Aprender a cerrar etapas para avanzar

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Después de casi dos semanas de aclimatación a la nueva rutina, se puede decir que inicio mi nueva vida a velocidad de crucero. Los días iniciales de mudanza invadidos por cajas y con la casa patas arriba por fin son historia. Menos mal que ésto se hace de forma ocasional porque ha acabado siendo agotador. Dejarme unas primeras palabras para agradecer a los que tengo cerca por su ayuda. Mi madre en Madrid para empaquetar todo de forma brillante y aquí en Valencia, Marta y su familia se han pegado literalmente panzadas a desembalar, colocar, montar y limpiar. Yo he echado, nunca mejor dicho, “una mano” en todo lo que he podido.

Ahora sí puedo decir, que estoy instalado del todo en mi nueva ciudad.

Han sido unas semanas muy intensas, no sólo por el lío de la mudanza y el cambio de escenario en mi vida, sino que anímicamente, he tenido que gestionar de la mejor manera el cierre de un ciclo de 7 años en Madrid. Pasados los días, puedo describir mejor los sentimientos encontrados. Se ciñe bastante a eso que llaman una dulce pena. Tristeza por lo que dejas con una mezcla de ilusión y expectación por lo que llega. Por muy bueno y deseado que sea el cambio, he vivido aferrado a mi vida en Madrid y a la gente que me ha acompañado. He tenido muchos días para ir haciéndome a la idea de que me tenía que ir desenganchando de todo y por mucho que lo he intentado controlar, ha habido momentos tristes. Posiblemente hayan sido necesarios y hayan cumplido su papel. Favoreciendo a la reflexión y la introspección. Dentro de estos sentimientos de tristeza se juntaban los de nostalgia por acordarte de buenos momentos, pero también los desagradables al recordar fases de hundimiento y soledad. Seguramente en ese punto es donde me he dado cuenta de lo superado y de lo fortalecido que he salido para seguir adelante y responder a todo lo que esté por venir. Se podría decir que la tristeza hizo su trabajo.

La verdad es que disfruté mucho de mis últimos días en Madrid. Llegué a ese punto de apreciar esa misma realidad que conforma tu rutina de forma distinta. Me dediqué a contemplar todo lo que me rodeaba sin estar inmerso en la monotonía para darme cuenta conscientemente de lo que dejaba atrás.

En muchos momentos ha sido difícil manejar todas las emociones y no derrumbarse, sobre todo en las despedidas. Esta vez se trataba de cerrar una gran etapa de mi vida en muchos sentidos. Una etapa clave que me ha ayudado a impulsarme. Una etapa que me ha marcado y siempre me va a acompañar y va a incidir en lo que soy de cara al futuro. Pero por muy bueno que haya sido y por mucho que me haya reportado, es un ciclo que tenía que cerrar de alguna manera. Considero que solo así podía comenzar de una forma óptima esta nueva etapa.

Quise cerrar este ciclo volviendo al punto donde empezó todo. No es la primera vez que lo hago así. Es mi manera de despedirme y hacer balance construyendo en mi cabeza un momento de memoria rápido sobre lo vivido. Entregué las llaves del piso y de camino al metro para ir a Atocha, me acerqué al lugar donde llegué de Barcelona en enero de 2012. A la calle Padre Jesús Ordóñez con López de Hoyos. Allí pasé mis primeros meses en la capital. Durante ese corto trayecto a pie, me dio para repasar, de forma rápida, el comienzo y los momentos más relevantes que conformaron mis años en Madrid. En un instante se te pasan por la cabeza cantidad de vivencias positivas y también complicadas. ¿Qué he aprendido y qué me falta aprender?. Todo lo que me ha aportado en mi crecimiento y en la superación de mis limitaciones. Esa fue la mejor manera de decir adiós.

