Cómo dar el primer paso hacia lo que de verdad te apasiona

IMG_2740.jpg

No debí aprender la lección de que todo se puede esfumar en un instante después del tsunami. Cuando fui capaz de volver a la normalidad, proseguí con mi vida de forma monótona y sin pasión. Te levantas, vas al trabajo, pasas el día de jornada laboral, regresas a casa para ver la televisión algunas horas, te vas a la cama y repites esta rutina cada día. Este hábito solo se ve alterado por un mínimo de vida social y el gimnasio. Podría haber seguido tranquilamente con ese ritmo durante mucho tiempo y no niego que sigan habiendo días así, pero llegó el momento en el que no me era suficiente.

En estos últimos años esa tendencia ha cambiado. Yo estoy cambiando. En algún momento hubo un punto de inflexión. No sé deciros el momento exacto en el que se produjo porque ha sido más bien una evolución que ya no la para nadie. Creo que la solución ha estado en empezar a vivir la vida con pasión. Sin duda el factor clave llegó en el momento que empecé a estar al lado de alguien maravilloso que pone mucha pasión en todo lo que hace y la transmite a los demás. A mí no deja de ponerme las pilas. Cuando estoy con ella disfruto mucho más intensamente de lo que hago, creo que esto de la pasión se contagia.

En un post anterior ya os comenté que dentro de mis objetivos de este año está el empezar a encarar mi vida hacía lo que tenga sentido. Y es tan “sencillo” como conseguir que mis pasiones se sitúen en el centro de mi vida. Me ha costado lo mío meditar y pasar a la acción. Nunca he sido demasiado rápido en este sentido. Le doy muchas vueltas a todo y pierdo mucho tiempo valorando pros y contras en vez de lanzarme de cabeza sin pensar.

Y es que dedico la mayor parte de las horas del día a mi trabajo. Doy lo mejor de mí. Hay muchas cosas de las que hago que no se me dan mal y que no me desagradan. Pero afirmar que me apasiona lo que hago ya son palabras mayores. Dentro de lo que yo considero como vivir una vida apasionada está el dedicarte profesionalmente a lo que ames y te auto realice. Por eso siento que parte de mis metas personales han de estar alineadas con las profesionales. De lo contrario es difícil llegar a un equilibrio y sentirme plenamente realizado. Seguro, muchos estáis pensando, que quizás el hacer esta reflexión a estas alturas llegue tarde. Son incontables las veces que me he preguntado ¿qué pasaría si me dedicara a algo que me llenara y diera más sentido a mi día a día?.

Mucha gente no sabe cuál es su verdadera pasión. No siempre es fácil tenerlo claro y tampoco es nada malo. A veces es la vida la que te guía hacía algo que, sin saberlo de antemano, se convierte en lo que amas. A otros, no nos ha pasado lo mismo. Lo hemos tenido bastante claro de siempre, pero hemos seguido nuestra vida rígida dejándonos arrastrar por las obligaciones diarias. Mientras nuestra verdadera pasión ha ido por otro camino paralelo con el que nunca nos vamos a cruzar a no ser que pongamos remedio. Nos vamos cargando de creencias que nos limitan y nos desconectan de nuestra esencia más natural y espontánea. No nos hemos atrevido a apostar ni arriesgar de verdad por nuestra pasión. Algunos hemos intentado empezar el proceso de dedicarte a lo que te gusta de forma recurrente, pero con muchas dudas y sin creer en nosotros mismos, lo que hace que al final el proceso se complique y sea más factible darnos por vencidos.

A mí no me ha resultado complicado encontrar mi pasión. No me ha hecho falta eso que aconsejan los manuales de darte un tiempo de reflexión para indagar en tu interior y verificar qué es lo que te hace vibrar. Y sé que no me estoy confundiendo con lo que me entretiene o se me dé bien. Evidentemente os estoy hablando del fútbol. Es sin duda mi pasión. Y la forma de sentirla es mía, única e irrepetible. Los que me conocen bien lo saben.

Sin ir más lejos, un ejemplo. Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a un partido de la tercera división catalana donde el Santfeliuenc consiguió un meritorio empate contra el Llagostera. Al acceder a las instalaciones ya notaba cómo me llegaban una inmensidad de sensaciones de mis años de fútbol. Es como cuando sientes que vuelves a un lugar al que perteneces. En el que te sientes a gusto. La práctica del fútbol es algo que el tsunami si se llevó. Pero no me arrebató el seguir sintiendo la pasión por este deporte. Todos estos años lo he compensado viendo mucho fútbol como espectador. Hace tiempo que dejé de estar anclado por la nostalgia de no poder practicarlo. Mi abuelo decía que siempre se sentiría joven cuando viera un balón y tuviera ganas de chutarlo. A mí, esas ganas no se me han ido y creo que nunca se irán, simplemente he aprendido a llevarlo.

