que se ponían por delante. Y la verdad que por encima de todo estaba lo mucho que intentaba disfrutar del viaje. Dedicaba mucho tiempo a sentir, a oler, a escuchar, explorar, a empaparme del ambiente y de lo que la gente me transmitía. Me paraba y observaba a la gente imaginando cómo era el ritmo de vida allí. Dentro de lo posible me planteé vivir cada etapa sin prisas, sacando partido de cada paseo, de cada momento, de cada parada, de todo lo que me ofrecían aquellos lugares. Soy una persona de memoria fotográfica y el carrete que conservo de la India en mi cabeza es interminable. Eso pasó por encima de todos los momentos de agobio que requerían más esfuerzo.

Dicho esto, no voy a obviar la cantidad de obstáculos, impedimentos y apuros por los que pasé. Lo cierto es que la primera parte del viaje fue la más cómoda entre comillas. Me refiero a que todos los transportes y alojamientos estaban contratados y no me tenía que preocupar de nada en ese aspecto. Pero si en todo el resto. Y dentro de ese resto, no sabría por dónde empezar a contar las innumerables dificultades a las que me enfrenté. Sabía muy bien que por mucho que planificara, los imprevistos no dejarían de aparecer.

Si en esa primera parte del viaje no visité más de veinte templos, no visité ninguno. Para entrar en los templos hay que hacerlo descalzo. Recuerdo el suplicio que significaba quitarme el calzado y la férula sin ni siquiera sitio para sentarme en muchas ocasiones. El bullicio de la gente lo hacía aún más incómodo. El moverme por dentro de cada templo sin la ayuda de la férula y sin calzado tampoco fue fácil, mucho menos apañármelas para subir y bajar aquellas escaleras. Recuerdo muchos de aquellos momentos como realmente incómodos. Podía haberme quedado fuera pero no había viajado hasta la India para quedarme a las puertas y no poder disfrutarlos desde dentro.

Por muchas precauciones que mantengas con la comida y beber agua embotellada, tienes todos los números de pillar la famosa diarrea del viajero. Y te suelen durar varios días y el viaje no paraba. En más de una ocasión fue complicado encontrar sitios decentes y medianamente higiénicos para hacer frente a sus consecuencias. Creedme que la agilidad y la movilidad de tu cuerpo te da un plus en este sentido. Hasta ahí puedo leer que no pretendo resultar escatológico.

Cuando te adentras en pueblos pequeños, alejados de las grandes ciudades, las condiciones y la higiene brillan por su ausencia. Estuve en habitaciones donde daba gracias de llevar una funda para cubrir lo que se podía llamar colchón y donde los baños eran literalmente un grifo de agua fría con un cubo. Os hacéis una idea de cómo puede apañármelas para ducharme con una mano, ahora lo pienso y ni yo me lo explico. Recuerdo en algún momento reírme de mí mismo en alguna de aquellas situaciones que acabaron resultando realmente cómicas.

El encaramarse a las literas elevadas de los trenes de esas supuestas primeras clases, el cargar con la maleta en determinados trayectos largos de autobuses llenos hasta bandera, el no poder sentarte en el suelo con facilidad para comer…Y así una multitud de escollos que ya de por sí suponen un inconveniente para todo el mundo. Para mí siempre lo eran un poco más. Al final te quedas con el viaje en su conjunto en el que las dificultades a las que te enfrentas y superas forman parte del mismo.

La ceremonia fue el broche de oro. Fue un privilegio estar presente en un evento tan tradicional alejado de rutas turísticas programadas. No nos queríamos perder ningún detalle. Desde el colorido de los vestidos a cada una de las tradiciones tan diferentes a las nuestras. Fueron varios días seguidos de presentaciones de la pareja en sociedad en sus localidades natales. El mezclarme con la familia y amigos hace que lo vivas de forma aún más cercana. Que te expliquen todo desde dentro no tiene precio. No nos dejaron solos ni un instante. Recuerdo llegar a la casa del novio después de la primera gran ceremonia. La sensación extraña de sentir que en ningún momento me miraban raro. Todo era gentilidad y tener la sensación de que se desviven por ti. Eres su invitado en mayúsculas.

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Como en todos los sitios lo que los hace especiales son las personas. Y la India no iba a ser menos. Seguro que hay todo tipo de gente. Más en un país en que muchas zonas viven del turismo y al extranjero lo ven cómo fuente de ingresos. O por su conocido carácter rudo. Pero quiero basarme en mis sensaciones. Yo me encontré con gente encantadora. No sé si es porqué tuve suerte, porqué en muchos tramos del viaje te alejas de los núcleos más turísticos y te adentras en remotos pueblos o porque ya conoces a alguien y su familia y amigos te arropan. Gente muy afable, que te ayuda con tu viaje y que comparte sin esperar nada a cambio.