Pero el motivo no solo era ese, también quise aprovechar para despedirme de alguien especial. En la portería de al lado de mi antiguo piso, como si nada hubiera cambiado, sigue trabajando aquella simpática mujer que conocí casi al llegar y con la que he seguido manteniendo relación todos estos años. Siempre nos hemos tenido mucho cariño que se ha conservado a pesar de no vernos muy a menudo. Ella era la última persona de la que me iba a despedir. En esa conversación llena de recuerdos empecé a notar la dificultad para gestionar los sentimientos que te vienen de golpe. La puntilla vino cuando me dijo lo que había mejorado durante estos años y que me deseaba lo mejor en mi nueva vida. En ese instante no lo pude evitar y me desmoroné. Me puse a llorar como un niño. Seguramente me hacía falta por todo lo que había estado aguantándome durante días. Entiendo que era lo que le faltaba a todo ese proceso de aceptación, de dejar ir. No quise alargarlo más y entre lágrimas, cogí mi maleta y emprendí el mismo trayecto repetido durante los últimos años.

Quiero seguir ligado de alguna forma a Madrid y por supuesto seguir en contacto con mucha gente, pero mi primera tarea es dejar ir de forma consciente durante un tiempo para encarar de pleno todos los sentimientos y la incertidumbre que me provoca mi nueva realidad. Quiero que este comienzo sea mi foco de atención y no quiero perderme ni un instante.

Tengo que reconocer que cerrar este ciclo me hacía falta y ha sido vital para mi salud mental. Y no solo porque seguir con el ritmo de vida que llevaba de viajes, “soledad” y monotonía, mucho tiempo más, seguro que hubiera sido perjudicial. Se había convertido en algo imprescindible porqué mi presente ya no avanzaba. De alguna forma me había estancado y era necesario este cambio para dar pasos adelante tanto en lo personal como en lo profesional. Este cierre de ciclo lo enfoco como una gran oportunidad para poner en práctica lo aprendido hasta el momento, para evolucionar en los logros y seguir puliendo lo que aún está en bruto.

Me siento en calma y con muchas ganas de disfrutar de cada momento que me brinde el camino, gracias a todos los que seguís cada publicación del blog, dar pasos sintiendo que estáis ahí es el mejor apoyo para hacer un largo recorrido.

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos necesitamos energía positiva para seguir adelante, esta son mis claves para conseguirla.

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A lo largo de estos años posteriores al tsunami, de asumir la discapacidad y en todas y cada una de las diferentes etapas de avance, ha sido fundamental el poseer la energía que me ha facilitado impulsar todos los cambios que he ido dando. Ha habido muchos momentos en los que he querido cambiar mi vida, mejorarla, sacarle un mayor partido y alcanzar mi máximo potencial pero no he podido. No he tenido fuerzas ni para empezar o lo he intentado una y otra vez, pero he acabado abandonando. Me sentía motivado y no entendía por qué no encontraba la energía suficiente para llevarlo a cabo. Hasta que entendí que esa energía debe partir de mi fuerza de voluntad. Prácticamente todo lo que he avanzado se ha fraguado a base de esa fuerza de voluntad. Es la que realmente me ayuda a superarme y no tirar la toalla. El encontrar esta energía en cada momento ha sido un aspecto clave para mí. Ya sea en momentos duros en los que me he tenido que levantar y volver a empezar o cuando me he enfrentado a un reto.

Para situarme con niveles altos de energía he tenido que provocar cambios en mí. He tenido que reconstruirme y lo he hecho a base de habituarme a ser distinto en algunos aspectos. El mismo Sergio de siempre que se ha desarrollado para cimentar una nueva base sobre la que volver a generarse ilusiones. Una base que se ha formado a partir de una serie de hábitos que ya forman parte de mí y que funcionan como resortes para recuperar la energía.

Y es aquí cuando hago un ejercicio de preguntarme, ¿qué factores han cambiado en mi para atraer más energía?

El principal ha sido la plena aceptación. Esto ha supuesto el dejar de anclarme en el pasado. Evidentemente los recuerdos de todo tipo están ahí presentes y mi memoria fotográfica los visualiza como si fuese ayer. No sería justo si solo me marcaran los años de tsunami, cuando mi infancia, adolescencia y posteriores fueron tan felices. Incluso hasta de los años de tsunami, rescato muchas cosas positivas. Son en parte los que también me han hecho evolucionar y crecer. Pero desde hace unos años siento que me centro cada vez más en el presente y en vivir cada momento disfrutando con lo que hay. Ya no desgasto mi energía combatiendo contra lo que soy y en el momento en el que me encuentro. Esto hace que lo afronte todo sin lastres y con más fuerza.