Ahí estaba ese frío sábado por la tarde disfrutando como un niño. Gritando, animando, concentrado para analizar el juego y corregir tácticamente lo que no me cuadraba. Qué necesidad de vivir de forma tan intensa y con ese despliegue de energía, ¿verdad? No lo puedo evitar. Mi hermana y mi padre veían como el rostro se me iluminaba y dejaba de hacerles caso. Me absorbe el juego de tal manera que no existe nada más. Es como si entraras en un estado en que tu mente fluye y todo toma sentido entre todas las variables que componen el juego. Me despreocupo y los problemas que se me van planteando me parecen apasionantes desafíos a los que me enfrento con gusto. No creo que haya dudas de que ésta es mi gran pasión.

Por un momento me imagino qué representaría incluir el fútbol de nuevo en mi vida. Significaría volver a disfrutar saboreando cada momento como si fuera el último. Sé que  podría alcanzar una plenitud interior que me permitiría desarrollar todo mi potencial. En ese escenario es donde reconocería mis miedos que aún resuenan diciéndome que la discapacidad me limita, me enfrentaría a ellos y no permitiría que me sobrepasasen ni por un instante. Sé que solo en ese estado conseguiría tomar el control de mi vida. Y es que cuando me apasiono por algo, casi sin pensarlo adquiero una infinidad de herramientas para lograr lo que se me ponga por delante. Soy consciente de que siempre encontraré motivos para enojarme, estar triste o darme por vencido y que llegaré a pensar que esto que inicio no llevará a ninguna parte. En esos momentos, requerirán que me obligue a sacar la mejor actitud y a afrontar todo con la mejor de mis sonrisas.

Lo siguiente que tengo que plantearme es a dónde quiero llegar en ese terreno de forma profesional. En realidad, tampoco estaría tan alejado si intentara aplicar mi perfil de analista en este campo del deporte. Sería una forma de llegar a formar parte de un equipo técnico.

Siguiendo mi línea de cambio ya me he puesto manos a la obra, recientemente he empezado a cursar un Master de Dirección Metodológica, Análisis y Scouting en Futbol. Que subidón me da sólo al escribirlo. ¡Lo que voy a disfrutar! No sé hasta dónde me llevará esto. Por ahora seguirá siendo un hobbie que ocupará mi tiempo libre pero que quiero que vaya ganando fuerza y a lo que deseo algún día poder dedicarme profesionalmente. En paralelo y en función de mi tiempo, también quiero sacarme el título de entrenador que lo complementará todo.

Dicen que pasión y éxito son dos ingredientes inseparables, vamos a ver si es verdad. Espero que esto sea el combustible que mantenga mi energía para no dejar de dar pasos y no tirar la toalla a la primera de cambio. Soy consciente de que me lo tengo que tomar muy en serio para ser cada vez mejor en este ámbito y que todo esto va a demandar mucho tiempo que intentaré sacar de donde sea.

Es ahora cuando quiero darme otra oportunidad. Es ahora cuando estoy recuperando mi actitud más soñadora que conecta con aquel niño al que su abuelo le inculcó los valores de este deporte. Voy a apartar todas las limitaciones mentales que me he auto impuesto y no ser conformista. ¿Por qué tengo que poner límites a mis sueños? Para mantener esta inercia tendré que ser tenaz y apostar realmente por ello cuando llegue el momento. Lo que si tengo claro es que voy a empezar a invertir mi tiempo y energías en lo que realmente me reporte.

El blog me está enseñando que pocas cosas son tan estimulantes como compartir con los demás. Hoy os descubro mi verdadera mi pasión.

¿Qué supondría ser padre?

paternidad.jpg

La verdad es que antes del tsunami nunca me había planteado seriamente la idea de ser padre. Estaba tan centrado en disfrutar intensamente del día a día que ni se me pasaba por la cabeza. Bien, pues de eso hace ya diez años. Es curioso que empieces a pensar en la paternidad después que te suceda algo así. Y que lo tengas que hacer con unos condicionantes añadidos con los que antes no contabas. ¿Por qué ahora? Esta sociedad lo vende como el único y siguiente paso hacia tu felicidad, puede ser el factor de la edad el que provoque que me diga a mí mismo que si me lo planteo ha de ser ahora o simplemente será porqué tengo ganas de lanzarme a vivir una nueva experiencia.