Y en este sentido se produjeron varios episodios que me marcaron y con los que me quedo. En más de una ocasión, que recuerde en este momento, un turista local de otra región de la India en el bar de un hotel, un guía en Cochín y otra persona asaltándome por las calles de Bangalore. Al ver mis dificultades de movilidad, se pararon para recomendarme tratamientos de medicina tradicional local, más conocida como Ayurveda. De cada uno de ellos me llevé apuntado en un papel el nombre de un centro, de un especialista o de un método propuesto para mi caso. Al rato te paras a pensar y dices, cómo es posible que gente que no te conoce de nada se preocupe así de mí y te intente ayudar. Es para reflexionar.

Están esos tópicos que dicen que “la India no deja a nadie indiferente” o que “a la India la amas o la odias”. Supongo que las opiniones pueden ser mil debido a los diferentes condicionantes del viaje. Solo puedo decir que a mí me fascinó quizás porqué fui a dejarme sorprender. Ese viaje significó el demostrarme a mí mismo que podía volver a viajar por mi cuenta. Había recuperado una de mis pasiones. Creo que siempre le deberé algo a la India.

Nunca se es demasiado mayor para que tu ‘big brother’ te enseñe una lección

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Hola gente – aquí el hermano pequeño de Sergio 

Hace ya tiempo que tenia ganas de escribir en el blog de mi ‘bro’ pero siempre entre unas cosas y otras lo terminaba dejando para otro momento. Finalmente, el momento ha llegado. Hay varias historias que podría contar de como vivi yo todo lo que paso pero como pretendo que ésta no sea la última aportación que hago en el blog y tampoco quiero extenderme mucho pues había que escoger una. Para hoy pensaba contar tal vez una de las mas duras para mi, por no decir la que mas. Ni siquiera estoy seguro de que el recuerde este incidente o de si alguien se lo habrá contado a posteriori – yo personalmente nunca lo he comentado con él. ¿Qué mejor momento que ‘ahora’?.

Pongámonos en situación. Era tal vez el principio del momento mas peliagudo de toda esta historia. Sergio iba cada vez a peor y no parecía que lo cosa fuese a parar. La parte derecha de su cuerpo ya se había rendido y ahora venia su mente. El empezaba a tener problemas con el habla y con el paso de los días ya solo substituía frases completas por palabras sueltas. ‘Sed’, ‘Cansado’ o ‘Sueño’ era como él se estaba acostumbrando a comunicarse. En esos momentos solo se me venia a la cabeza un pensamiento tan esperanzador como escalofriante: que aunque el habla le fallara mi hermano mayor seguía ahí dentro – atrapado en un cuerpo que no era capaz de responder a sus instrucciones. Por una parte mi hermano seguía ahí. Por otra no quería ni pensar lo que estaría pasando por su cabeza si estaba en lo cierto.

Mi madre diría que soy un ‘tozudico’ y que siempre ando buscando la solución a cualquier problema o reto que se me pone por delante. Y eso mismo hice. Le di vueltas a la cabeza y pensé – OK, a lo mejor no es capaz de decir todo lo que quiere pero,¿ seria capaz de escribirlo? Me levante, fui a la habitación, cogí mi ordenador portátil y se lo puse delante. Le dije  – Sergio, usa el ordenador para comunicarte, dinos lo que quieras. El me miro, miro al ordenador y empezó a teclear con la mano izquierda. Al fin, un atisbo de esperanza. Un atisbo que resulto durar bien poco. Porque yo, junto todos los que estábamos allí, éramos testigos de como el apretaba una tecla… otra tecla… otra más… para luego borrarlas inmediatamente. Cerraba los ojos, nos miraba, pensaba y volvía a escribir un par de letras – para luego borrarlas de nuevo. Al cabo de unos minutos (que seguramente no fuesen muchos pero a mi me parecieron una eternidad) le dio la vuelta al portátil para mostrarnos todo lo que había conseguido escribir. Allí, en la inmensidad de una pagina en blanco, se leía solo una palabra: ‘PROBLEMA’.

Derrotado, frustrado y con el corazón partido en mil pedazos hice un ‘pelotas fuera’ y dije algo así como – Bueno no te preocupes, lo intentamos mas tarde.  Agarré el ordenador y me fui. Si no os importa me guardo para mi como mis siguientes 20-30 minutos pasaron.

Lo que es de admirar es que después de éste y muchos otros momentos así creo que el único que nunca tiro la toalla fue Sergio. Aunque los de alrededor tuviésemos momentos de flaqueza el nunca se rindió. Supongo que nunca se es demasiado mayor para que tu ‘big brother’ te enseñe una lección. Así que:

Tete, lección aprendida. Ni siquiera se como describir la inmensa admiración que tengo por ti en estos momentos. Tu espíritu de superación y tus ganas de recuperarte han logrado que llegues hasta donde estas ahora. Ha sido un camino largo y duro pero deberías estar orgulloso de ti. Yo no podía estarlo mas.

Raul Macule