Otro factor muy importante es el de ser más honesto conmigo mismo. Esa cualidad que tanto había practicado en mis relaciones con los demás, pero no había ejercitado conmigo. Además, mi vida se vio truncada un día y me vi inmerso en un pozo. Esa mala experiencia me generó más baja autoestima, malestar y miedos que camuflé con una sonrisa como si lo llevara como si nada. Uno lo afronta como le sale en ese momento. No estaba siendo honesto conmigo mismo y lo he pagado durante años a posteriori. Ahora eso ha cambiado. Actúo según lo que creo y me escucho más a mí a la hora de mover ficha en mi vida. Reconozco las cosas como son y los diálogos conmigo mismo son más sinceros. Esto me da equilibrio y eso inevitablemente desde fuera se debe de notar.

Dedico más tiempo a conocerme. Son ratos de reflexión acerca de mí. No implica necesariamente hacer ejercicios de meditación. Sólo se trata de entender que todo lo que hago trae consecuencias en mi vida. Sobre todo, en cómo reacciono a lo que va sucediendo en el exterior. De siempre, el hablar de mi mismo me causaba demasiado rubor. Nunca me ha gustado escarbar en mi interior. No he querido conocerme a fondo durante muchos años. Pero cada vez identifico más mis emociones y permito que fluyan. Así puedo identificarlas y gestionarlas mejor. Esto me aporta muchos detalles acerca de mí. Nunca todo es como querría y reconozco sigo teniendo ciertas “malas energías” dentro como tristezas o rabias. Lo importante es aprender a expulsarlas y crear espacio para la energía positiva. Me está ayudando a ser más consciente de mi presente, a verlo todo más claro y lograr tranquilidad para encontrar solución a los problemas que antes parecían no tenerlos o afrontar de forma más calmada todos los retos que se presentan.

Y a medida que eso se ha ido produciendo, mi relación con los demás está siendo más plena desde una posición de confianza y seguridad. Ahora este factor que odiaba se está convirtiendo en el punto de partida para conseguir mis metas. Esto me hace ser más responsable de lo que me pasa y no centrar las culpas en los demás. No busco tantas justificaciones fuera. Yo decido más lo que me pasa y me doy cuenta que tengo que ponerme las pilas.

Hay gente que me dice que transmito energía positiva y supongo que eso les hace sentirse a gusto a mi lado. Algunas de las cosas que he aprendido, ya lo he mencionado en más de un post y no me importa repetirme, es cómo lo afronto todo, lo decido yo. En cierto modo, me he intentado convertir en un imán de energía positiva simplemente con predisposición. Trato de generar positividad allí donde voy y en todo lo que hago. Suena muy fácil en palabras, pero esto ha requerido crear un hábito, un entrenamiento. Se trata de acostumbrar a mi cuerpo a proyectar mi energía al exterior. A mí me ha empezado a ir todo mejor desde que trato de transmitir positivismo a los demás.

No demonizo tanto mis errores y tiendo a arriesgarme más. He asumido que la vida va de que las cosas salgan muchas veces mal, de muchos intentos fallidos hasta que se consigue algo. He cambiado mi enfoque y ahora lo veo todo con más perspectiva, reconociendo lo bueno incluso en situaciones adversas. Por eso estoy yendo con más fuerza a por lo que me apasiona, mis metas, mis sueños. No los voy a perder nunca de vista. Eso me da la energía para seguir y es la que debo transmitir.

Valoro mucho más a los demás y tengo menos prejuicios. Soy más agradecido con todo lo que me rodea, hasta con las cosas más pequeñas e insignificantes.

Otro aspecto ineludible es el de la condición física. Para mí que he practicado deporte durante muchos años, el no poder realizarlo al mismo nivel me ha afectado. Aquí reconozco que puedo y debería hacer más porque haría aumentar mis niveles de energía. A día de hoy, las sesiones con el fisio y mis puntuales visitas al gimnasio simplemente hacen que me mantenga con los mínimos necesarios. El mantenerme bien físicamente y tener constancia en mi rehabilitación me ha ayudado mucho a afrontar todo de una manera más enérgica.