Dicen que ser padre te cambia la vida, que cambian tus prioridades. Eso al menos es lo que me llega de los padres de mi entorno. Siempre se ha dicho que ser madre o padre no es una tarea fácil, la pregunta que me hago es: ¿cuánto más se complica teniendo una discapacidad?.

Durante estos últimos años se ha ido produciendo una lucha interna cada vez que este tema ha aflorado en mi cabeza, ganaban más las voces negativas. Esas que me formulaban preguntas que parecían aterradoras. ¿Cómo vas a tener un hijo si no le podrás coger en brazos? ¿Cómo te las apañarías para cambiarle el pañal, bañarle o vestirle? ¿Cómo saldrías corriendo detrás suyo? ¿Cómo se lo vas a contar cuando crezca y note algo diferente en ti? Etc. He pasado por épocas de llegar a infravalorarme y cuestionarme tanto a mí mismo que posiblemente he estado descartando algo que me apetecía vivir. Me parece que esas voces no se van a callar y siempre van a estar ahí.

Al fin y al cabo, no son más que los miedos a los que me sigo enfrentando cada día. Miedos a no poder desempeñar ciertas actividades o sentirme vulnerable. Son ese tipo de mensajes que estoy aprendiendo a ignorar. Pero supongo que estos monstruos se hacen mucho más grandes porque el plantearte ser padre son palabras mayores. Es una gran responsabilidad. Si se diese el caso, ya no importarían los obstáculos y no habría más opción que hacerlo bien. ¿Pero qué es hacerlo bien? Cada persona lo afrontará a su manera, esto depende de mil circunstancias. Si das todo lo que tienes, ¿qué puede salir mal? Y entonces me pregunto si mis miedos son realmente tan distintos a los de los demás.

Lo fácil sería plantearlo desde los múltiples inconvenientes añadidos y acabar descartándolo, pero quiero hacerlo de una forma diferente y poner por delante todo lo bueno que me traería esta nueva etapa en mi vida. Si quiero ser honesto conmigo y con todo el camino que llevo recorrido, lo tengo que enfocar desde la normalidad y no desde la discapacidad.

Es en estos momentos cuando te cuestionas acerca de la paternidad que, inevitablemente, haces un recorrido visualizando la figura de los padres que he ido conociendo. Empezando por el mío que tanto me ha aportado. Alguien tan distinto a mí que me llenó de cariño pero que no dejaba de ponerme las pilas cada vez que hacía falta. Y en paralelo el papel más comprensivo que jugaba mi abuelo. ¿Hubiera cambiado algo si ellos hubieran tenido algún tipo de discapacidad? La verdad es que estoy seguro de que no.

Y entonces cuando tenía quince años llegó un bebé a casa que llenó aún más si cabe nuestras vidas. Mi hermana pequeña fue un subidón para toda la familia. Esos años pude experimentar muy de cerca lo que representa cuidar de un bebé y también lo puedo tener como referencia.

Otro momento muy significativo de mi vida está también vinculado con la llegada al mundo de otro niño. Fue cuando me propusieron ser padrino, a los años de pasar el tsunami. En el momento que te dicen que te escogen a ti para jugar el rol de padre si a ellos les pasará algo me llenó de emoción. ¿Qué habrían visto en mi?

En estos últimos años, lo que me ha tocado más de cerca ha sido el goteo incesante de bebés que han llegado a los hogares de las parejas que me rodean. Cada vez te fijas más en todos los detalles y la forma de actuar de los padres. Me intento imaginar en esas situaciones ¿Cómo sería yo jugando ese papel?

Quizás tenga dificultades para hacer ciertas cosas que ‘tradicionalmente’ hacen otros padres sin pensar. Quiero creer que, como en tantos otros aspectos, con paciencia, imaginación y ayuda de mi pareja me iría adaptando y llegaría el momento en que podría con todo lo que viniese.

Para mi representaría un nuevo gran salto al vacío. Representaría aprender más que nunca. Seguro que me encontraría con cosas que no esperaba. Seguro que la vida se reduciría a instantes de los que disfrutar. Con certeza, todo superaría mis expectativas. Y es que seguramente ser padre implica mucho más que tener un hijo, es algo que te transforma como persona y define un nuevo punto de partida.