Uno de mis hábitos favoritos es reírme. Ni en los momentos más duros o que pueden llevar a enfado, he tratado siempre que no se me borre mi sonrisa. Reír es mi activo vital para ser una persona más positiva que ha hecho que mis relaciones interpersonales sean más llevaderas. He aprendido a reírme de casi todo, de mí mismo principalmente. Cuesta tan poco sonreír y eso crea el ambiente propicio para encararlo todo de otra manera. Una sonrisa hace que se quiten las corazas y se genere la situación más distendida en la que, sin quererlo, somos menos reacios a hacer cosas. La energía empieza a fluir. Me estoy habituando a estar de buen rollo y no lo voy a cambiar porqué esa actitud positiva repercute en mi estado de ánimo. Y es que me es muy difícil estar de mala leche sonriendo.

Mis niveles de energía están condicionando cada vez más todas las áreas de mi vida. Son los que me ha posibilitado avanzar de forma continuada y dejar de estar apático y desganado. Es por eso que, para mantener mi estado energético alto, además de rodearme de personas positivas, no dejo de trabajar a nivel interno.

Por favor, dime ven

espinosa

Me recomendaron el libro SI TU ME DICES VEN LO DEJO TODO…PERO DIME VEN para el blog. Estaba seguro de que no me decepcionaría y nos podría aportar muchas cosas interesantes. Y lo cierto es que ha superado todas mis expectativas. Gracias Alberto Santos, te aprecio un montón.

Este libro con título de bolero es una de las primeras novelas de Albert Espinosa dentro de su dilatada carrera cómo autor teatral, guionista, escritor y director de cine y televisión. Se dio a conocer al gran público por la serie Pulseras Rojas. Siempre me gusta indagar un poco acerca del autor una vez que me he leído su libro. Y en el caso de Albert, me ha servido para entender mucho mejor su identificación con el personaje. Albert sobrevivió a tres cánceres, perdió una pierna y en esta novela vuelca todo lo que ha ido recogiendo en su mochila vital. De hecho, muchas de las vivencias proceden de los hospitales en los que pasó largas temporadas. Recopilando ideas para el título del libro, empezó barajando una frase que le dijo una persona de ochenta años que conoció en el hospital, Amar siempre se conjuga en Pasado. Según él, se quiere a alguien en presente y se ama cuando la has perdido. Pero finalmente se inclinó por un regalo de una señora de noventa años con la que se cruzó en la panadería. La vida de esta mujer hubiera cambiado mucho según ella, si la gente le hubiera dicho ven, si le hubieran dicho lo que sentían.

Es un libro que se lee de un tirón. Simplemente los títulos de sus capítulos ya te hacen reflexionar. El contenido es breve, pero al mismo tiempo, muy intenso.

Dani, el protagonista, con una infancia complicada por haber nacido diferente y por la pérdida de sus padres, acabó encontrando refugio en su profesión, buscar niños desaparecidos. Recién abandonado por su pareja y sin rumbo, recibe la llamada de teléfono de un padre que, desesperado, le pide ayuda. Precisamente ese último caso le lleva a Capri, la ciudad donde él se perdió y se encontró. Un lugar especial en el que aflorarán recuerdos de su niñez y de los dos personajes que marcaron su vida: el señor Martin y George. Estas dos perlas han existido en la vida de Albert y se recrea poniéndolas en el camino de Dani. Personajes entrañables que le enseñan infinidad de cosas a Dani y le dan consejos de vida para ser feliz. El reencuentro con el pasado llevará a Dani a reflexionar sobre su vida, sobre la historia de amor con su pareja y sobre las cosas que realmente importan. Le hace darse cuenta de la necesidad de dar pasos hacia adelante con valentía.

La verdad es que, en muchos momentos, yo también me he visto identificado con el protagonista. Creo que todo el mundo se podría ver reflejado en Dani en alguna ocasión. Quién no se ha encontrado perdido alguna vez y con la necesidad de parar el mundo durante un tiempo. Parar el mundo, significa decidir conscientemente que vas a salir a él para mejorarte y mejorarlo. Luego el mundo te premia porqué el universo conspira a favor de los que lo mueven. Pero cómo George le enseña a Dani, no se puede parar el mundo sólo, hace falta la energía de una persona más. Siempre que te pierdes, encuentras a alguien. O no es verdad que alguna vez hemos parado el mundo y lo hemos compartido con alguien. Son personas que se cruzan en tu vida y le dan sentido.