Lo que tengo claro es que ahora si me doy la licencia de imaginar con ilusión cómo encajaría este cambio en mi vida. Sin duda sería positivo.

Aquí os dejo un video que demuestra que todos los miedos, incertidumbres e indecisiones tienen que desaparecer cuando hay alguien que te necesita.

 

Convertir un problema en una oportunidad, entrevista a Jorge Bastida

portada historias

Desde el momento en el que le vi en aquella estación, me di cuenta de que Jorge es de esas personas carismáticas que transmiten una energía especial que se contagia y te pone las pilas. Y esa misma tarde me dije, hoy he tenido suerte por la persona que voy a conocer. Encantador y muy cercano, me fue cautivando con su forma de ser.

Un breve paseo por la calle principal de su pueblo de adopción bastó para hacerme a la idea de lo popular y querido que es Jorge. Nos parábamos cada dos por tres porque no dejaban de saludarle. Y al poco de sentarnos a tomar un café y poder empezar a hablar con él, entendí el motivo. Es una persona extremadamente generosa, y generosa no con palabras sino con hechos. Es de los que está dispuesto siempre a echar una mano de forma desinteresada a los que le rodean y que se embarca en los proyectos que le propongan. Como diría el bueno de Lalo Alzueta en el argot baloncestístico, ¡Pero a este tío quién le para¡.

En el rato que estuvimos hablando me contó más en detalle su historia de superación. Mejor dicho, su historia de vida. La suya y la de su familia. Me abrumó su naturalidad y su fortaleza mental en la forma de afrontarlo. A todo le pone una gran dosis de buen humor, que también forma parte de sus constantes vitales. Reconforta mucho pasar un rato y conversar con alguien que impregna tanta positividad y buen rollo. Jorge, eres muy grande!

Es un placer que desde entonces me considere entre su grupo de “amigos”.

Espero que os guste la entrevista y os animo a comprar su último libro solidario. Seguro que nos aportará mucho, lo se por que… ¡Yo ya lo tengo!

Bastida

Cuéntanos un poco acerca de ti, ¿Quién es Jorge Bastida?

Tengo 65 años, felizmente casado desde hace 40 años con una maravillosa mujer que me ha dado una hija y un hijo sensacionales, y éstos nos han dado 4 nietas encantadoras. Hasta los 43 años trabajé en el mundo de la banca. Diagnosticado de esclerosis múltiple desde los 35 años, me dedico actualmente a mi afición inédita hasta ese momento, la escritura. Publicados dos libros: “Dios existe … soy yo” y “¿Quién eres?”. Y actualmente: “Levántate y vive” presentado el 7/11/2018. He convertido lo que en un principio era un problema en una oportunidad. Y las oportunidades se deben aprovechar.

En tu vida ¿De qué estás más orgulloso? ¿Te arrepientes de algo?

Estoy muy orgulloso de la familia que hemos formado mi mujer y yo. No me arrepiento de nada, lo hecho, hecho está.

El momento negativo más impactante en tu vida ha sido…. ¿Qué pasó? ¿Cómo te marcó?

Cuando a mi hija le diagnosticaron, hace 6 años, la misma enfermedad. ¡Claro que me marcó! Me sentí culpable sin serlo.

Cómo has superado la adversidad que te ha puesto la vida? ¿Qué papel han jugado los que te rodean? ¿Te sigue afectando a día de hoy? ¿Cómo?

Los que me rodean han tenido un papel fundamental. No me afecta la adversidad derivada de la enfermedad porque vivo convencido de un principio fundamental: La vida no es lo que nos ocurre sino lo que nosotros hacemos con lo que nos ocurre.

Qué crees que les hace falta a muchas personas para encarar la vida con más optimismo? ¿Qué consejo nos darías?

Hace falta tener objetivos y proyectos factibles, vivir cada día con la intensidad que se merece cada instante de nuestra vida y anteponer las emociones a los sentidos.

 Te has sentido alguna vez discriminado? ¿Cómo reaccionaste?

SÍ, me he sentido discriminado varias veces. He reaccionado con el orgullo de sentirme mejor que los discriminadores.

Qué te hubiera gustado hacer y sabes que ya no podrás? ¿Qué te genera ansiedad? ¿Cómo lo afrontas?

A mi edad ya he hecho todo cuanto me habría gustado hacer, quizás no pueda repetir alguna de ellas, pero podré crear nuevas experiencias satisfactorias.