Me veo reflejado en el personaje por su curiosidad y manera de indagar acerca de las personas que no conoce. Vamos que estoy hecho un cotilla en toda regla. Soy de los que disfruta sentándose en un banco de una terminal de aeropuerto viendo la gente pasar y fabulando acerca de sus vidas.

Tiene una exagerada fijación en lo que simbolizan determinados los objetos. Hasta el punto de considerarlos con vida. Algo qué te da vida, está vivo. Lo que para Dani representa un faro, un maniquí o unos anillos, para nosotros pueden ser muchos otros objetos. Mis objetos también me suelen tele transportar al pasado. Y esto es exagerado cuando paso unos días en la casa familiar del pueblo. Tantos objetos cargados de recuerdos y que te hacen recordar tanto de lo vivido entre esas paredes. Una de las frases que más me ha gustado es en la que afirma que “lo mejor de recordar es que puedes regresar cuando lo deseas, nadie te puede robar o impedir eso”.

Algo que considero una gran verdad, “Si dominas tu cuerpo, quizá dejarás de huir”. En mi caso lo interpreto no sólo cómo dominar o conocer mi cuerpo, sino cómo aceptarlo. Perder de una vez ese miedo a verme y que me pueda hacer daño. Creo que estoy en el camino. Cuando lo consiga por completo, si consideraré que dejaré de huir. El fin de semana pasado me volví a sentir pequeño, cómo si mucho de lo que he avanzado no fuera cierto. Espero sea sólo una sensación y que este blog siga teniendo sentido.

Lo que ha aprendido Dani a lo largo de su vida es que “Olvidarse de reír, es un olvido imperdonable a cualquier edad. Un pecado mortal en la infancia”. Si hay algo que de verdad me ha ayudado a afrontar los momentos complicados todos estos años, ha sido sonreír. Buscar cualquier resquicio divertido para evadirme de la cruda realidad. El afrontarlos con buena actitud si es una opción personal, pero todo es más fácil si te rodeas de gente al cuadrado. En este punto tengo que volver a agradecer a la gente que ha estado conmigo durante estos años y a los que siguen estando por darme la oportunidad de seguir riéndonos.

Podría estar comentando y comentado y daría para varios post. Seguro que rescato a menudo instantes de este libro. No quiero hacer spoiler, de verdad os animo a leerlo. ¡Y me decís que tal!

Albert Espinosa consigue hacernos reflexionar sobre qué es verdaderamente la felicidad y el valor de las personas que pasan por nuestra vida, que a veces nos resulta tan corriente, que no somos conscientes del tremendo valor que tienen. Recalca la importancia de ser diferente en este mundo y cómo hay que enfrentarse a los demonios internos.

¿Sabes lo que transmites con tu mirada?

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Es increíble el poder que posee una simple mirada. En un instante te puede provocar una sensación de aceptación o rechazo. La gente ante algo que le resulta poco común o que no entiende reacciona de manera distinta.

Quizás ésto que estoy diciendo pueda dar a entender que vivimos en una sociedad poco avanzada y poco acostumbrada a convivir con la discapacidad o simpletente con lo que es diferente, yo sigo sintiendo miradas analíticas a mi diferencia física. Y me planteo, cómo lo llevaría si fuera aún más evidente. En mi caso, muchas veces llega a pasar desapercibido a primera vista, es al fijarse con más detalle cuando notan algo distinto de lo habitual. Te miran raro porqué tu cuerpo no se mueve bien o no pueden apartar la mirada de tu mano que como de costumbre no se abre.

Te genera una sensación incómoda con la que tienes que aprender a convivir y a la que necesitas adaptarte. Es como si con tan sólo una mirada se te encasillara y marcan una diferencia. En muchos casos es muy sutil pero se siente. He intentado tratar de interpretar esas miradas y es complicadísimo.

La gente que te conoce de cerca quiero entender que lo asume desde el primer momento y al convivir contigo, se acostumbra. Este grupo te mira como lo hacía antes y te hacen sentir como si fueras el mismo de siempre. Hay otro grupo que son los que tratan contigo de forma menos cercana, aunque pueda ser a diario, los hay que siempre te miran a la cara y no se fijan en nada más. Lo bueno es que al mismo tiempo son plenamente conscientes de que en algún momento te pueden echar un cable porqué saben que tienes alguna dificultad con determinadas cosas. Hay otros, que, aunque te vean muy a menudo, noto que se siguen sintiendo impactados por algo y no pueden evitar mirarte la mano fijamente. A uno le gustaría que fueran menos pero tampoco se puede evitar. Seguro que no lo hacen con mala intención, pero la sensación que te dejan es que algo en ti no es normal. Y, por último, está la gente que no te conoce de nada y te ven por primera vez. Las miradas y actitudes también son de todo tipo. Puede ocurrir que de entrada no se den cuenta, pero a medida que perciben que no muevo bien el brazo ni la mano, es cuando se desencadenan las miradas. Si me paro a pensar qué les estará pasando por la cabeza a cada una de las personas con las que interactúo, me volvería loco.

¿La gente puede aprender a mirar y no juzgar? Eso es prácticamente imposible porqué como seres humanos necesitamos encasillar lo desconocido, luego ya lo vamos asimilando y la mayor parte de las veces tomándolo como algo normal. ¿Cómo se debería mirar a alguien que notas que tiene algo diferente? La verdad es que creo que no existen pautas, cada uno reacciona como le sale, muchas veces la diferencia la marca la educación.

Me gustaría destacar la diferencia entre las miradas de los niños y las de los adultos. Es conmovedor ver cómo los más pequeños te miran sin ninguna carga social y sin referencias de lo que se sale o no de la normalidad. Les da verdaderamente igual y te hacen sentir cómodo.

Conclusión, ¿de verdad tenemos que estar a expensas de cómo se nos mira? Si lo analizamos,es más problema del que recibe las miradas. ¿No será entonces que la clave está en sentirse bien con uno mismo?

Yo he estado mucho peor fisicamente, con muchas mas dificultades de movilidad y he pasado por fases de mi vida en las que solo quería esconderme. Hoy, con todo lo que he avanzado tanto física como psíquicamente, aunque pueda parecer absurdo, de vez en cuando sigo sintiendo la necesidad de que no se me note, de pasar desapercibido. ¿Alguna vez llegamos a aceptarnos del todo? Cuando somos jovenes porque todos queremos ser aceptados por el grupo e intentamos ser iguales a los demás, cuando crecemos un poco mas porque queremos tener nuestra propia personalidad y no parecernos a nadie y cuando envejecemos porque no nos adaptamos a los cambios por los que todos tendremos que pasar.

Trabajar la aceptación es una asignatura pendiente en la que hay que esforzarse toda la vida.

Sergio Elucam

¿Sabes identificar las emociones en tu día a día? aprendemos como hacerlo de manera sencilla.

emociones¿Alguna vez os habéis hecho un lío con vuestras emociones? Pues eso mismo le ha sucedido al Monstruo de colores, que deberá aprender a poner en orden la alegría, la tristeza, la rabia, el miedo y la calma. Con este magnífico cuento de Anna Llenas, pequeños y no tan pequeños podemos poner orden nuestras emociones. Este cuento quiere centrarse en el trabajo con los niños ya que las emociones representan el punto de partida de las distintas etapas de desarrollo de una persona a lo largo de toda su vida. Si desde pequeños toman contacto con sus emociones, como adultos tendrán más herramientas para gestionarlas en su día a día.maxresdefaultEn muchas ocasiones los adultos no sabemos gestionar nuestras emociones. De nuevo me he visto por momentos muy identificado con el protagonista del cuento. No he sido nunca una persona de mostrar demasiado mis emociones. Cuantas emociones que me incomodaban habré negado durante todos estos años en vez de identificarlas, afrontarlas y mostrarlas, seguramente hubiera sido mucho más útil.

Durante el proceso que pasé debería haber llorado y gritado más, las veces que me he desmoronado o sacado mi rabia delante de alguien, por lo que me estaba pasando, se contaron con los dedos de una mano. De eso me arrepiento. Es algo que se me quedó dentro y que luego me costó mucho más canalizar.