Cómo valoras a la sociedad en la que vivimos? ¿Qué nos falta para que la consideres mejor?

La sociedad actual está en su peor momento desde que yo tengo memoria histórica, materialista, corrupta, ideológicamente excluyente… Para mejorar la sociedad actual hay que empezar por ser mejores nosotros mismos y transmitir valores que no se debieron perder a las generaciones que marcarán la pauta en el futuro.

Si supieras que mañana es tu último día de vida, ¿Qué harías? ¿Cómo lo pasarías?

Nada especial, como un día más, precisamente como si ni supiera que es el último. Quizá me iría a dormir un poco más tarde.

Un libro, una película, un sitio, un plato, alguien a quien admiras

Libro: En defensa de la felicidad. Película: 100 metros. Sitio: mi casa. Plato: calamares rellenos. Admiro a: Luis Bassat

Un momento perfecto y con quien compartirlo

Cualquier momento con “el amigo”.

Sigue el Blog de Jorge Bastida en:  www.sonrisasforever.es

¡Levántate y vive! lectura imprescindible

Hoy 7 de noviembre se presenta el libro de Carmen Bastida Marco / Jorge Bastida Sala  y que así describe a la perfección uno de sus autores:

Hubo una vez, hace ya más de diez años, una editorial de cuyo nombre no quiero acordarme, que vieron en las personas afectadas de enfermedades invalidantes y crónicas un filón de rendimiento literario dirigido al morboso interés reinante por escarbar en las vidas y desgracias ajenas y me pidieron que escribiera este libro. Dos años después, decidí escribirlo por mi cuenta y riesgo. Se trataba de las reflexiones que teníamos mi entonces terapeuta y yo después de dialogar con afectados, familiares de afectados, médicos… Pero se rompió el guión… Mi terapeuta marchó muy lejos y yo me caí muy cerca. Una vez levantado moralmente, redirigí el guión hacia una segunda parte de recopilación de artículos, especialmente de mi hija (también afectada) que conforman un blog que compartimos y que se denomina: Sonrisas forever (www.sonrisasforever.es). Y de la unión de mi experiencia y la inteligencia emocional de mi hija, nació: Levántate y vive.

 

0a3aa2f6-103a-4ca1-808a-5b77b9d62af6.JPG

Carta de despedida

despedida.jpg

Esta semana, navegando entre las carpetas de mi escritorio, he encontrado este escrito. De esos que guardas y que ni te acordabas que tenías. Me ha hecho ilusión encontrarlo. Al leerlo de nuevo, me ha vuelto a hacer reflexionar una vez más. Quizás con los años haya cobrado más sentido, si cabe, por eso quiero compartirlo con vosotros.

Se trata de este poema, que en su día se hizo viral con el título “Carta de despedida de Gabriel García Márquez”. Pero el verdadero autor del mismo es el ventrílocuo mexicano Johnny Welch, quien lo recitaba como el poema de La Marioneta en sus espectáculos a través de uno de sus muñecos (el Mofles). Lo podéis encontrar como parte de su libro Lo que me ha enseñado la vida.

La verdad que, independientemente de su origen, la carta resulta ser una recopilación de afirmaciones de una persona al borde de la muerte que nos ayuda a valorar el tesoro que poseemos los que no nos encontramos en esa situación, sean cuales sean nuestras características o nuestras capacidades. Más allá de las creencias religiosas de cada uno, el contenido de este texto es de los hay que guardar para volver a leer en repetidas ocasiones, pero sobretodo para ser capaces de aplicarlo en nuestro día a día.

Sergio Elucam

carta

La familia que se escoge por Linda Duran

portada leones.jpg

¡Uf! Qué difícil es ponerse delante de un folio en blanco, y rascar en mis recuerdos de la enfermedad de Sergio.

Me presento, soy Linda. Hace diez años era la pareja de Sergio y hoy presumo de poder contar con Sergio como aquella familia que se escoge.

FOTO 1

Sergio hace tiempo me preguntó “¿por qué no escribes en mi blog? Así tal vez puedas ayudar a personas que estén pasando por una situación difícil”. La verdad no sé si mi relato puede ayudar, porque no soy un gran ejemplo… mirando atrás, creo que pude hacerlo mucho mejor. Tampoco pienso que en estas situaciones haya una manera más fácil de sobrellevarlo: se vive como cada uno puede; ninguna manera es más correcta que otra, incluso si sales corriendo ‘está bien’.