Posiblemente el miedo haya sido de las emociones más difíciles que he tenido que gestionar. Los meses en que ese “monstruo” crecía en mi cabeza, tenía la sensación de no saber a qué me enfrentaba. Era una incertidumbre que me desesperaba y no sabía cómo reaccionar. Nunca lo reconocí cómo miedo. Más adelante me hizo ser prudente en mi recuperación, pero me bloqueó en momentos en los que tenía que haberme  lanzado al vacío. Seguramente si hubiera compartido esa emoción antes con los que me rodeaban, lo hubiera afrontado de otra manera y no me hubiera causado tanta ansiedad.

En todo momento he intentado que mis estados de tristeza no sean destructivos. En ocasiones sin mucho éxito. Mi auto exigencia me ha jugado muchas malas pasadas. Mis diálogos internos eran por lo general bastante dañinos y eso afectó de lleno a mi autoestima. Pero mi color preferido es el azul y para mí no es triste. Siempre ha habido algo en mí que ha sido capaz de darle la vuelta a los pensamientos tristes y considerarlos cómo pasajeros.

Siempre se me ha caracterizado cómo alguien que aporta calma. No se lo digáis a nadie, pero en el fondo soy bastante nervioso. Quiero pensar que es porqué en los momentos más críticos he sabido relativizar siempre las cosas, intento transmitir energía positiva y mostrarme cercano.

Para mí la alegría ha sido siempre una cuestión de actitud. Mi preocupación ha sido que los que me rodean estén bien, he intentado generar un ambiente sano a mi alrededor, muchas veces simplemente con poner buena cara. Estos años lo que si he aprendido es a compartir mis alegrías con los demás.emociones1¿Es eso una buena gestión de las emociones?

Aprender a gestionar nuestras emociones de forma adecuada es esencial para nuestro bienestar personal, el equilibrio de nuestras relaciones con los demás y para afrontar todos los retos que se nos pongan por delante. Y el primer paso es saber identificarlas.niñaEn este enlace podéis descargar algunas actividades para trabajar de manera didáctica las emociones : http://www.annallenas.com/ilustracion-editorial/el-monstruo-de-colores-recursos-gratis.html#.WrAV25PwaV4

Sergio Elucam

 

Carta para un hijo al cuadrado

padre

No es fácil para mi situarme en aquella Semana Santa de Marzo del 2008. Ni como médico, ni como padre.

Para el médico todo empezó con un traspiés, un mal paso. “¿Qué te pasa?” “No sé, me ha fallado el pie”. Para el padre el sinsentido comenzó al día siguiente. La Resonancia Magnética vomitaba con una lentitud cruel, imagen tras imagen; iba dibujando algo que no debía de estar en el hemisferio izquierdo del cerebro de mi hijo.

A partir de aquí, el médico hizo de interlecutor con otros grandes profesionales de mi hospital y el padre te lo tuvo que explicar una y mil veces, aunque tampoco supiera exactamente qué estaba pasando. Luego, afortunadamente, todo paró y empezó la lenta mejoría.

Hoy, de aquello hace ya mucho tiempo y no me atrevo a decir que hubiera algo bueno en aquellos momentos pero sí que me permitió estar a tu lado cuando ibas reaprendiendo a hablar, a caminar, a ser el nuevo Sergio.

Estoy enormemente orgulloso de tí, eres un campeón. No me imagino a mí mismo capaz de conseguir lo que tú has alcanzado. Poder acompañarte en ese aprendizaje ha sido un camino agridulce.

Recuerdo las horas que, juntos, practicamos en las escaleras mecánicas de la estación del metro cercana a casa, cómo subir y bajar arrastrando una maleta con tu dificultad de movimiento, con tu inseguridad y sobre todo la mía.

Durante estos diez años he visto cómo te crecías ante tanta dificultad. Me has dado la oportunidad de verte avanzar, de conocerte mejor, de ser tolerante ante la diferencia entre tu y yo, de aprender a respetar tu ritmo, la oportunidad de acercarme a tí.

Para mí, eres un ejemplo de superación, de supervivencia. En muchas ocasiones me has transmitido la seguridad que yo no tenía. Te he visto hacer cosas increibles y verte sonreir es para mi la mayor satisfacción que puedo compartir contigo.

You’ll never walk alone

F. Maculé