En mi caso, recuerdo una primera fase de negación absoluta. No podía creer lo que le estaba pasando a Sergio: solo tenía veinti-todos, deportista, asiduo al Gym, se cuidaba mucho (es un presumido), con padres médicos, el viernes anterior habíamos estado en la graduación de su MBA (presencial 100 % y entregando todos los trabajos) … no era el perfil de persona que yo pensaba que se ponía enfermo, y menos de una enfermedad que aún a día de hoy no sé ni pronunciar. Me sentí como en una película, pero no en aquella que yo había imaginado. No quería hacer muchas preguntas: mejor no saber y seguir sonriendo, animándole con cada avance, centrarme en distraerle sin pensar demasiado.

Supuso algunos cambios en mi vida: dejé mi trabajo (con más de 40 días de vacaciones al año), cambié de ciudad para poder estar en Barcelona junto a él, y comencé un master.  Parece mentira pero la presión de estudiar conseguía abstraerme y me servía para coger fuerzas. Resultaba cómodo que en el Master nadie sabía lo que me estaba pasando. Mejor, así no hacían preguntas.

Una de las anécdotas más tristes fue su primera crisis. Se me ponen los pelos de punta cada vez que pienso en aquel día.  La contaré por encima, porque como dijo Raúl en su post “hay momentos que prefiero que sigan siendo solo míos”.  Por suerte no estaba sola: fue en pleno Paseo de Gracia, dentro de un coche, Mara, Curro, Sergio y yo, camino de Tarragona. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo se reacciona ante una crisis? ¿Cómo puedo ayudarte Sergio? ¿He hecho algo que la ha provocado? ¿Es culpa mía? Abracé a Sergio como pude, bien fuerte, pensando que así pasarían… Mara bajó del coche y pidió al taxi de delante que por favor nos guiara al Hospital Clínic: ni siquiera podíamos pensar como conducir aquellas cinco calles. Yo intentaba llamar a los padres de Sergio para avisarles, y me dijeran, como padres y como médicos, que podía hacer, pero no era capaz ni de desbloquear el móvil (ojalá hace 10 años hubiera habido I-phones con reconocimiento facial). Yo, como el móvil, me bloquee  aunque finalmente llegamos al clínico y pudieron atenderle.

Sergio (una vez más) me lo puso fácil. Su actitud positiva (quizá forzada) hizo todo mucho más sencillo. Nos daba una lección cada día. Muchas veces era él quien me daba el empujón que necesitaba para continuar. GRACIAS. Siempre he creído que un porcentaje de su cura fue gracias a que intentábamos no venirnos abajo nunca y reírnos a pesar de estar rotos por dentro. Su padre siempre tenía preparado un buen vino en la bodega (así me acostumbré al buen vino), su madre una cerveza bien fresquita (el agua no cura), Sergio buscaba un buen restaurante (aunque tuviéramos que cortarle el filete), o una escapada aunque fuera a la pata coja…  Sus padres nunca se cansaban de tirar de la cuerda. Son increíbles.

FOTO 2.JPG

Como en la foto, fuimos las patas de una mesa. Sin cada una de ellas no hubiera sido posible sostenerse para ganar esta batalla. Fuimos un gran equipo, pero sobre todo Sergio que  luchaba contra la enfermedad y también por intentar ponérnoslo más fácil a todos.

Además de dar las gracias a Sergio, a su familia, tengo mucho que agradecer a nuestros amigos. No se lo puse fácil. Me cerré en banda a hablar de lo que estaba pasando. No cogía el teléfono a nadie.  Pero ellos ahí estaban, sin hacer preguntas: mis compañeras de piso me esperaban cuando llegaba a casa con un vino y un surtido de quesos. La madre de Mara con su tarta de queso y sus oraciones. Los ‘Xavi’s con paseos culturales por Barcelona. ‘Litos’ contándome sus ‘burcheos’. Zissa con su sopa de tomate y un abrazo. Claudia dejándome llorar, Carlos preparándome un buen desayuno. Mi familia respetando mi espacio y todos los amigos de Reus celebrando la Eurocopa acordándose de Sergio.

FOTO 3.JPGMe quedo con esta foto.  Me quedo con los buenos recuerdos, con las risas, los viajes, las barbacoas. Claro que hay malas experiencias, tropiezos,  pero sirven  para valorar las pequeñas cosas. Yo creo que sí fuimos  leones.

Linda Durán

Fotografía portada: Captura de pantalla 2018-10-01 a las 19.11.33.png